Trova y algo más...

martes, 7 de agosto de 2012

Lo que Ana ve...

(Para escuchar el video hay que pedirle permiso al Silvio, allá abajo, y ponerlo e pausa).





Esto no se celebra... se recuerda para no olvidarlo...


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"Lo que Ana ve" (Grupo Revolver)


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Ana tiene un mensaje pintado de azul en el ojo derecho

Ana tiene un mal día grabado en los labios partidos, por cierto

Ana tiene un secreto que no sabe nadie aunque no es un secreto

Y un día cualquiera es el último día, y un día de estos



Ana cree que el mundo es enorme pero no lo bastante

a Ana le engañan diciendo si te vas no tardaré en encontarte

Ana no tiene claro a partir de cuándo todo se volvió negro

o cuando escupía diciendo tu vida será puro miedo



Abrir las alas y volar dejarlo todo sin hacer

y largarse pronto con lo puesto

quién quiere ver lo que Ana ve una noche otra también

la vida es bella pero quién quiere ver lo que Ana vé



Y dónde puedes ir cuando tu sabes bien que irá a por ti

como vas a gritar si sabes que nadie te escuchará

todos dirán vaya exageración no será tanto no

mientras esculpe a golpe de puño su nombre eb tus huesos

mientras te tapa la boca y te aplasta un cigarro en el pecho



Abrir las alas y volar dejarlo todo sin hacer

y largarse pronto con lo puesto

quién quiere ver lo que Ana ve una noche otra también

la vida es bella pero quién quiere ver lo que Ana vé



Abrir las alas y volar dejarlo todo sin hacer

y largarse pronto con lo puesto

quién quiere ver lo que Ana ve una noche otra también

la vida es bella pero quién quiere ver lo que Ana vé



Recuerda que dijo antes muerta que viva

con otro ni en sueños

o cuando esculpía a golpe de puño

su nombre eb tus huesos



Abrir las alas y volar dejarlo todo sin hacer

y largarse pronto con lo puesto

quién quiere ver lo que Ana ve una noche otra también

la vida es bella pero quién quiere ver lo que Ana vé



Abrir las alas y volar dejarlo todo sin hacer

y largarse pronto con lo puesto

quién quiere ver lo que Ana ve una noche otra también

la vida es bella pero quién quiere ver lo que Ana ve...



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Ser macho no es bueno para la edad...



En un estudio con moscas de la fruta científicos descubrieron una clave de por qué, en promedio, las mujeres suelen tener vidas más longevas que los hombres.

El estudio, publicado en Current Biology, encontró mutaciones en el ADN mitocondrial que parecen marcar la diferencia en la longevidad de mujeres y hombres. La mitocondria se hereda solo de las madres, nunca de los padres, así que no existe la forma de eliminar las mutaciones que dañan la perspectiva de vida de los hombres.

Sin embargo, los expertos subrayan que hay varios otros factores que pueden explicar la diferencia en la longevidad. Y esto no solo ocurre con humanos. En muchas otras especies, las hembras también viven más que los machos. En la investigación, los científicos de la Universidad Monash en Australia y la Universidad de Lancaster, Inglaterra, analizaron la mitocondria de 13 grupos distintos de moscas de la fruta machos y hembras.

La mitocondria, que existe en casi todas las células animales, se encarga de convertir alimento en energía para el organismo.

El doctor Damian Dowling, uno de los investigadores, explica que los resultados mostraron numerosas mutaciones dentro del ADN mitocondrial que afectan cuánto viven los machos y la velocidad con que envejecen. "Es fascinante observar que estas mismas mutaciones no tienen efectos en los patrones de envejecimiento de las hembras", afirma.

"Todos los animales poseen mitocondria, y la tendencia de las hembras de vivir más que los machos es común en muchas especies diferentes, por lo tanto, nuestros resultados sugieren que las mutaciones mitocondriales que descubrimos por lo general causarán un envejecimiento más rápido en los machos de todo el reino animal".

Los científicos creen que esto se debe a que debido a que la mitocondria solo se hereda con las hembras, no hay razones evolutivas por las cuales las fallas que afectan a los machos puedan ser erradicadas.

"Si ocurre una mutación mitocondrial que daña a los padres, pero no tiene efecto en las madres, esta mutación pasará desapercibida e inadvertida por la selección natural". "Durante miles de generaciones se han acumulado muchas mutaciones de este tipo que dañan solo a los machos y dejan a las hembras intactas", explica el investigador.

Tom Kirkwood, profesor de envejecimiento de la Universidad de Newcastle, Inglaterra, afirma que el estudio es "interesante".

"Quizás esto nos está mostrando algo importante sobre la mitocondria y la diferencia entre machos y hembras en la mosca de la fruta", dice el investigador.

"Y sabemos que la mitocondria es importante en el envejecimiento de varias especies".

"Pero hay varias otras cosas que sabemos que influyen en la longevidad, como el estilo de vida, los factores sociales y conductuales", señaló. 


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(revistafucsia)

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Universidad de Sonora: maestros que entusiasman…



La grandeza de las instituciones no radica en la inmensidad de sus edificios, sino en la fortaleza intelectual de los individuos que las integran, y la Universidad de Sonora, el mayor patrimonio cultural de los sonorenses, la institución por excelencia, no es una excepción.
 
Hacia la celebración de su 70 aniversario, partir de hoy recogeremos aquí 70 fragmentos de la historia de la máxima casa de estudios de Sonora, una historia hecha de vida y de vivencias, de esfuerzo y esperanzas, de funciones sustantivas y de sueños sin fin.
 
Como primera entrega, a continuación aparecen fragmentos del discurso ofrecido por el maestro Jesús Rubén Garcilaso Pérez, a nombre de los profesores, trabajadores e investigadores que recibieron diploma en la ceremonia del Trabajador Distinguido, realizada el 25 de noviembre de 1997:
 

Es un orgullo para mí, no solamente el haber sido designado por parte de la Universidad como Profesor Distinguido, sino también el que se me haya solicitado dirigir unas palabras a nombre mío y de mis compañeros que este día recibieron un nombramiento semejante.
 
Ciertamente, la docencia es una labor que a mí me apasionó desde los primeros años de mi vida. La docencia que es una de las funciones sustantivas de la Universidad, por medio de la cual se forma a los profesionistas que van a desempeñar después en la sociedad una gran diversidad de funciones.
 
En la Universidad se forman los licenciados que irán después a litigar, que irán a defender o irán a atacar. En la Universidad se forman los arquitectos que irán a diseñar y a construir casas, edificios y puentes. En la Universidad se forman los economistas que irán después a definir políticas económicas para mejor aprovechar los recursos del pueblo. En fin, todos los profesionistas que después en la sociedad desempeñarán una función van a pasar por las aulas universitarias y van a tratar de aprender de sus maestros algo que les sirva para después desempeñar esas funciones con el mayor conocimiento y la mayor seriedad y responsabilidad.
 
Cuando yo era joven tenía mi grupo de amigos, y en el grupo había un compañero a quien le gustaba pensar sobre qué sería de cada uno de los del grupo después de veinte o treinta años de vida. Ese compañero tenía un librito o una carpeta en la cual se puso a anotar, y decía: “Fulano de tal… sospecho que dentro de 25 años va a ser tal cosa, va a ser tal profesionista y va a trabajar en esto”. Uno por uno fue repasando a todos los compañeros del grupo. ¿Era intuición, era adivinación, era deseo, o tal vez, lo más probable, un simple juego? No lo sé.
 
Cuando este compañero terminó de definir lo que, según él sospechaba, iban a ser todos los del grupo, lo forzamos a que nos comunicara qué era lo que había escrito para cada uno de nosotros. Cuando llegó a mi nombre, leyó: “Jesús, después de 25 años, va a trabajar como maestro universitario, y va a ser un buen maestro”. ¡Qué curioso!
 
En realidad, no sé qué habrá sido de los demás pertenecientes al grupo, porque después de tantos años, pierde uno la pista de la mayoría de sus amigos, pero en cuanto a mí, sí le atinó. Soy maestro. Siempre he sido maestro. Me precio de ser maestro. Me gusta ser maestro, y tengo orgullo de ser maestro y siempre he querido y he pretendido ser un buen maestro.
 
En ocasiones pregunto a mis alumnos, y lo hice precisamente en mi clase de esta mañana, sabiendo que más tarde iba a decir ante ustedes unas palabras,” ¿Qué cualidades creen ustedes que debe tener un maestro para ser un buen maestro?” La mayoría, inmediatamente responde: “Que sepa su materia”. Otro por allá dice: “Que no falte a clase nunca”. Otros por allá dicen cosas. Entonces les digo: “Oigan esto, por favor”.
 
Les voy a contar lo que respondió un Premio Nobel, el Dr. Thomas Hunt Morgan, padre de la genética moderna, ya fallecido, cuando le preguntaron qué le había hecho entusiasmarse por la genética, qué había sido lo que le hizo dedicarse a la genética. La pregunta se la hicieron después de recibir el Premio Nobel.
 
La respuesta fue: “Cuando yo era estudiante, teníamos un maestro que no era muy brillante, tal vez no muy inteligente; un maestro que no podía ni siquiera resolver problemas que venían en el libro de texto, pero que sin embargo nos comunicaba un entusiasmo y un cariño muy grande por la genética, un cariño y entusiasmo no sólo de palabra, sino de corazón, para que con ese entusiasmo nosotros fuéramos a estudiar y a resolver esos problemas. A él le debo el haberme entusiasmado por la genética, el haber trabajado arduamente en la genética hasta llegar a obtener este premio que se me ha otorgado, el Nobel”.
 
Entonces les digo yo a mis alumnos. “Fíjense cómo un Premio Nobel valora más en el maestro el entusiasmo, el cariño por su materia, que no necesariamente sus conocimientos”.
 
Cuando a otro personaje de la bioquímica, Premio Nobel, Hans Krebs, lo visitaban, asombraba a todo mundo que un personaje tan ilustre, un científico tan connotado, no tuviera suficiente espacio donde recibir dignamente a los visitantes, pues su oficina era muy chiquita, pero llena de libros, donde trabajaba y desenvolvía ese entusiasmo tan grande y esa inteligencia tan grande por la bioquímica que lo hizo conquistar el Premio Nobel.
 
A mis alumnos siempre les digo eso: “No necesariamente busquen en el maestro que sepa mucho, mucho, extraordinariamente mucho de su materia; claro que debe saber la materia, claro que es fundamental, y es fundamental que el maestro continuamente se esté actualizando en su materia, aún aquellos que ya somos viejos. Busquen quienes los ayuden a enamorarse de sus materias. Eso es, que les diga que su materia es de las más importantes, que su materia les va a llenar su vida de profesionistas, de tal manera que no sólo les va a ser útil para el ejercicio de su profesión, sino que les va a llegar al corazón, de donde partirá el entusiasmo para profundizar en la materia. Traten de ver en sus maestros la vivencia real de la materia. Esto es más importante que el que necesariamente les sepa resolver todos los problemas”.
 
Creo que esta es una lección muy grande. Hace muchos años que leí esa anécdota del doctor Morgan, y aprendí la lección de cómo tratar de ser un buen maestro.
 
Tal vez no haya podido resolver muchos problemas difíciles de la bioquímica, pero me enorgullezco, ciertamente me enorgullezco, de haber tenido alumnos que se entusiasmaron por la materia, que se entusiasmaron por la bioquímica, y que después siguieron estudiándola y superaron al maestro, y que ahora cultivan la disciplina en centros de investigación como el DIPA, el CIAD, el DICTUS, y que han tomado el estandarte de la bioquímica con el mismo o mayor entusiasmo que el que traté de comunicarles.
 
Alumnos que ahora son directivos de la Universidad o que son simplemente profesores de diversas materias en la misma universidad donde yo les enseñé bioquímica. Doctores en bioquímica, directivos de la Universidad, profesores que fueron alumnos míos, que gracias a Dios me recuerdan con cariño, y a todos los cuales llevo yo para siempre en mi corazón.
 
Muchas gracias.



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Jesús Rubén Garcilaso Pérez fue profesor investigador de la Universidad de Sonora durante 36 años, adscrito al Departamento de Ciencias Químico Biológicas.

Originario de Puebla, Garcilaso Pérez estudió la carrera de Biología y obtuvo la Maestría en Ciencias con especialidad en Bioquímica por la Marquette University de Milwaukee, Wisconsin, Estados Unidos.

Llegó a Hermosillo el 25 de agosto de 1970 a dar clases por un año en la Escuela de Ciencias Químicas de la Universidad de Sonora… y aquí se quedó: falleció el 12 de diciembre de 2006.


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(Fuente: http://www.revistauniversidad.uson.mx/revistas/19-19articulo%2011.pdf y el libro De Bioquímica y algo más, de la autoría del Maestro Garcilaso).


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lunes, 6 de agosto de 2012

Hoy... hace 67 años...

Little Boy


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El Enola Gay sobrevolaba la ciudad de Hiroshima. El capitán Paul Tibbets, el copiloto Robert Lewis, y el artillero Bob Caron, estaban a cargo de la operación. Se encontraban en posición; eran justo las 08:15 hora local del 6 de agosto de 1945. Soltaron la carga. La bomba “Little Boy” duró en el aire 55 segundos y explotó. “Dios mío ¿Qué hemos hecho?”, dijo Lewis mientras que la aeronave cortaba el cielo a máxima velocidad.

El aire con más de un millón de grados centígrados se convirtió en una bola de fuego que se expandía por toda la zona devorando todo a su paso. Más de 12 kilómetros a la redonda fueron destruidos.

Las cifras son variadas, de 70 mil a 140 mil personas fallecieron; 30 o 40 por ciento de los habitantes murieron inmediatamente; los otros, con quemaduras y mutilados murieron sin ser atendidos. El arma letal había caído sobre la zona de hospitales, asesinando a los doctores, enfermeras y personal que hubiera socorrido a las víctimas.

Horas después, desde la Casa Blanca, el presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman, dio su anuncio:

“Los japoneses comenzaron la guerra desde el aire en Pearl Harbor. Ahora les hemos devuelto el golpe multiplicado. Con esta bomba hemos añadido un nuevo y revolucionario incremento en destrucción a fin de aumentar el creciente poder de nuestras fuerzas armadas. En su forma actual, estas bombas se están produciendo. Incluso están en desarrollo otras más potentes. [...] Ahora estamos preparados para arrasar más rápida y completamente toda la fuerza productiva japonesa que se encuentre en cualquier ciudad. Vamos a destruir sus muelles, sus fábricas y sus comunicaciones. No nos engañemos, vamos a destruir completamente el poder de Japón para hacer la guerra. [...] El 26 de julio publicamos en Potsdam un ultimátum para evitar la destrucción total del pueblo japonés. Sus dirigentes rechazaron el ultimátum inmediatamente. Si no aceptan nuestras condiciones pueden esperar una lluvia de destrucción desde el aire como la que nunca se ha visto en esta tierra”.

Tres días después, Estados Unidos volvió a atacar, dejando caer la bomba “Fat Man” sobre Nagasaki, matando un estimado de 80 mil personas.

La bomba atómica, nombrada “Trinity” fue probada el 16 de julio de 1945 en el desierto para ensayos cerca de Alamogordo, Nuevo México. La bomba utilizaba plutonio como material fisionable, igual que la lanzada más tarde sobre Nagasaki. Esta prueba fue la culminación de años de investigaciones de EU, con la bandera del denominado “Proyecto Manhattan”, el programa de desarrollo del arma nuclear estadounidense que se había iniciado en enero de 1939, a cargo de un grupo de científicos de las universidades de Columbia, Princeton y California.

El desarrollo de Trinity se remonta a 1939, cuando el físico de origen húngaro Leo Szilard visitó a Einstein para comunicarle las presuntas intenciones del régimen nazi de desarrollar un arma atómica, por lo que le solicitaba al Nobel hacer uso de su prestigio para convencer al presidente de EU, Franklin D. Roosevelt, de la importancia de construir un artefacto nuclear. Fue así que Einstein envió una misiva al mandatario donde le explica algunas de las “bondades del uranio”.

Pero sería hasta 1941, tras el ataque a Pearl Harbor, que se conformaría el “Proyecto Manhattan”, dirigido por el general Leslie Groves y que contó con Robert Oppenheimer como responsable de los aspectos científicos. Éste último comentó:

“Ahora me he convertido en La Muerte, Destructora de Mundos”.

El “Proyecto Manhattan” tenía como fin la creación de armas nucleares antes de que Alemania las fabricara.

La prueba de fuego se realizó en 1945, cuando se llevó a cabo la detonación de la primera arma nuclear en el desierto de Nuevo México. Un grupo de científicos y militares fueron testigos de la escena y presenciaron cómo una enorme bola de fuego se elevaba sobre el horizonte. Ese día comenzó lo que se conoce como era atómica.

Se dijo que la explosión liberó una energía equivalente a cerca de 20 kilotones de TNT, creó un cráter de tres metros de profundidad y 330 metros de anchura, generó una onda de choque que pudo sentirse a una distancia de 160 kilómetros y una nube en forma de hongo de 12 kilómetros.

Desde entonces, diversos países como Estados Unidos, Pakistán y Corea del Norte han detonado gran cantidad de armas nucleares alrededor del mundo.

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La Universidad de Sonora: un amor para siempre...




Los científicos son crueles con eso que los demás mortales llamamos amor, pues lo conceptualizan casi de manera tajante, sin darnos tiempo a rebatir sus estudios con nuestras vagabundas teorías emanadas del corazón.

Por ejemplo, René Drucker Colín dice que el amor es una manifestación periférica del cerebro, en tanto que Herminia Pasantes subraya que el amor no es asunto del corazón, sino del cerebro, y agrega que tan sólo se requiere de 0.5 segundos para que este órgano segregue dopamina y que uno adopte la personalidad de Bob Ross —aquel pelochino artista gringo que daba clases de pintura por televisión— y vayamos por el mundo viendo arbolitos felices, nubecitas felices, florecitas felices y demás.

Pero el amor es el amor. Y aunque uno no sepa exactamente por qué se enamora y de qué o quién, lo que es inevitable es que tarde o temprano —vía dopamina o canción de José Alfredo— se cae en las redes de ese sentimiento virtuoso, abstracto, subjetivo y filosófico, por si fuera poco. Y así va uno por la vida recolectando amores y guardándolos en los bolsillos del alma.

Uno se enamora de sus semejantes y de las circunstancias, de los recuerdos y de lo que ellos encierran, y uno se enamora también de todo aquello que lo retroalimenta, a veces sin saberlo, y que poco a poco se va amalgamando con todo lo que uno siente y respira y camina y lo anima a ir cada día a descubrir lo maravilloso que tienen los días en una oficina, un laboratorio, un escenario, una vereda y el olor de la hierba recién cortada después de la lluvia del sábado.

Por eso no es algo extraño escuchar —o decir— que uno está enamorado de una institución como la Universidad de Sonora, de todo lo que es y lo que hace cada día en favor de una sociedad que requiere de una ciudadanía preparada, con conocimientos firmes y la sensibilidad siempre a flor de piel para que entienda las necesidades humanas de la población y al mismo tiempo ofrezca soluciones técnicas y prácticas para alcanzar mejores niveles de vida.

La Universidad de Sonora llegará este año a su 70 aniversario, y ahora mismo es poseedora de grandes fortalezas: es una institución que está en permanente desarrollo, actualizando continuamente sus planes de estudio e innovando la generación y difusión del conocimiento de calidad con procesos de gestión transparentes y eficientes, y con un amplio reconocimiento social por sus resultados y contribuciones a la región y al país, aprovechando su envidiable posición estratégica.

Está socialmente reconocido que los procesos académicos de la Universidad de Sonora giran en torno a un modelo académico innovador y flexible: sus programas educativos están centrados en el aprendizaje, aprovechan las nuevas tecnologías de la información y comunicación e incorporan competencias laborales, todo ello en un marco de alta calidad y evaluación constante, y están acreditados por organismos externos debidamente reconocidos.

Igualmente, la Universidad desarrolla programas de seguimiento, atención y formación integral de los estudiantes, ofreciéndoles opciones culturales, artísticas, deportivas y de salud, entre otras, que potencian su crecimiento personal y redundan en todos los ámbitos: profesional, familiar, social y político.

¿Y cómo no se va a enamorar el estudiante, el maestro, el trabajador de servicios, el administrativo y los funcionarios de una institución que está pendiente de los cambios en su entorno, consciente de la velocidad con la que se incrementa el acervo de conocimientos de la humanidad, pendiente de las nuevas demandas sociales, para enfocar adecuadamente los esfuerzos de todos y construir una universidad con un presente sólido y un futuro prometedor, basada en un pasado luminoso? Difícil que no suceda.

Por eso, reitero, no es algo extraño escuchar o decir que uno está enamorado de una institución como la Universidad de Sonora. Inclusive, sin saber exactamente ¿por qué nos enamoramos?, es algo que muchos sentimos por la Universidad, y casi todos lo decimos: algunos de manera abierta, y otros, con su participación diaria en los trabajos cotidianos que fortalecen cada día la presencia de la Universidad en la sociedad.

Los expertos dicen que esta pregunta de ¿por qué nos enamoramos? tiene al menos 2,500 años, pues ya se la hizo Platón y le dio una curiosa respuesta: según Luis González de Alba, Platón pensó que en el principio los humanos éramos redondos, con cuatro brazos, cuatro piernas y dos caras: una para cada lado; algunos eran varones por un lado y hembras por otro, y había quienes eran hombres o mujeres por ambos lados.

Un día la humanidad se sintió muy valiente y quiso subir al Olimpo, morada de los dioses. Zeus decidió destruirla, pero su concilio le planteó un problema: si acabas a los humanos, ¿quién nos ofrecerá sacrificios? Así que Zeus decidió dejarnos con vida, pero castigarnos partiéndonos en dos. De ahí que las mitades vaguen por el mundo buscando su mitad original.

Esto conduce al supuesto de que nadie será feliz si no encuentra a su propia mitad. O va construyendo esa otra mitad, de las muchas mitades que permite el amor, porque uno puede amar a su pareja, y en diferente nivel amar a los hijos, a los padres, a una voz radiofónica, a una artista lejana o a una institución cercana.

Así, el amor por la Universidad de Sonora —al menos para mí—es un oleaje que ni se va ni se queda, como un beso que nace en dos, se hace uno y después vuelve a dos; como un abrazo que estrecha cuerpos y ternura en la calidez maravillosa de dos seres que se sumergen uno en el otro hasta fatigarse de felicidad.

Y ese amor también permite distancias y tiempos, ausencias del cuerpo y del alma, viajes remotos que terminan siempre donde comenzaron quince años atrás o quince días o quince horas o quince segundos, sin menoscabo, sin desmoronar el alma en oscuridades infinitas, en pozas de fría negrura apenas soportable, en piedras que endurecen el corazón.

El amor que siento por la Universidad de Sonora es un jirón luminoso conformado por antiguas sonrisas, cuerpos en la noche, besos simples que desarman el rompecabezas del corazón con su aliento de otros tiempos, de otras miradas, de otro río, de otros abrazos que fertilizaron el ambiente con su olor maravilloso del origen de la felicidad.

Un amor que me permite escribir en un diario tachonado de borrones: cada día es un nuevo empezar a escribir la historia, y en cada dolor nuevo, en cada arruga, en cada suspiro que se escapa a los años del ayer queda la promesa simple de reencontrarse en un abrazo silencioso y eléctrico y tibio.

Y es por ese viejo y renovado amor que tenemos y mantenemos por la Universidad de Sonora, la máxima casa de estudios del estado, que en diario a partir de mañana publicaremos, a manera de homenaje en el marco de su 70 aniversario, 70 pequeñas cápsulas —una diaria— sobre la vida de la Universidad, aporte que finalizará el próximo 15 de octubre, día en que la alma máter abrió sus puertas al mundo, en 1942. 

Y hasta allá nos remontaremos.

Así que podemos hacer juntos ese viaje de ida y vuelta por los pasillos de la historia de nuestra amorosa Universidad.


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domingo, 5 de agosto de 2012

Tenkiuverimoch... y Piensa en mí...

(Para escuchar el video, hay que pedirle permiso al Silvio, allá abajo, y poner en pausa al Rodríguez)

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Si tienes un hondo penar piensa en mí,

si tienes ganas de llorar piensa en mí:

ya ves que venero tu imagen divina,

tu párvula boca

que siendo tan niña

me enseñó a pecar.


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Piensa en mí cuando sufras,

cuando llores también piensa en mí,

cuando quieras quitarme la vida

no la quiero para nada,

para nada me sirve sin ti...


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Piensa en mí cuando sufras,

cuando llores también piensa en mí,

cuando quieras quitarme la vida

no la queiro para nada,

para nada me sirve sin ti...


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(Autor: Agustín Lara)

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Cuando llores también piensa en mí…




Hoy murió Chavela Vargas. (Foto: Cuartoscuro)

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La cantante Chavela Vargas murió hoy a la edad de 93 años de edad, a consecuencia de una falla orgánica múltiple, derivado de problemas respiratorios.


La intérprete de canciones de corte ranchero como la “Llorona” y “En el último trago” fue internada desde hace siete días en el Hospital Inovamed, donde permaneció con un diagnóstico de “paciente grave” y con el pronóstico clínico reservado.


La presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Consuelo Sáizar Guerrero, anunció que Chavela Vargas “recibirá el martes un Homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes”.


Cierta vez, Chavela dijo: “Me iré cuando sienta que la voz me falla. Bueno, entonces no me iré sino que se me llevarán”.


 
EN MÉXICO DESDE LOS 17 AÑOS

El 15 de julio de 1919 en San Joaquín de Flores, Costa Rica, nació Isabel Vargas Lizano, mejor conocida como Chavela Vargas, una cantante que puso la música mexicana en los oídos de todo el mundo.


Radicó en México desde los 17 años, cantó en las calles hasta los 30, cuando de la mano de José Alfredo Jiménez se lanzó profesionalmente. A partir de ahí, Chavela, ya nacionalizada, se distinguió por interpretar canciones rancheras que usualmente eran cantadas por hombres y dedicadas para mujeres, además de sus atuendos masculinos (y muy mexicanos), el cigarro en la boca y la botella en la mano.


Su primer disco, publicado en 1961, incluía temas con los que se le identificaría por los siguientes 50 años, “La Llorona”, “No volveré” y “Paloma Negra”. Sus próximas producciones incluyeron corridos revolucionarios, temas en los que sólo se escuchaba la peculiar voz de Chavela acompañada de su guitarra, conciertos en vivo, algunos boleros y colaboraciones en los soundtracks de películas como “Carne Trémula” y “Babel”.


No sólo su comportamiento en el escenario daba de qué hablar, también su vida privada; en el año 2000, Chavela expresó abiertamente su homosexualidad en una entrevista para la televisión colombiana. Como lo anterior, su alcoholismo tampoco era un secreto,”durante 35 años se apoderó de ella, la destruyó como persona y como artista, y arrasó con toda una carrera de éxitos que hasta la década de los setenta le había llevado a cantar en los escenarios más importantes del mundo”, publica El País en noviembre de 1991, cuando Vargas regresaba de una larga ausencia, con 72 años y el álbum “Piensa en Mí” bajo el brazo.


El cine fue parte importante en la vida de “la dama del poncho rojo, pelo de plata y carne morena” —como la apodó Joaquín Sabina—, pues aparece en diversas películas como “Frida”, protagonizada por Salma Hayek y “Babel”, dirigida por Alejandro González Iñárritu cantando varios de sus éxitos. Además de que el cineasta Pedro Almodóvar fuera un gran admirador de la cantante, demostrándolo al poner “Somos”, canción interpretada por Chavela Vargas en su filme “Carne Trémula” y “Piensa en mí” en la película “Tacones lejanos”.


En su cumpleaños 90, el Gobierno del Distrito Federal la homenajeó y nombró ciudadana distinguida. Evento que contó con la presencia de sus amigos cercanos, como Joaquín Sabina, la cantante Eugenia León y Lila Downs, amistades con los que compartió a duetos su material “Por Mi Culpa”.


“Dos Vidas Necesito: Las verdades de Chavela”, libro que presenta las memorias de la cantante entre conversaciones con la periodista mexicana María Cortina, donde relata con ironías y humor negro sus andares.


Con 93 años, este abril del 2012, fuerte y poética, hizo “Luna Grande”, disco-libro que le da voz a diferentes poemas y versos del escritor García Lorca.


Con una discografía consolidada con más de 80 obras, éxitos inolvidables y un Grammy Latino del 2007, Chavela pasará como la Paloma Negra, que agarró por su cuenta la parranda.


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Tomado de Sinembargo.com



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