Ricardo Benjamín Salinas Pliego —el Tío Richi, como se autodenomina to himself; la Tía Eva (por evasor), como le dicen otros, los zurdos de mierda, según frase plagiada estúpidamente por Salinas al payaso Milei—, ya sabía que había llegado al fondo de la cueva de Alí Babá y no tenía para dónde hacerse. Ya no le quedaban cartas bajo la manga: sus compinches (los adn40 ladrones) ya no estaban en la SCJN.
Una luz morada venida de Hacienda le había indicado que sí o sí tenía que pagar la deuda fiscal, misma que ya había cumplido la edad necesaria para tramitar la credencial del INE.
“Ni modo, a soltar la marmaja”, aceptó el empresario mientras vacacionaba lejos del mundanal rüido.
Paty Chapoy fue testigo de que aquel hombre hecho en la corrupción y la impunidad finalmente mostró carne, hueso, dolor y blasfemias como cualquier hijo de vecino, y ventaneó una lágrima que bajó por el rostro del tal Richi, pero que se detuvo en los dientes de caballo del ínclito patán.
Ricardo Benjamín no quiso dejar pasar la oportunidad de pasarse por el arco del triunfo el ultimátum que le impuso el SAT (Copelas o cuello, por sus siglas en mandarín antiguo de la provincia de Shánxico) y este 29 de enero —seis días después del 23 de enero, que le marcó el SAT como fecha fatal para que liquidara lo que le quita el gobierno— sus representantes llegaron como verdaderas magdalenas (si pan: blanditos y pachoncitos, si ícono religioso: llorando a moco tendido) y le entregaron a la administración tributaria del país 10,400 millones de pesos, en lugar de los 32 mil millones que debía cubrir la Tía Eva (ya con el 39% de descuento).
A pesar del retraso y de que Salinas sólo pagó una parte, el SAT le respetó el descuento y la propuesta de que los casi 20 mil millones de pesos que faltan los pagará en 18 abonos chiquititos. ¿Mensuales? ¿Anuales? Quién sabe, pero ya eso será lo de menos: el chiste es que la Tía Eva dobló sus manitas y fue humillada, como dicen ahora en las redes. Bien pueden darle otros 18 años para que liquide el resto.
Como se ve: éste parecería ser un triunfo pírrico para el gobierno, por decir lo menos, después de tanta saliva, tinta y odio mediático para convertir al empresario en un monstruo, pues al final, haiga sido como haiga sido, impuso sus condiciones y fue tratado como un enemigo fraterno. Más fraterno que enemigo, por cierto...
Qué cosas, ¿no?

