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sábado, 31 de enero de 2026

El capibara y el desnivel

 


 
El *capibara llegó a Hermosillo y arrasó: 17,000 personas fueron  un fin de semana al Centro Ecológico a ver su carita de actriz coreana, sus patitas regordetas, sus bigotitos juguetones, sus ojitos redondos como la luna, su cuerpo de ornitorrinco región 4, sus bolitas de mierda con forma de aceituna negra, su suave estar en la jaula y su vida de rock star en el imaginario colectivo.
Fascinados, los visitantes estaban atentos a cómo se movía, cómo se quedaba parado, cómo masticaba la hierba y se la tragaba educadamente, cómo se comía su propia mierdita, cómo se metía al agua, cómo salía del agua, cómo se volvía a meter al agua el roedor caviomorfo (que significa precisamente “con forma de capibara”… o sea, ¿ni modo que de vaquita marina?) y cómo los mandaba a la chingada con una petulancia propia de Paulina Rubio. Y la gente le aplaudía con una ternura que bien se podría confundir con pendejez. Se podría… se podría…
¡Demonios!: el capibara tiene más éxito que el Alejandro Fernández cuando hace el idículo en el palenque de la *ExpoGan*, donde los semovientes están en las gradas y el buey Apis en el escenario, listo para ser momificado y enterrado con gran pompa en el Serapeo de Saqqara. Eso sí: todos hasta las chanclas, porque al Fernández y su público los une una larga tradición escrita y reescrita con alcohol. Ni modo: así somos.
 
Y como Hermosillo es Hermosillo, y los hermosillenses a veces parecemos zombis, días después de la llegada del capibara se inauguró una monumental, carísima y no prioritaria obra faraónica: el paso a desnivel de Colosio y Solidaridad, a donde  asistieron 500 entusiastas lambiscones a ver pasar carros rojos, carros verdes, carros blancos, carros azules y carros amarillos, además de la cybertruck del Carín León y el carrito de golf del Paquito Chapoy, pero autos guindas no, porque aquél no fue un acto político, sino de entusiasmo ciudadano, según dijeron los influencers de pacotilla que confunden lo grandioso con lo grandote.
 
Llegado a este punto, no sé por qué de repente recordé a la veracruzana Lady Fritanga y la cruzada de odio que le armaron por acá cuando dijo que se sorprendió de que en Ciudad Obregón hubiera uber. Imagino lo que la fritanguera creadora de contenido —ya empoderada con la razón que le hemos otorgado— hubiera mencionado sobre las multitudes convocadas por el capibara y el paso a desnivel: “Uta, si nomás faltó que le prendieran veladoras a un roedor (imagino que lo hubiera dicho por el capibara, no por algún funcionario municipal) y a un triste paso deprimido. En serio, en Sonora han inventado un nuevo concepto de experiencia religiosa”. Y a recargar el hate sonorense. ¿Pues qué les digo...
 
Como sea, el Capi capibara arrasó como jabón a la mugre innecesaria de un paso a desnivel que dos semáforos surgidos del más infernal de los baches han atascado en una realidad que no contemplaron sus constructores: de aquí no pasas, ingenuote.
Y es tal la capibaramanía, que algunos aficionados al beisbol ya lo están proponiendo para que sea la nueva mascota de los Naranjeros de Hermosillo, en reemplazo del avejentado, repetido y repetitivo Beto Coyote. Y esto me lleva de inmediato, como jugada de doble play, a lo que me contaron un día:
Resulta que una fría tarde sabatina de 1996, un profesor del Departamento de Letras y Lingüística de la Unison gritó como Arquímides de Sicarusa: “Eukera (es que ya estaba borracho, me aclararon): no sé a ustedes, pero a mí me parece que el Beto Coyote tiene nalgas de mujer”.
”, gritaron los cinco colegas letrinos que le acompañaban en la mesa 8 del Instituto de Cultura Zoonorense Pluma Blanca —de los cuales, por cierto, ya nomás sobreviven dos… y es que la cirrosis existe, por más que uno crea que no—, y el menos ebrio citó de memoria y sin respirar: “como escribió García Márquez en la página 28 de Cien años de soledad1: …Pilar Ternera, que estaba en la puerta con los curiosos, se peleó a mordiscos y tirones de pelo con una mujer que se atrevió a comentar que el joven Arcadio tenía nalgas de mujer…”
¡Como el Beto Coyote!, refrendaron los otros, ya en el hemisferio sur de la borrachera. Y después empezaron a manotear en la mesa como si se estuvieran ahogando… sin darse cuenta de que ya lo estaban.
 
Y de regreso al primer párrafo de esta crónica, es menester señalar que las 17,000 personas que fueron a darle la bienvenida al capibara pagaron, todas ellas, su respectivo boleto de entrada, mientras que los 500 turiferarios —adscritos en la segunda acepción del término— que fueron al desnivel recibieron, todos ellos, su respectivo chayote: “Es que así es la economía —dijo uno con la cámara a todo selfi—: dinero entra y dinero sale…”
¡Caramba y samba la cosa, que vivan la precampañas!
Qué cosas, ¿no?

 1https://www.secst.cl/upfiles/documentos/19072016_1207am_578dc39115fe9.pdf