Trova y algo más...

lunes, 12 de julio de 2010

Los mexicanos somos como somos…

Miré en un medio local la foto de los legisladores (de alguna manera hay que decirle a estos individuos) priistas que posaron para el retrato con un cubo en las manos, como si estuvieran tratando de traer agua a Hermosillo, como (según ellos) sólido argumento para recriminarle a las autoridades municipales su falta de seriedad en el delicado tema de dotar de ese importante servicio a la ciudad, sin tandeos ni sacrificios inhumanos para la sociedad.

Cualquier persona con un mínimo de inteligencia y sobriedad sabe que no, que no hace falta retratarse con una sonrisa y actitud cínica (como los priistas de marras) para meter zancadillas políticas, sino sufrir la escasez de todo para tener las suficientes razones cívicas y civilizadas para reclamarle a las autoridades y a los partidos políticos que no han sido fieles a la palabra empeñada a la hora de las campañas. “Pero todos somos espoteros, nos gustan las luces y sentirnos estrellas por cinco minutos; sobre todo, los políticos, aunque sean mediocres, como los de la foto”, pensé, sin ánimo de presumir.

Y es que bien se puede decir que los medios funcionan como cerebro colectivo divorciado de las necesidades de nuestro cuerpo social, porque mientras vivimos cotidianamente una profunda crisis socioeconómica que está siempre por convertirse en severo conflicto político, los medios nos orientan a pensar, prioritariamente, en ese triple eje cultural al que el sistema nos tiene encadenados: el consumo, los deportes y las ideologías del espectáculo, y sólo ocasionalmente nos conduce a reflexionar y sentir los problemas centrales de nuestra sociedad. La foto que les cuento cabe, por cierto, en la trivialización del espectáculo.

Y como una cosa trae a otra, recordé la vez aquella en que un dirigente indígena del sur del país le dijo a su interlocutor lo siguiente: “Ah, ya le entendí: si tomamos a una persona de aquí y la comparamos con un alemán, la nuestra no es peor; pero si tomamos a dos de aquí y las comparamos con dos personas alemanas, ya sabemos porqué cada país está como está”: la diferencia está en las instituciones.

Todos tenemos historias de éxitos de emigrantes mexicanos. En otro país, en otro contexto institucional, el empresario, el intelectual, el escritor, el obrero, han sido capaces de lograr un despliegue pleno de sus capacidades, y de ser socialmente útiles. Prueba de que no hay una tara congénita –alguna otra herencia colonial o nuestro componente indígena– que impide el progreso porque los mexicanos “somos como somos”.

A la inversa, para desarrollar alguna iniciativa en México, siempre se sueña con una isla institucional: mientras menos se contamine de las prácticas y los valores predominantes, más probabilidades de éxito habrá. Hay algunos casos para probarlo. Prueba de que las instituciones son decisivas para producir el círculo virtuoso del desarrollo. Y si la presidencia o las autoridades de elección popular son instituciones, habría que impugnar el diseño constitucional de esos poderes y sustituirlo por alguna forma de régimen parlamentario o semiparlamentario.

Así, dicen los que saben, habría menos despotismo, más fidelidad a la palabra empeñada y menos fotos cursis rodando por los medios.

Pero los propios partidos y los legisladores en México, que sueñan con llegar, con seguir o con volver al poder son los primeros que se oponen a esos rediseños. Dicen que ese régimen está bien para los italianos o los franceses, no para los mexicanos, que “somos como somos”. Sobre todo si tienen la esperanza de algún día ser alcalde, gobernador o presidente de la república: nadie quiere que le pongan límites, sino estar en la plenitud del pinche poder, como dijera Fidel Herrera, el capo de todos los capos de Veracruz.

En contraposición, frente a la urgencia de nuestra eterna crisis política, los expertos señalan que no podemos perder el tiempo en debates exquisitos sobre el régimen político, y nos queda esa sensación de urgencia que a todos nos invade, que nos sobresalta y que nos mantiene como a mariposas frente a la luz de la vela: hipnotizadas, dando vueltas y más vueltas sin avanzar un solo paso, sin que surjan, de la crisis de cada día, los asuntos fundamentales. Como dicen: “la cosa es política”; es decir, de fuerza y de fuerzas.

Pero no. La diferencia la hace la calidad de nuestras instituciones. Y no hay nada más político que la construcción de instituciones.

Las instituciones no son las organizaciones. No son algo físico o tangible. Las instituciones son las reglas de juego –que se premia, que se sanciona– que regulan nuestro comportamiento económico, político, social. Son muy abstractas, pero todos las sabemos.

Por ejemplo, sabemos que para ascender en el trabajo no importa tanto ser creativos, disciplinados, o innovadores. Basta llevarla bien con el jefe, complacerlo, darle gusto, ser, en suma, un lambiscón. Si lo que se premia no es el mérito sino la lambisconería, no la voz sino el silencio, nuestras instituciones expulsan a los más capaces y entronizan a los más hábiles en el juego de la cortesanía. Esa es la importancia decisiva de las instituciones.

Y eso se ve a diario en todas las instituciones, que mantienen en los círculos más cercanos al poder a elementos mediocres, perversos, indignos, individuos que no aportan soluciones a los problemas, sino que alimentan el ego de los directivos para seguir gozando de prebendas mal habidas.

Por eso se dice que resulta una verdad insoslayable el hecho de que antes que la reforma económica, la reforma social o la reforma del Estado, está la reforma política de las instituciones. Sin ella, todo parecerá que cambia, pero tiempo después nos daremos cuenta, dolorosamente, que seguimos en lo mismo. Hay evidencias empíricas suficientes para probar que el desarrollo institucional deriva en crecimiento económico. Y los indicadores mundiales de desarrollo institucional muestran que México, en particular, y América Latina, en general, en esta materia están detrás de todas las regiones del mundo, con excepción de algunas regiones del África, con o sin mundial de futbol.

Los cambios institucionales surgen de las crisis, a condición de contar con los líderes que sepan imaginarlos y realizarlos. Pero para que ocurran, deben suscitar confianza en la gente. No sólo la confianza de los mercados, que tanto nos ha preocupado en el último tiempo, sino también la confianza de los ciudadanos, y en las circunstancias actuales, de violencia, de ingobernabilidad, de crisis y desastres naturales, pero predecibles, especialmente debe generar esta última, que a los legisladores les importa tan poco, al grado de poder posar para una foto con cualquier pretexto barato.

También hay que entender que la confianza de los mercados y la de los ciudadanos no siempre van juntas. Y a veces son hasta contradictorias. Entonces, ¿cómo conseguirlas?

Para lograr recuperar la confianza de los ciudadanos, que supone la base de una refundación institucional y también de una salida a crisis de gobierno, se requiere un esfuerzo adicional, no declaraciones diarias, no discursos vacíos, no extravíos lejanos. Pero en todos los casos, hay que enfrentar la necesidad de nuevas instituciones y nuevas políticas que resuelvan el problema: ¿cómo conquistar la confianza de la gente?

Así, ¿se debe seguir con la rutina de poner en primer lugar el valor absoluto de la “eficiencia” económica más que la eficiencia humana; aceptar resignadamente, como sin fuera natural, la polarización social que se deriva de la exclusión de dilatados sectores de la población –con su carga silenciosa de rencor y violencia sorpresiva– y reducir la acción del estado a políticas compensatorias que poco compensan?

O bien, ¿requerimos de líderes políticos capaces de conducir la reforma de las reformas para modelar nuevas instituciones que busquen, además de esa eficiencia, la eficiencia en la generación del empleo, de la dotación digna de los servicios públicos, la eficiencia distributiva y la eficiencia ambiental?

Esto, como se ve, no es un acertijo para México, en particular, o Latinoamérica, en general: la respuesta es de lógica elemental y obedece es una necesidad que crece cada día: que los políticos se ganen la confianza de la ciudadanía dando en prenda su propia confianza, sin recurrir a argucias baratas y ramplonas como posar para la foto… aunque ya sabemos que esta es una cruzada sin posibilidades de triunfo, porque los mexicanos somos como somos…

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viernes, 9 de julio de 2010

La lectura nos sacará de la barbarie…

Elba Estress le enseña a Lujambio

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Leí este rollito demagógico en la prensa de ayer: “En México 47 de cada 100 jóvenes nunca se han acercado a la literatura, sólo leen libros relacionados con la escuela y periódicos, por lo que el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, entregó los primeros paquetes de un total de 14 mil libros que se van a distribuir en las bibliotecas de bachilletaro. El funcionario aseguró que sólo "la lectura nos sacará de la barbarie", al citar al escritor Ignacio Solares, y explicó que la dependencia a su cargo fomentará, en los próximos meses, la lectura entres los mexicanos, lo cual es imprescindible para elevar la calidad de la educación de nuestro país”, y como que me dio risa la ingenuidad del Lujambio de marras, que en gel, vaselina y estulticia no se queda atrás de Peña Nieto.

Y es que para que se vaya enterando el tipo Lujambio, que sabe de educación lo que Elba Ester sabe de física cuántica, ni el amor por la lectura ni el gusto por la literatura entran por decreto.

Como sea, me acordé de aquellos viejos años de la infancia, cuando yo tendría siete años y cursaba el segundo grado de primaria en la escuela Centro Escolar Talamante, cuando la profesora Blanca Barreras, que era una matrona enorme que gustaba de jalarnos las patillas y azotarnos las nalgas con un metro de madera mientras nos preguntaba la tabla de seis, nos habló de los libros y de la gente que los escribe. Lujambio todavía no nacía y ni hacía falta: justo como ahora.

El mundo ha cambiado enormidades. Y han de saber ustedes que entonces no existía eso del trauma infantil y que nunca habíamos escuchado las mágicas palabras “Derechos Humanos” para poder esgrimir razones civiles y políticas, y así evitar los rounds pedagógicos de los maestros de aquellos tiempos. Además, yo vivía en Navojoa, y en aquella región del sur del estado el mundo se creó como tres mil años después del descubrimiento de América, aunque parezca una exageración, así que la modernidad en todos sus aspectos tardó un poquito más en llegar. Ni modo.

“Los libros, como ustedes saben, son esos objetos rectangulares mayormente de papel con pastas de cartón que tienen escritas infinidad de letras y algunos hasta traen dibujos pintados afuera y adentro, y para saber lo que nos quieren decir, tiene uno que leerlos: eso es lo malo”, dijo la profesora Blanca con una autoridad editorial que ya quisieran los dueños de la Librería de Cristal… y los regentes de la SEP, ciertamente.

Nosotros le creímos palabra por palabra porque no era cosa de arriesgarse a recibir un reglazo gratuitamente por contradecir a la profe. No, señor. Por el contrario: todos nos quedamos como extasiados por lo que nos acababa de decir, pusimos en los ojos una expresión de agradecimiento, y en el rostro el semblante de “Mi mamá me mima” y de “Ese oso si se asea”, y la profesora Blanca pasó a otro tema para no empantanar nuestra niñez en asuntos librescos que después tendríamos oportunidad de profundizar, pues ya nos esperaba el tema de los ríos de México.

En la imaginación del niño que fui hace como 45 años, atemorizado por la voz de trueno de aquella profesora de segundo de primaria, a quien ahora recuerdo con ternura, se formó una imagen equivocada de los escritores: “Mínimamente —pensaba yo—, los que escriben libros han de vivir en un país lejano, tal vez al otro lado del mar, si no es que vienen de otro planeta”. Recuerden que yo estaba en segundo año y no me perdía ni un episodio de la serie de televisión “Mi marciano favorito”.

Con el tiempo, digamos que cuando estaba en la preparatoria, la razón llegó a mí y me convencí de que los escritores son seres muy inteligentes, que han leído mucho, que se pasan todo el día metidos en un estudio pensando, fumando, tomando café y escribiendo asuntos que nada tienen que ver con la cotidianidad. Llegué a creer que los autores de libros, inclusive, hablaban tres o cuatro idiomas, que siempre traían una pipa en los labios y que todas las mujeres se enamoraban de ellos con esa locura que nace de la vista y del embeleso, lo cual en la realidad no pasa si uno no tiene unos cuantos millones en el banco o el carisma y las nalgas de Cristiano Ronaldo, que no es cosa fácil.

Y así pasaron los años: siempre con la idea de que los escritores eran magníficos navegantes, con largas melenas rubias y que eran intrépidos buscadores de peligros, y que podían luchar y vencer al mismo tiempo a un león, dos cocodrilos, un monstruo de gila y a una pandilla de apaches sólo con la mano izquierda y la otra amarrada a la espalda.

Esos eran los escritores que me imaginé desde aquella mañana en que la profesora Blanca nos habló de los libros y de la gente que los escribe... hasta que empecé a escribir y a publicar libros: porque, como ustedes verán, yo soy lo más alejado de aquellos intrépidos buscadores de peligro. Y de la rubia y larga melena mejor ni hablamos.

Con respecto a los libros, siempre me ha inquietado que me pregunten: ¿Para qué publicar libros o revistas? Bueno, los libros facilitan la socialización del conocimiento, que antes de que Gutenberg estableciera la imprenta, estaba a disposición de ciertos aristócratas y algunos clérigos. Los libros eran objetos de un valor incalculable y, dependiendo del amanuense y del ilustrador, cada libro era una joya sin par, de ahí que en las bibliotecas de las grandes abadías, los libros estuviesen sujetos a los muros por gruesas cadenas.

En verdad que ¡cómo han cambiado los tiempos!: Ahora lo que hay que sujetar con gruesas cadenas en las bibliotecas es a los usuarios para que no se vayan antes de terminar de consultar los libros. Y es que a pocos muchachos (de ayer y de hoy) les han enseñado que los libros son la llave maestra que nos abre la posibilidad de acercarnos las especialidades que tal vez nunca podremos alcanzar, ya sea por falta de tiempo o dinero o interés. Es decir, los libros nos ofrecen la posibilidad de ser cultos. Y, lo siento mucho, Lujambio no será quien enderece el futuro torcido de nuestro país. Mjú.

Porque (¿quién puede discutirlo?) somos más libres e inteligentes después de leer cosas libres e inteligentes: quien ha leído “El Quijote” tiene una perspectiva diferente del mundo que aquel que sólo ha tenido en sus mano revistas como “Alarma!”, “Mujer, casos de la vida real” o “Eres”, sin haber optado por —además— buena literatura. Pretextos sobran para no leer “El Quijote”, pero hay una verdad irrefutable: prácticamente se encuentra en todas las librerías y bibliotecas de la república.

En verdad que a pocos muchachos les han enseñado que el libro es un compendio de la inteligencia, el sentimiento, la diversión: es la suma de todas y cada una de las actividades humanas. En resumen, el libro es una invitación al regocijo.

Quizá por ello dicen los expertos que la literatura en general y la poesía en particular nació con el hombre mismo, que se fue haciendo una herramienta básica en la expresión de la voz interior de los seres y que ha llenado, incluso hoy, el espacio que las máquinas, la computadora y la internet no han podido ni llegarán jamás a llenar porque está hecha de ese barro simple e intangible que son los sentimientos: el amor, el odio, el deseo, los sueños, los dolores, las pasiones, el hambre y la sed de mujeres por hombres y viceversa.

Como práctica social, la literatura es uno de los registros de la memoria que construye el imaginario colectivo; es decir, es una pieza importante en el rescate y preservación de cada uno de los episodios que van conformando la vida, ya sea de lo particular a lo general, o al revés.

Y si vemos bien, pues, la literatura no es un proceso aislado, sino que se va nutriendo de las vivencias del escritor, que sentado debajo de una piocha griega en la antigüedad clásica, o metido en el rincón más oscuro y callado de una posmoderna cantina, se sumerge en la realidad, toma trozos de ella y la recrea sobre el papel para deleite y/o angustia de sus presentes o futuros lectores. Y tiene una función social: es parte del registro de nuestra memoria social, nos abre la posibilidad de entender mejor los fenómenos que vivimos y que nos han hecho seres sensibles, pensantes y propositivos: en una palabra, inteligentes. Y por eso mismo, las palabras de Lujambio, que lo menos que quiere es que la gente piense, no son más que simple retórica demagógica…

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jueves, 8 de julio de 2010

Dios no los salvó del infierno…

Un camión de la empresa Estafeta cargado con 600 libros de oraciones se incendió debido al sobrecalentamiento de las balatas traseras mientras transitaba de Norte a Sur sobre las Carretera de Cuatro Carriles.
El incidente ocurrió a 500 metros al Sur de la caseta de cobro, donde el conductor del vehículo, Carlos Barragán Rolón, de 40 años, se detuvo al escuchar un estallido en la parte trasera del área de carga.

Contó que al bajarse a revisar, la llanta trasera izquierda comenzaba a incendiarse, por lo que trató de sofocar el fuego con un extinguidor y después con otros siete de personas que se detuvieron a ayudarlo, pero no pudieron evitar la propagación.

Las llamas se propagaron de las balatas a las llantas y de ahí al área de carga donde se encontraban 600 ejemplares de este mes de "Cinco Minutos de Oración".

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¿Y así cómo creerle que nos va a salvar de las otras llamas...?

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Condiciones éticamente inaceptables...

El rector de la UNAM, José Narro, advirtió que de no revertir la condición social en América Latina, marcada por 35 millones de personas que no saben leer ni escribir y 22 millones de jóvenes entre 15 y 24 años que no estudian ni trabajan, se cometerá un grave e histórico error.

Esta fue la parte central de su discurso al participar en la mesa redonda "Latinoamérica 2010. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí y por qué? El capital humano de la universidad, ¿palanca de modernización o guarida de utopías regresivas?", en Santander, España.

En ese marco, adelantó que en la próxima reunión de la Cumbre Iberoamericana de fines de año en Argentina se planteará a los jefes de Estado y de gobierno la conformación de un fondo para establecer un equivalente al Erasmus europeo de movilidad estudiantil.

Se trata de una aportación en la que también convergerían el Grupo Santander, a través de Universia, y empresas iberoamericanas que, desde luego, no va a desequilibrar las finanzas públicas ni tampoco generará efectos inflacionarios.

En el segundo día de trabajos del foro, en el Palacio Real de la Magdalena de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), agregó que en América Latina hay avances en la región, pero preocupa que hoy existan 182 millones de personas en pobreza y 71 millones en situación extrema.

"Son condiciones éticamente inaceptables que generan una gran cantidad de problemas sociales", expresó el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.

La región latinoamericana, añadió, vive una década de oportunidad, aunque una de las áreas en las que se debería incidir de manera fundamental es la educación, con una mejoría en todos los niveles, y una ampliación de la cobertura en el superior.

Al respecto, mencionó que en la última década los recursos destinados a la investigación científica aumentaron de 0.57 a 0.68% del Producto Interno Bruto, cuando las naciones desarrolladas canalizan cerca del cuatro por ciento.

Narro Robles consideró que con España y Portugal se debe promover la movilidad estudiantil, pues beneficia a todos al propiciar una mejor investigación y al optimizar el uso de la infraestructura y experiencia. "El Erasmus moviliza hoy, en Europa, a más de dos millones de estudiantes", destacó.

En la mesa, José Joaquín Brunner, investigador de la Universidad Diego Portales, de Chile, coincidió en que existe un problema de volúmenes de recursos destinados a educación, aunque también las modalidades de aplicación de estos fondos deben incidir en la mejora de las tasas de titulación y graduación.

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Y mientras ¿qué hacemos? ¿Seguimos perdidos en la demagogia de lo que se viene para México el 2012, y las luchas de caníbales entre unos que son torpes para gobernar y otros que han demostrado su insaciable capacidad de acabarse los recursos en favor de sí mismos?

Como bien dicen: algún día el destino nos alcanzará...

(O acaso ya nos alcanzó y no nos hemos percatado)

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miércoles, 7 de julio de 2010

La realidad que han evidenciado las elecciones...

Dice la doctora Iliana Rodríguez Santibáñez que el carro completo del PRI en estas elecciones estatales no asusta: confirma su fortaleza en esos estados pero no define su posible triunfo en las elecciones presidenciales del 2012. Sin duda, los gobernadores conforman cotos de poder e intereses de grupos comprensible en esa lógica, la teoría de juegos se impone y al final el resultado era predecible, aun cuando las encuestas de salida y el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) arrojaran cifras que de pronto favorecían a las alianzas partidistas.

Contrario a lo que muchos piensen, el que hayan ganado en tres entidades distintas las fórmulas de la alianza, es algo positivo, pues demuestra que los gobiernos divididos pueden ser una respuesta que sirva de contrapeso a los partidos dominantes por antonomasia; evidencian, además, la capacidad de diálogo y coordinación para ser fórmulas ganadoras: esta es una señal importante para los electores.

Al final del día, lo importante es cuántos ciudadanos habitan tal o cuál estado, cuántos electores hay por cada entidad federativa que puedan incidir en cambiar o no el rumbo de una nación. Un estado pequeño, densamente poblado, en esos términos vale más que uno de vasto territorio y escasa población. La figura de los gobernadores erigidos casi como tlatoanis, de acuerdo a su desempeño y habilidad política, sin entrar a suspicacias de corrupción y pago de favores, pueden ir marcando preferencias partidistas rumbo a la carrera presidencial sin duda.

Pero esta carrera por la presidencia, al final no la definen los gobernadores, sino los electores: los gobiernos y los representantes en estas entidades estarán bajo el escrutinio permanente de los ciudadanos, y la tarea no es menor, pues aunque el combate al crimen organizado ha sido encabezado por el gobierno federal bajo la batuta de Felipe Calderón, los estados tienen que coadyuvar en ello, y esta variable puede o ayudarlos a ganarse la confianza del electorado hacia su partido, o bien abrirles la puerta en búsqueda de quién conceda mayores garantías de gobernabilidad.

En otras palabras, digo yo, los gobernadores son corresponsables de lo que sucede en sus entidades, y cuando pasan sucesos trágicos (como el asesinato de candidatos a puestos de elección) o felices (como manipular las elecciones y salir triunfadores para bien o para mal de sus ciudadanos), deberían asumir las consecuencias de su buenas o perversas acciones y no tratar de endilgarle, vía portavoces nacionales, su ineptitud a otras instancias de gobierno.

Y así, otros analistas han señalado que acaba de concluir el proceso electoral más lamentable en tiempos de la alternancia. A cuatro años de las elecciones presidenciales que dividieron al país y estuvo a punto de derrumbarse el andamiaje institucional, el lunes amanecimos con un México polarizado. Dicen que se trata de una polarización creada bajo diseño por la actual dirigencia del partido gobernante.

Lo que vimos el fin de semana, y en todo el proceso, puede ser el anuncio de lo que viene con miras a la elección en el Estado de México y con remate final en el 2012: cuando se ensucian las elecciones de manera premeditada, como ocurrió con las que recién han pasado, es el ambiente político del país el que se ensucia.

¿Qué le espera a México en los siguientes años si volvemos a la época en que no se asimilan los resultados electorales? ¿Qué puede pasar con el país cuando el partido que tiene la responsabilidad del gobierno descalifica con anticipación las elecciones, los órganos electorales y hasta las encuestas de salida? Hace cuatro años hubo una escalada desde la oposición contra las instituciones del país. Ahora, los mismos que trabajaron con denuedo para demoler la democracia y arrebatar el poder mediante el chantaje, están aliados al partido que gobierna el país.

Pero esto no es privativo del partido que ahora mismo gobierna el país: ha sucedido siempre, en todos los países, cuando el grupo en el poder siente que peligra su futuro inmediato, y recurre a las mismas viejas artimañas que en México hemos definido como “Cuando Jalisco no gana, arrebata”. Los priistas lo han hecho durante todos sus años de existencia, y no se vale que ahora vengan con lloriqueos propios de ingenuos para un público más ingenuo.

En nuestro país, la ciudadanía pensante ya es mayor de edad, y ha sufrido y sobrevivido a todos los partidos y a toda clase de políticos: desde los buenos, que ya prácticamente no existen, y los ruines y viles, que son los que salen a diario en la prensa y en los informativos. Y no, la mayoría de esa ciudadanía, que es la minoría del total, ciertamente, no se cree los engaños ni cae en la misma patraña que nace en las mentes retorcidas de los asesores políticos y se reproduce en la mente coagulada de los vocingleros de los medios, que están a disposición de los partidos y de los políticos, a quienes venden su concepto de dignidad y de verdad periodística, que fácilmente se puede confundir con basura.

Y por lo menos hasta ayer, los medios animaban el mismo objetivo: si no ganamos nosotros, venga el caos. No hay país que resista esa embestida. En estas elecciones ocurrieron asesinatos políticos, como el del candidato a gobernador de Tamaulipas y el del aspirante a alcalde de Valle Hermoso. Mataron al presidente del Congreso de Guerrero. Gobernadores intervinieron de manera indebida en las campañas. Miembros del gabinete presidencial viajaron a los estados a sembrar calumnias contra candidatos.

También hubo espionaje ilegal y vimos al dirigente del partido gobernante con las cintas de las escuchas en la mano. Metieron a la cárcel a un candidato a gobernador, con los endebles dichos de testigos pagados. En la jornada electoral hubo balazos, allanamientos, porros enviados desde el DF a Oaxaca, robo de urnas en Durango, casas con armas en Hidalgo. El partido que tiene la responsabilidad del gobierno de la República se proclamó triunfador en estados donde sus dirigentes sabían que habían perdido. Dieron resultados antes del plazo autorizado por la ley, para enturbiar.

Y enturbiar elecciones es enturbiar el país.

¿Prefieren gobernar en un ambiente de crispación intolerante?, dicen los expertos. Ojalá que no. Que todo sea desesperación de un dirigente. Esperemos que hoy el gobierno eleve la mira hacia lo mucho por hacer en estos dos años. Ojalá se detenga esta bola de nieve destructiva que tiene por objeto conservar el poder por las buenas o por las malas. Pueden venir tiempos muy difíciles. Y es que el futuro no es alentador: las elecciones del fin de semana, como se ha dicho, pasarán a la historia por haber transcurrido bajo la amenaza del terror del crimen organizado.

Con cifras preliminares sobre un altísimo abstencionismo, generado por el miedo, se empieza a cuestionar la legitimidad democrática de esta jornada electoral. Con resultados definitivos será imprescindible analizar tanto las causas del abstencionismo y del voto nulo, así como el comportamiento de los electores. Dicen algunas voces que la evaluación de nuestra democracia arrojará un resultado deplorable ante una lectura metódica de los criterios que podrían explicar el porcentaje de abstenciones, y que son el terror a las mafias, el miedo a los mapaches violentos de distintos partidos, la inconformidad por la carencia de credibilidad política de los contendientes, pues todos son iguales, y el desinterés crónico de los votantes que no han podido atraer hacia sí los partidos.

Obviamente, dicen los analistas, la sociedad reclama también un análisis del comportamiento de los que sí acudieron a las urnas. De realizarse este análisis, los resultados descalificarían a nuestra muy costosa partidocracia a la que será imposible identificar con los valores y objetivos de la democracia que México demanda: gobernabilidad ordenada y/o fortalecimiento institucional del Estado; estrategias para erradicar la pobreza y la marginación a fin de evitar la migración y el arraigo social de carteles y mafias.

Así, ¿qué tanta verdad aguanta la República? ¿Quien asume la responsabilidad de salvar a México? Por desgracia, no contamos con líderes visionarios, y nuestra democracia pretende legitimarse con una participación que oscilará, si acaso, en un 40%. Y de éste, ¿cuántos votaron para legitimar dictaduras estatales y cuántos votarán por el regreso de la vieja dictadura priista que, aunque no esté en Los Pinos, nunca se ha ido realmente?

Evidente, el voto no es sinónimo de legitimidad democrática, y parecería que en México esta premisa no la hayan asimilado ni la partidocracia ni la sociedad. México ha vivido y restaurado un orden novohispano soterrado que se colapsa debido a la capacidad de fuego del narco. Esa es la gran realidad que han destapado las elecciones. Y eso lo empiezan a señalar los estudiosos y los expertos en las elecciones mexicanas.

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martes, 6 de julio de 2010

Siempre ha de haber gente pa’ todo…

Las elecciones de ayer han dejado el rostro de México de un color más rojo que verde y blanco: anticipa, por desgracia, la visión de un regreso del priismo a la presidencia de la República, la joya de la corona que perdiera el año 2,000, después de más de siete décadas de dictadura, y que han llorado como Magdalenas, pero sin retirarse demasiado del crucificado en turno.

Somos más de cien millones de mexicanos, pero a no más del 30% de la población total le interesan los procesos electorales y los resultados consecuentes. Es mentira que México sufre o goza con tal o cual partido en el poder, sea municipal, estatal o federal: la enorme mayoría sigue sumida en una lucha cotidiana por la sobrevivencia y no tiene tiempo qué perder en pasiones políticas, tendencias irreversibles o las encuestas de salida. No lee periódicos y sólo se asoma a los informativos a enterarse de los resultados deportivos o de la vida y obra de los personajes menores de la farándula local.

Pero, como dice Serrat: “siempre ha de haber gente pa’ todo”. Y las elecciones de ayer no son la excepción: hay quienes siguen brincando de felicidad porque el PRI se llevó casi todas lo que estaba en juego; hay, sin embargo, quienes ven estos resultado como un sino funesto. Dice Héctor Aguilar Camín, por ejemplo, que la democracia es sorpresiva, se defiende bien de los veredictos previos. Las alianzas “contra natura” del PAN y el PRD contra el PRI han triunfado, más allá de lo esperado, en las elecciones de ayer. Han ganado al PRI las gubernaturas claves de Oaxaca y Puebla, y han acercado al punto de empate las elecciones de Sinaloa.

La jornada, que se esperaba hace unos meses como un paseo para el PRI, han sido un desafío para ese partido, cuyo regreso al primer lugar electoral sigue vigente, pero en un contexto competido que parecía remoto. El PRI ha ganado al PAN las elecciones de Aguascalientes y Tlaxcala, y ha conservado el poder, con amplitud inusitada, en el estado clave de Veracruz, y en tres de las entidades más violentas del país —Tamaulipas, Chihuahua y Durango— como si los votantes eximieran de responsabilidad en esa violencia a los gobiernos locales.

Las 14 elecciones estatales de ayer (12 de ellas de gobernadores) han sido todo menos unas elecciones a salvo de la interferencia de los gobiernos y el traslado ilegal de recursos públicos a los candidatos. Han sido, entre otras cosas, un forcejeo de los gobiernos estatales del PRI con el gobierno federal por inclinar las elecciones a favor de sus candidatos.

No hay estado donde no se hayan escuchado quejas de un comportamiento parcial del gobierno federal. No hay tampoco estado donde no sea evidente la conducta parcial de los gobiernos locales, poniendo en las campañas de sus candidatos recursos y decisiones contrarios a la más elemental equidad política.

Que no haya más un solo partido en el poder equilibra el fondo de la batalla, pero el desvío de fondos públicos y el uso de las decisiones gubernamentales para favorecer a uno u otro candidato, son conductas que permanecen intactas. Se dirá que al menos hay fuerzas y recursos empatados entre lo que acarrean los gobiernos estatales para sus candidatos y lo que acarrean para los suyos las decisiones de la federación y sus gobiernos aliados. Sí, salvo que es un empate que se da fuera de la ley y no construye confianza democrática, sino inconformidad o cinismo.

La falta de garantías induce y legitima la protesta, impide el hecho democrático por excelencia que es aceptar la propia derrota. La protesta postelectoral añadirá al paisaje de un país sacudido por la violencia el de un país que ha perdido calidad en sus procesos democráticos. Por eso, independientemente de sus ganadores individuales, las elecciones de ayer pueden ser una derrota colectiva.

Por su parte, Ricardo Alemán señala que la verdad es que el PRI aplastó ayer. Se llevó un triunfo zapato. ¿Por qué sostenemos que el PRI se llevó un triunfo zapato en la primera elección concurrente? Porque en los estados donde no habría ganado de manera directa, con sus candidatos propios —nueve en total—, ganaron sus colonias sembradas en el PAN y el PRD.

¿De dónde provienen, hasta hace muy poco tiempo, los candidatos Gabino Cué, Rafael Moreno Valle, y Mario López Valdez? La respuesta la saben todos, del PRI. Más aún, en el caso de Oaxaca —que pudiera ser el único triunfo opositor—, Gabino Cué es el heredero del poderoso grupo político del ex gobernador y ex secretario de Gobernación, del PRI, Diódoro Carrasco, quien mudó al PAN para arrebatarle el poder a Ulises Ruiz.

¿Ante esta realidad, quién garantiza que Gabino Cué, Rafael Moreno o Mario López van a gobernar con los principios y la doctrina del PAN o del PRD? La respuesta también la saben todos. Nadie garantiza que pudieran ser gobiernos azules o amarillos. Y para quienes lo duden, basta recordar las alianzas que echaron al PRI en Chiapas, y Yucatán, en donde los gobernantes surgidos del binomio azul y amarillo resultaron peor que los viejos priístas.

Por encima de todo, creo que la pregunta fundamental sobre lo que hemos atestiguado (que presupondría que el retorno del Partido Revolucionario Institucional está cantado, anunciado, avisado y pronosticado, pues como se vislumbraba, las alianzas entre “espurios” y “legítimos” lograron cosechar algunos votos de más en Puebla y Oaxaca, pero el “carro completo” tricolor fue la realidad electoral que ensalzaron los noticieros de Televisa y Tv Azteca) es ¿Para qué quiere regresar el PRI a Los Pinos? Los propios priistas subrayan que a demostrar que ellos si saben gobernar… y negociar con la delincuencia organizada, porque de otra manera no se puede explicar cómo podrían resolver el problema de la ingobernabilidad del país, situación que en gran medida se gestó en las administraciones federales priistas, por cierto.

Dicen los expertos en el estudio de la cochambre electoral que, así como Vicente Fox utilizó todos los recursos a su alcance para impedir el triunfo de López Obrador, la prioridad absoluta de Felipe Calderón sería también cerrarle el paso al PRI para que no retorne a Los Pinos. No quiere ser el presidente, justamente, que le abrió la puerta a un priista para que se apoltrone otra vez en La Silla.

Esta pretensión, en sí misma —y de ser del calibre que suponen esos analistas— no es sostenible en ningún régimen democrático. Se entiende, desde luego, que el deseo de mantenerse en el poder es consustancial al quehacer político. Pero ningún partido puede aspirar, legítimamente, a perpetuarse en un gobierno (dicen los defensores del regreso priista, olvidando que de no haber sido por el “accidente Fox”, el PRI llevara más de 80 años en el poder). Es decir, el actual primer mandatario a lo mejor no quiere pasar a la historia como el encargado directo de trasmitirle el mando el PRI pero nadie, en sus cinco sentidos, puede imaginar una realidad nacional en la que, tarde o temprano, el presidente panista no tenga que cederle el cargo, por disposición directa de los votantes, a un sucesor del PRI, del PRD o del color que sea.

De cualquier manera, ¿cuántos años pensaba conservar el PAN la presidencia de la República? ¿Dieciocho, veinticuatro, treinta y seis?

Los vocingleros del PRI aseguran que el retorno de este partido político es perfectamente explicable: los mexicanos están cansados, ni más ni menos, de los gobiernos panistas. En otros países se hartan de los socialdemócratas o de los socialistas o de los democratacristianos o de los ecologistas o de los liberales, etcétera. Bueno, pues aquí le ha tocado el turno al PAN de la misma manera como, por ejemplo, en Zacatecas ya no quieren que los gobierne el PRD. Tan simple y tan sencillo como eso, señalan. O sea, que no hay que buscar razones truculentas ni escenarios tremebundos para explicar la nueva alternancia por más que el país se encuentre, de todas formas, en una situación difícil. Pero estas voces olvidan a los ciudadanos que habitan en entidades gobernadas por el PRI, que viven en situaciones iguales y peores que los que sobreviven en estados gobernados por otros partidos.

¿Será que hasta aquí llegó el experimento de la alternancia democrática a la mexicana y el país volverá a estar bajo el mando de una camarilla tricolor, o los electores volverán su mirada a una izquierda bocabajeada por los mismos izquierdistas? Nadie lo sabe. Es cierto que los priistas llevan diez años de feroz y machacón oposicionismo exhibiendo, en todo momento, sus mismos principios de doctrina y su discurso de siempre. Y, sobre todo, no les ha sido necesario cambiar ni mucho menos reinventarse para mantener en un puño futbolero a los ciudadanos con la bandera de que “por lo menos sabían gobernar”.

¿Eso basta para asegurar la llegada de Enrique Peña Nieto a la presidencia de la República?

Esperemos que no, por el bien de México y de los mexicanos que no queremos más ingobernabilidad estúpida vestida de azul ni mafias soberbias con zarapes tricolores ni torpezas caníbales manchadas de amarillo…

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lunes, 5 de julio de 2010

No va a ser con propaganda...

La liberación de los presos políticos de Atenco, decidida el último día de junio por la Suprema Corte en medio de la situación crítica por la que atraviesa el país, es un triunfo de la sociedad civil nacional e internacional, por mucho que el gobierno de facto de Felipe Calderón pretenda utilizar este gravísimo caso –que exige ahora una reparación del daño causado a los 12 detenidos– para sus afanes político-electorales luego del homicidio del candidato priísta a gobernador de Tamaulipas.

El asesinato de Rodolfo Torres Cantú, candidato del PRI al gobierno de Tamaulipas, y de varios de sus acompañantes, la mañana del 28 de junio, a tan sólo seis días de las elecciones constitucionales, constituye un hecho de enorme gravedad en la historia moderna de México, que no tiene precedente en las últimas décadas, no nada más porque haya evidenciado la gravedad del conflicto que se ahonda entre el PRI y el gobierno faccioso que encabeza Calderón en su disputa hacia el 2012, arrastrando con él al país, sino porque abre aún más la vía para la comisión de crímenes políticos impunes.

La historia moderna de México registra el homicidio de Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del PRI en 1994, como un parteaguas en la historia del sistema del poder, pero no existe memoria de asesinatos de candidatos a gobernadores, a no ser la tentativa para eliminar a Amado Avendaño, candidato ciudadano en Chiapas en 1994, lo que evidencia el retroceso al que los panistas están llevando al país en todos los órdenes. En el contexto de descomposición generado por el gobierno espurio al seguir el modelo de militarización de la vida nacional que les fue impuesto desde el exterior con el objetivo de colombianizar a México, emerge ahora una nueva amenaza.

El clima de impunidad creado por los panistas se presenta tras estos hechos con un nuevo rasgo: como el escenario del crimen perfecto. En el entramado al que ha llevado a México el gobierno, con un país inmerso en un baño de sangre, todo crimen, y desde luego también un asesinato político, puede atribuirse a ese actor político que se encubre tras la noción de crimen organizado, que en la jerga oficial quiere decir “los cárteles” y no la mafia de ultraderecha en el poder (como lo entienden miles de mexicanos), y minimizarse como un delito más, desprovisto de la gravedad que tiene, en el que los culpables no tienen rostro ni nombre, y jamás serán procesados, por mucho que se señale después en alguna patraña de investigación a presuntos sicarios: como ahora precisamente se pretende hacer.

La reacción del gobierno de facto de Felipe Calderón, del vocero del Departamento de Estado estadunidense, de la mayor parte de los medios mexicanos y de la gran prensa de derecha internacional ante el crimen, atribuyéndolo de inmediato, y sin que hubiera mediado investigación alguna, al crimen organizado, pretendiendo decir al narcotráfico, no hace más que alimentar las sospechas. Las fotos del crimen, publicadas por el diario Por Esto de Mérida el jueves 1º presentan el escenario de una ejecución como la de Huitzilac en 1927, que no pudo haber sida cometida sino por una fuerza disciplinada y profundamente organizada.

La presunción de que alguno de los cárteles pudiera haber estado atrás de este asesinato no le quita, por otra parte, al mismo su carácter político, pues las organizaciones de narcotraficantes son antes que nada organizaciones políticas, que se mueven en estrecha relación con el poder, y como se ha visto en los últimos meses, varias de ellas se hallan vinculadas a partidos políticos.

La reacción inmediata de la cúpula del PRI ante los hechos da empero evidencia de una muy clara lectura de los priístas sobre lo acontecido, pues no escondieron su agravio ni la responsabilidad que atribuyen a Calderón por lo ocurrido: desde el clima político generado por éste a fin de romper su alianza estratégica con el Revolucionario Institucional –que llegó a sus extremos con las escuchas telefónicas de junio–, como por lo que vino tras los hechos mismos. El llamado televisivo de Calderón a una tregua, formulado el martes 29 a las 9 horas, es decir a la misma hora en que se iniciaba la reunión en duelo de la cúpula priísta en Ciudad Victoria, no hizo otra cosa que propiciar la mayor andanada de descalificaciones del PAN hacia el PRI en todos estos años de crisis de la unión.

El cónclave del PRI, reunido en Ciudad Victoria, y en el que estuvieron presentes los gobernadores priístas, respondió por voz de Beatriz Paredes (presidenta del CEN priísta), señalándole a Calderón que el Institucional ha estado siempre abierto al diálogo pero con liderazgos legítimos, y le recordó, por cuarta o quinta ocasión, su origen espurio subrayándole que su llegada a la silla presidencial fue posible por el Institucional, que le dio el quórum en la sesión del Congreso del 1º de diciembre de 2006 para que pudiera acceder al cargo a pesar de lo acontecido en las elecciones, rechazando la que llamó su estrategia política de lucro con la tragedia, a lo que se sucedieron los señalamientos de decenas de dirigentes priístas calificando al titular de facto del Ejecutivo federal de oportunista y simulador.

Al margen del cinismo de la posición del PRI, que pretende haber actuado en 2006 con civilidad, para lograr nada menos que la consumación del fraude electoral hecho a millones de mexicanos, resalta la acusación de ilegítimo, formulada por el que era su principal aliado, a quien ha sido además a lo largo de todos estos años el responsable de ahondar las políticas de entrega de los recursos estratégicos de México al extranjero.

La estrategia electoralista de Los Pinos de pretender lucrar con el crimen político, convocando por enésima ocasión a un supuesto diálogo a las fuerzas de la oposición, quedó así una vez más desenmascarada, pues los únicos entusiastas en apoyarla, junto con los líderes del Verde y del Panal, fueron Jesús Ortega y los demás integrantes chuchistas de la cúpula del PRD, que parece hundirse cada vez más en la infamia.

La patética debacle del gobierno calderonista es absoluta, y no va a ser con la propaganda televisiva como se va a sacar al país de la gravísima crisis en la que se halla, sino con un profundo cambio de las políticas actuales.

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(Luis Javier Garrido. La Jornada, viernes 2 de julio de 2010)

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