Trova y algo más...

jueves, 9 de agosto de 2012

Universidad de Sonora: una respuesta a todas las dudas mortificantes…



En el marco de la celebración de las siete décadas de la Universidad de Sonora, hemos iniciado la compilación de 70 fragmentos de la historia de la Universidad (personajes, infraestructura y hechos) en la serie “Universidad de Sonora: 70 años, 70 momentos”, de la que la presente entrega, tomada de la introducción del Primer Anuario publicado en la institución, es la número tres:

Joven, y por lo mismo llena de promesas, es la Universidad de Sonora. Se levanta airosamente hacia el noroeste de la ciudad, y es ya en la conciencia propia y en la ajena, un prestigio para el esfuerzo y para la fé que en el futuro de esta Entidad, entraña una máxima Casa de Estudios, un laboratorio de profesionistas y hombres de ciencia enmarcados en las disciplinas universitarias.

Nació la Universidad de un sueño de cultura que muchos hombres hilvanaron un día, frente a las amargas realidades de un Sonora ayuno de una preparación básica, de un esfuerzo bien logrado que diera a sus juventudes la seguridad de un mañana mejor.

Para los hombres enfermos de pesimismo, la Universidad de Sonora era solamente un sueño irrealizable, una utopía. Pero un grupo de hombres avezados a vencer obstáculos, amantes de la cultura, abanderados de toda idea grandiosa que entrañara un bien colectivo para las juventudes, se echaron a cuestas el trabajo de hacer realidad el sueño, y puesta en acción la noble idea fueron el alma del movimiento, para que luego las palabras se tornaran hechos y el dinero empezara a rodar hacia las arcas abiertas que había de llenar para realizar el proyecto.

Y fueron comerciantes, profesionistas, ganaderos, hombres de ciudad y del campo los que fincaron la base de una casa de cultura en la forma en que se empezaba a bosquejar; fueron ellos, plenos de entusiasmos y de anhelos, quienes dieron su esfuerzo y pusieron al servicio de tan noble causa tiempo, ideas y dinero.

Así empezó a surgir el proyecto y a adquirir forma poco a poco.

Hubo pesimistas que trataron de matar la idea con la profecía de todos los fracasos, pero por fortuna alentaba en los hombres de Sonora la tesonera constancia que ha sido siempre base de todos los triunfos; ellos no desmayaron, siguieron haciendo ambiente a su proyecto, siguieron abriendo brecha en los cerebros y en los corazones de los sonorenses de dentro y de fuera, robando tiempo a sus propios negocios y poniendo al servicio de la cultura de Sonora su esfuerzo, fue adquiriendo forma definitiva y vigorosa el sueño de un día. Y empezó a levantarse la Universidad, como una respuesta a todas las preguntas insidiosas, y todas las dudas mortificantes.

Fueron los hombres que formaron los primeros Comités Administrativos, los que más fuertemente lucharon, los que vencieron obstáculos, los que supieron de las amarguras de todo lo que se inicia, y deben ser ahora los que justamente deben sentirse orgullosos de ver levantarse airosamente esa hermosa realidad que es la Universidad de Sonora, de la que varias personas han dicho: “Pueden enorgullecerse los sonorenses de tener el edificio universitario más hermoso de la costa del Pacífico”.

No podemos decir aún que poseemos la mejor Universidad porque las Universidades no se improvisan, requieren tiempo, gestación difícil, levadura fuerte en juventudes estudiosas, potencia en material humano, y eso es cuestión de laboriosidad, de estudio, para que se vaya formando lentamente, como la perla en la ostra, como se elabora poco a  poco el perfume delicado en la bujeta, como se gesta todo lo que un día debe constituir obra de orgullo y fuerza.

Por eso en este Anuario, donde se concretan los datos más completos, dando en forma sintética una idea de lo que ha sido la Universidad desde su principio hasta estos días, consideramos deber de justicia formar un Cuadro de Honor con aquellos nombres que fueron los primeros en formar una lista como miembros del Comité Administrativo de la Universidad.

Porque para los días venideros en que la Universidad de Sonora tenga ya tradiciones y sea fecunda en historia, hará falta saber y agradecer quienes fueron los hombres de buena voluntad en cuyos cerebros nació la idea y en cuyo dinamismo se hizo acción el anhelo de una Universidad de Sonora.
Porque para mañana, será su obra de ejemplaridad y altura, y podrán tomar fé en su ejemplo, los que inicien cosas que parezcan imposibles.

La Universidad de Sonora es un reto para los hombres de poca fé, y una afirmación para los que saben que con esfuerzo y constancia se llega siempre hacia la meta.

De la misma manera que con justicia ocupan lugar preminente en la historia de la humanidad los hombres que han sido los primeros en barrer obstáculos en pos de una conquista, de un triunfo científico, o guerrero, así también los que lucharon para hacer del sueño de la Universidad de Sonora una hermosa realidad merecen bien de las juventudes, agradecimiento y recuerdo del pueblo que ha colaborado también para realizar conjuntamente este hermoso principio, esta base de la cultura sonorense.

La Universidad está en marcha. En breve nuevas escuelas abrirán sus puertas con perspectivas mayores para los estudiantes.

Los planes de estudio son concienzudamente discutidos antes de ser aprobados, y un espíritu de verdadera responsabilidad guía todos los actos de las personas que forman Rectoría y el Comité Administrativo.

Este primer Anuario de la Universidad de Sonora engloba en forma sintética todos aquellos aspectos que puedan ser de interés y llevar orientación a las personas interesadas en la marcha universitaria; es, puede decirse, el primer paso al que seguirá la marcha acompasada de la máxima Casa de Estudios de Sonora.

--


Fuente: Anuario de la Universidad de Sonora. Diciembre de 1945.

--
--

miércoles, 8 de agosto de 2012

Hay de historias a historias...



Mientras las televisoras se desgañitan diciendo que México ha hecho historia al calificar a la final de futbol en las Olimpiadas, en este lado del océano las cosas ya son historia podrida, una que los corifeos televisivos no se atreven a comentar ni siquiera epidérmicamente: que las cosas están tremendamente difíciles.

Como prueba está esta nota tomada de La Jornada de este día:

TORREÓN, Coah.- La madrugada de este día fueron abandonados los cadáveres de cuatro mujeres estranguladas en un campo de béisbol.

El hallazgo ocurrió alrededor de las 5:30 de la madrugada en la colonia Metalúrgica, de Torreón.

Las víctimas tenían aproximadamente entre 18 y 30 años de edad. Presumiblemente fueron estranguladas con un torniquete.

El campo de béisbol donde fueron abandonadas las víctimas está ubicado en el exterior de la sección 64 de mineros de la empresa Peñoles.
--

Como vemos: México ya hizo historia hace mucho... en el terreno de la impunidad... y lo peor es que esa historia se sigue escribiendo día a día sin que nadie solucione nada.

--
--

Las evocaciones de don Herminio...

Herminio Ahumada Ortiz

--




A principios de 1979 entrevisté a Herminio Ahumada en Hermosillo para el semanario Tiempo de Sonora y B.C., y en 1982 para la revista Impacto, de la ciudad de México. Ambas aparecen, fundidas, en mi libro Cincuenta años en esto. Del texto transcribo lo que corresponde al tema de este Capítulo:

Herminio Ahumada viste de negro. Taladra con sus ojillos que han visto tantas cosas y sacude su melena blanca de león viejo, mientras recuerda entre frases poéticas y malas palabras, las mejores páginas de su vida. Pasan a nuestro lado jóvenes ignorantes de que a la garra de este político se debe la existencia de la Universidad de Sonora, y políticos acelerados que no reconocen, en nuestro compañero de mesa, al sonorense que hizo estremecer a la Cámara de Diputados y cimbrar al país, al contestar el informe del Presidente de la República con una seca y ruda relación de los males que todavía nos agobian.

Su nombre estará ligado para siempre a nuestra Universidad. El tema emerge por sí solo:

—La creación de la Universidad de sonora en mi tiempo se nos ocurrió a sonorenses que vivíamos en la ciudad de México. ¿Cómo no se le ocurrió a uno de los hijos de la chingada que vivían aquí atender el asunto de la educación superior? Apenas pensaron en una preparatoria. Los estudiantes se iban a los Estados Unidos, bueno, los que tenían dinero, y volvían hablando un idioma que no les entendían allá ni les entendían aquí porque no era ni inglés ni español. Muchos se quedaban allá y hasta se naturalizaban gringos para gozar los privilegios de los americanos.


¿Y cómo tomó forma la idea? ¿Cómo dieron los primeros pasos?
—Yo la traía revoloteándome en la cabeza desde hacía años, y una vez me encontré a Gilberto Suárez haciendo antesala con Luis Chico Goerne, el rector de la Universidad Nacional.

¿Se lo encontró en la UNAM? ¿Y qué hacía usted allá?
—Yo era secretario del Departamento de Acción Social de la UNAM. El director era el licenciado Salvador Azuela. Suárez me dijo: ayúdame a que me reciba Chico Goerne. Él quería fundar una preparatoria que se integraría al sistema educativo. ¡Qué preparatoria ni que la chingada!, le dije, ¡vamos a crear una Universidad! El gobernador Yocupicio estaba allí, en México, hospedado en una casa de asistencia, y fui a verlo. Allí se arregló que me viniera a Sonora como magistrado pero con la condición de trabajar en la creación de la Universidad.

¿Hubo quiénes se opusieron a ese proyecto?
—Ah, sí, se oponían algunos, entre ellos, ese periodista que acaba de morir, que en paz descanse, Healy.

¿Don José Healy?
—Sí, Healy, nos echó mucho; y el mismo Ernesto Uruchurtu, en México. Y también se oponía, y no me lo van a creer, mi suegro, José Vasconcelos. Yo iba a Arizona a verlo, porque él no podía cruzar la frontera.

¿Seguía desterrado todavía en tiempos de Cárdenas?
—Sí, porque Cárdenas apenas comenzaba a quitarse la tutela de los callistas. Yo iba a verlo los fines de semana. Y ya con la aprobación de Yocupicio, procuré interesarlo en que participara en el proyecto. ¿Qué no es usted magistrado?, me dijo, ¡pues dedíquese a dictar sentencias! ¿Qué es eso de fundar una Universidad? Los pendejos de sus coterráneos, los sonorenses, no saben hacer primarias, ¡menos una Universidad! No, le dije, si ya está formado un Comité Administrativo y hay una ley.

¿A quiénes recuerda como miembros de ese Comité?
—Pues al frente estaba el doctor Domingo Olivares, y este ricachón… Carlos Tapia; y Felipe Ceceña Seldner, así, otros adinerados, todos muy chingones.

Bueno, usted convenció a Vasconcelos de que viniera a Sonora. ¿Cómo pasó la frontera?
—Pues ya con el convencimiento de Vasconcelos vine a ver a Yocupicio y le di el mensaje de mi suegro: “Yo no quiero comprometerlo, por eso le pido que hable con el general Cárdenas a ver si me permite entrar”. El indio (Yocupicio) me contestó: “Dígale al licenciado Vasconcelos que para entrar a Sonora nadie tiene que pedir permiso, es un Estado soberano, dígale que yo lo invito a venir”.


---


El 10 de agosto de 1938, en un fogoso discurso ofrecido en el recinto del Poder Legislativo ante funcionarios, vecinos destacados y ciudadanos en general, Herminio Ahumada habló de las escasas oportunidades para educarse de los jóvenes, de los talentos, preclaros pero pocos, surgidos de Sonora, y de la urgencia, en fin, de crear la Universidad:

Si queremos transformar el medio ambiente nacional, si queremos cambiar el sino de nuestra historia, eduquemos a nuestra juventud. Para ello es necesario, por lo menos, que contemos con una Universidad de Sonora hecha con el esfuerzo, con el sacrificio de cada uno de sus hijos. Universidad de Sonora, viejo anhelo romántico de mis años estudiantiles, santo anhelo que hoy veo surgir apenas como un intento y que mañana será realidad, hermosa realidad que premie el esfuerzo unánime de los hombres desinteresados que en la junta de esta noche memorable, han sabido marcar en los anales de nuestra provincia, la fecha más gloriosa en su historia contemporánea, porque en ella se inicia una conquista que abrirá, ante la conciencia de nuestros hermanos, horizontes de luz que presagian un triunfo de paz y de trabajo; una victoria grande en su modestia; magnífica en su humanidad, victoria sin intrigas mezquinas ni simulaciones políticas; victoria sin espada y sin antorchados; triunfo de la cultura, triunfo del espíritu.



--


Fuente: Carlos Moncada Ochoa. Historia General de la Universidad de Sonora. Tomo I.


--
--

martes, 7 de agosto de 2012

Lo que Ana ve...

(Para escuchar el video hay que pedirle permiso al Silvio, allá abajo, y ponerlo e pausa).





Esto no se celebra... se recuerda para no olvidarlo...


--


"Lo que Ana ve" (Grupo Revolver)


-.-


Ana tiene un mensaje pintado de azul en el ojo derecho

Ana tiene un mal día grabado en los labios partidos, por cierto

Ana tiene un secreto que no sabe nadie aunque no es un secreto

Y un día cualquiera es el último día, y un día de estos



Ana cree que el mundo es enorme pero no lo bastante

a Ana le engañan diciendo si te vas no tardaré en encontarte

Ana no tiene claro a partir de cuándo todo se volvió negro

o cuando escupía diciendo tu vida será puro miedo



Abrir las alas y volar dejarlo todo sin hacer

y largarse pronto con lo puesto

quién quiere ver lo que Ana ve una noche otra también

la vida es bella pero quién quiere ver lo que Ana vé



Y dónde puedes ir cuando tu sabes bien que irá a por ti

como vas a gritar si sabes que nadie te escuchará

todos dirán vaya exageración no será tanto no

mientras esculpe a golpe de puño su nombre eb tus huesos

mientras te tapa la boca y te aplasta un cigarro en el pecho



Abrir las alas y volar dejarlo todo sin hacer

y largarse pronto con lo puesto

quién quiere ver lo que Ana ve una noche otra también

la vida es bella pero quién quiere ver lo que Ana vé



Abrir las alas y volar dejarlo todo sin hacer

y largarse pronto con lo puesto

quién quiere ver lo que Ana ve una noche otra también

la vida es bella pero quién quiere ver lo que Ana vé



Recuerda que dijo antes muerta que viva

con otro ni en sueños

o cuando esculpía a golpe de puño

su nombre eb tus huesos



Abrir las alas y volar dejarlo todo sin hacer

y largarse pronto con lo puesto

quién quiere ver lo que Ana ve una noche otra también

la vida es bella pero quién quiere ver lo que Ana vé



Abrir las alas y volar dejarlo todo sin hacer

y largarse pronto con lo puesto

quién quiere ver lo que Ana ve una noche otra también

la vida es bella pero quién quiere ver lo que Ana ve...



--
--

Ser macho no es bueno para la edad...



En un estudio con moscas de la fruta científicos descubrieron una clave de por qué, en promedio, las mujeres suelen tener vidas más longevas que los hombres.

El estudio, publicado en Current Biology, encontró mutaciones en el ADN mitocondrial que parecen marcar la diferencia en la longevidad de mujeres y hombres. La mitocondria se hereda solo de las madres, nunca de los padres, así que no existe la forma de eliminar las mutaciones que dañan la perspectiva de vida de los hombres.

Sin embargo, los expertos subrayan que hay varios otros factores que pueden explicar la diferencia en la longevidad. Y esto no solo ocurre con humanos. En muchas otras especies, las hembras también viven más que los machos. En la investigación, los científicos de la Universidad Monash en Australia y la Universidad de Lancaster, Inglaterra, analizaron la mitocondria de 13 grupos distintos de moscas de la fruta machos y hembras.

La mitocondria, que existe en casi todas las células animales, se encarga de convertir alimento en energía para el organismo.

El doctor Damian Dowling, uno de los investigadores, explica que los resultados mostraron numerosas mutaciones dentro del ADN mitocondrial que afectan cuánto viven los machos y la velocidad con que envejecen. "Es fascinante observar que estas mismas mutaciones no tienen efectos en los patrones de envejecimiento de las hembras", afirma.

"Todos los animales poseen mitocondria, y la tendencia de las hembras de vivir más que los machos es común en muchas especies diferentes, por lo tanto, nuestros resultados sugieren que las mutaciones mitocondriales que descubrimos por lo general causarán un envejecimiento más rápido en los machos de todo el reino animal".

Los científicos creen que esto se debe a que debido a que la mitocondria solo se hereda con las hembras, no hay razones evolutivas por las cuales las fallas que afectan a los machos puedan ser erradicadas.

"Si ocurre una mutación mitocondrial que daña a los padres, pero no tiene efecto en las madres, esta mutación pasará desapercibida e inadvertida por la selección natural". "Durante miles de generaciones se han acumulado muchas mutaciones de este tipo que dañan solo a los machos y dejan a las hembras intactas", explica el investigador.

Tom Kirkwood, profesor de envejecimiento de la Universidad de Newcastle, Inglaterra, afirma que el estudio es "interesante".

"Quizás esto nos está mostrando algo importante sobre la mitocondria y la diferencia entre machos y hembras en la mosca de la fruta", dice el investigador.

"Y sabemos que la mitocondria es importante en el envejecimiento de varias especies".

"Pero hay varias otras cosas que sabemos que influyen en la longevidad, como el estilo de vida, los factores sociales y conductuales", señaló. 


--

(revistafucsia)

--

--



Universidad de Sonora: maestros que entusiasman…



La grandeza de las instituciones no radica en la inmensidad de sus edificios, sino en la fortaleza intelectual de los individuos que las integran, y la Universidad de Sonora, el mayor patrimonio cultural de los sonorenses, la institución por excelencia, no es una excepción.
 
Hacia la celebración de su 70 aniversario, partir de hoy recogeremos aquí 70 fragmentos de la historia de la máxima casa de estudios de Sonora, una historia hecha de vida y de vivencias, de esfuerzo y esperanzas, de funciones sustantivas y de sueños sin fin.
 
Como primera entrega, a continuación aparecen fragmentos del discurso ofrecido por el maestro Jesús Rubén Garcilaso Pérez, a nombre de los profesores, trabajadores e investigadores que recibieron diploma en la ceremonia del Trabajador Distinguido, realizada el 25 de noviembre de 1997:
 

Es un orgullo para mí, no solamente el haber sido designado por parte de la Universidad como Profesor Distinguido, sino también el que se me haya solicitado dirigir unas palabras a nombre mío y de mis compañeros que este día recibieron un nombramiento semejante.
 
Ciertamente, la docencia es una labor que a mí me apasionó desde los primeros años de mi vida. La docencia que es una de las funciones sustantivas de la Universidad, por medio de la cual se forma a los profesionistas que van a desempeñar después en la sociedad una gran diversidad de funciones.
 
En la Universidad se forman los licenciados que irán después a litigar, que irán a defender o irán a atacar. En la Universidad se forman los arquitectos que irán a diseñar y a construir casas, edificios y puentes. En la Universidad se forman los economistas que irán después a definir políticas económicas para mejor aprovechar los recursos del pueblo. En fin, todos los profesionistas que después en la sociedad desempeñarán una función van a pasar por las aulas universitarias y van a tratar de aprender de sus maestros algo que les sirva para después desempeñar esas funciones con el mayor conocimiento y la mayor seriedad y responsabilidad.
 
Cuando yo era joven tenía mi grupo de amigos, y en el grupo había un compañero a quien le gustaba pensar sobre qué sería de cada uno de los del grupo después de veinte o treinta años de vida. Ese compañero tenía un librito o una carpeta en la cual se puso a anotar, y decía: “Fulano de tal… sospecho que dentro de 25 años va a ser tal cosa, va a ser tal profesionista y va a trabajar en esto”. Uno por uno fue repasando a todos los compañeros del grupo. ¿Era intuición, era adivinación, era deseo, o tal vez, lo más probable, un simple juego? No lo sé.
 
Cuando este compañero terminó de definir lo que, según él sospechaba, iban a ser todos los del grupo, lo forzamos a que nos comunicara qué era lo que había escrito para cada uno de nosotros. Cuando llegó a mi nombre, leyó: “Jesús, después de 25 años, va a trabajar como maestro universitario, y va a ser un buen maestro”. ¡Qué curioso!
 
En realidad, no sé qué habrá sido de los demás pertenecientes al grupo, porque después de tantos años, pierde uno la pista de la mayoría de sus amigos, pero en cuanto a mí, sí le atinó. Soy maestro. Siempre he sido maestro. Me precio de ser maestro. Me gusta ser maestro, y tengo orgullo de ser maestro y siempre he querido y he pretendido ser un buen maestro.
 
En ocasiones pregunto a mis alumnos, y lo hice precisamente en mi clase de esta mañana, sabiendo que más tarde iba a decir ante ustedes unas palabras,” ¿Qué cualidades creen ustedes que debe tener un maestro para ser un buen maestro?” La mayoría, inmediatamente responde: “Que sepa su materia”. Otro por allá dice: “Que no falte a clase nunca”. Otros por allá dicen cosas. Entonces les digo: “Oigan esto, por favor”.
 
Les voy a contar lo que respondió un Premio Nobel, el Dr. Thomas Hunt Morgan, padre de la genética moderna, ya fallecido, cuando le preguntaron qué le había hecho entusiasmarse por la genética, qué había sido lo que le hizo dedicarse a la genética. La pregunta se la hicieron después de recibir el Premio Nobel.
 
La respuesta fue: “Cuando yo era estudiante, teníamos un maestro que no era muy brillante, tal vez no muy inteligente; un maestro que no podía ni siquiera resolver problemas que venían en el libro de texto, pero que sin embargo nos comunicaba un entusiasmo y un cariño muy grande por la genética, un cariño y entusiasmo no sólo de palabra, sino de corazón, para que con ese entusiasmo nosotros fuéramos a estudiar y a resolver esos problemas. A él le debo el haberme entusiasmado por la genética, el haber trabajado arduamente en la genética hasta llegar a obtener este premio que se me ha otorgado, el Nobel”.
 
Entonces les digo yo a mis alumnos. “Fíjense cómo un Premio Nobel valora más en el maestro el entusiasmo, el cariño por su materia, que no necesariamente sus conocimientos”.
 
Cuando a otro personaje de la bioquímica, Premio Nobel, Hans Krebs, lo visitaban, asombraba a todo mundo que un personaje tan ilustre, un científico tan connotado, no tuviera suficiente espacio donde recibir dignamente a los visitantes, pues su oficina era muy chiquita, pero llena de libros, donde trabajaba y desenvolvía ese entusiasmo tan grande y esa inteligencia tan grande por la bioquímica que lo hizo conquistar el Premio Nobel.
 
A mis alumnos siempre les digo eso: “No necesariamente busquen en el maestro que sepa mucho, mucho, extraordinariamente mucho de su materia; claro que debe saber la materia, claro que es fundamental, y es fundamental que el maestro continuamente se esté actualizando en su materia, aún aquellos que ya somos viejos. Busquen quienes los ayuden a enamorarse de sus materias. Eso es, que les diga que su materia es de las más importantes, que su materia les va a llenar su vida de profesionistas, de tal manera que no sólo les va a ser útil para el ejercicio de su profesión, sino que les va a llegar al corazón, de donde partirá el entusiasmo para profundizar en la materia. Traten de ver en sus maestros la vivencia real de la materia. Esto es más importante que el que necesariamente les sepa resolver todos los problemas”.
 
Creo que esta es una lección muy grande. Hace muchos años que leí esa anécdota del doctor Morgan, y aprendí la lección de cómo tratar de ser un buen maestro.
 
Tal vez no haya podido resolver muchos problemas difíciles de la bioquímica, pero me enorgullezco, ciertamente me enorgullezco, de haber tenido alumnos que se entusiasmaron por la materia, que se entusiasmaron por la bioquímica, y que después siguieron estudiándola y superaron al maestro, y que ahora cultivan la disciplina en centros de investigación como el DIPA, el CIAD, el DICTUS, y que han tomado el estandarte de la bioquímica con el mismo o mayor entusiasmo que el que traté de comunicarles.
 
Alumnos que ahora son directivos de la Universidad o que son simplemente profesores de diversas materias en la misma universidad donde yo les enseñé bioquímica. Doctores en bioquímica, directivos de la Universidad, profesores que fueron alumnos míos, que gracias a Dios me recuerdan con cariño, y a todos los cuales llevo yo para siempre en mi corazón.
 
Muchas gracias.



-o-o-o-


Jesús Rubén Garcilaso Pérez fue profesor investigador de la Universidad de Sonora durante 36 años, adscrito al Departamento de Ciencias Químico Biológicas.

Originario de Puebla, Garcilaso Pérez estudió la carrera de Biología y obtuvo la Maestría en Ciencias con especialidad en Bioquímica por la Marquette University de Milwaukee, Wisconsin, Estados Unidos.

Llegó a Hermosillo el 25 de agosto de 1970 a dar clases por un año en la Escuela de Ciencias Químicas de la Universidad de Sonora… y aquí se quedó: falleció el 12 de diciembre de 2006.


-o-o-o-



(Fuente: http://www.revistauniversidad.uson.mx/revistas/19-19articulo%2011.pdf y el libro De Bioquímica y algo más, de la autoría del Maestro Garcilaso).


--

--

lunes, 6 de agosto de 2012

Hoy... hace 67 años...

Little Boy


-o-


El Enola Gay sobrevolaba la ciudad de Hiroshima. El capitán Paul Tibbets, el copiloto Robert Lewis, y el artillero Bob Caron, estaban a cargo de la operación. Se encontraban en posición; eran justo las 08:15 hora local del 6 de agosto de 1945. Soltaron la carga. La bomba “Little Boy” duró en el aire 55 segundos y explotó. “Dios mío ¿Qué hemos hecho?”, dijo Lewis mientras que la aeronave cortaba el cielo a máxima velocidad.

El aire con más de un millón de grados centígrados se convirtió en una bola de fuego que se expandía por toda la zona devorando todo a su paso. Más de 12 kilómetros a la redonda fueron destruidos.

Las cifras son variadas, de 70 mil a 140 mil personas fallecieron; 30 o 40 por ciento de los habitantes murieron inmediatamente; los otros, con quemaduras y mutilados murieron sin ser atendidos. El arma letal había caído sobre la zona de hospitales, asesinando a los doctores, enfermeras y personal que hubiera socorrido a las víctimas.

Horas después, desde la Casa Blanca, el presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman, dio su anuncio:

“Los japoneses comenzaron la guerra desde el aire en Pearl Harbor. Ahora les hemos devuelto el golpe multiplicado. Con esta bomba hemos añadido un nuevo y revolucionario incremento en destrucción a fin de aumentar el creciente poder de nuestras fuerzas armadas. En su forma actual, estas bombas se están produciendo. Incluso están en desarrollo otras más potentes. [...] Ahora estamos preparados para arrasar más rápida y completamente toda la fuerza productiva japonesa que se encuentre en cualquier ciudad. Vamos a destruir sus muelles, sus fábricas y sus comunicaciones. No nos engañemos, vamos a destruir completamente el poder de Japón para hacer la guerra. [...] El 26 de julio publicamos en Potsdam un ultimátum para evitar la destrucción total del pueblo japonés. Sus dirigentes rechazaron el ultimátum inmediatamente. Si no aceptan nuestras condiciones pueden esperar una lluvia de destrucción desde el aire como la que nunca se ha visto en esta tierra”.

Tres días después, Estados Unidos volvió a atacar, dejando caer la bomba “Fat Man” sobre Nagasaki, matando un estimado de 80 mil personas.

La bomba atómica, nombrada “Trinity” fue probada el 16 de julio de 1945 en el desierto para ensayos cerca de Alamogordo, Nuevo México. La bomba utilizaba plutonio como material fisionable, igual que la lanzada más tarde sobre Nagasaki. Esta prueba fue la culminación de años de investigaciones de EU, con la bandera del denominado “Proyecto Manhattan”, el programa de desarrollo del arma nuclear estadounidense que se había iniciado en enero de 1939, a cargo de un grupo de científicos de las universidades de Columbia, Princeton y California.

El desarrollo de Trinity se remonta a 1939, cuando el físico de origen húngaro Leo Szilard visitó a Einstein para comunicarle las presuntas intenciones del régimen nazi de desarrollar un arma atómica, por lo que le solicitaba al Nobel hacer uso de su prestigio para convencer al presidente de EU, Franklin D. Roosevelt, de la importancia de construir un artefacto nuclear. Fue así que Einstein envió una misiva al mandatario donde le explica algunas de las “bondades del uranio”.

Pero sería hasta 1941, tras el ataque a Pearl Harbor, que se conformaría el “Proyecto Manhattan”, dirigido por el general Leslie Groves y que contó con Robert Oppenheimer como responsable de los aspectos científicos. Éste último comentó:

“Ahora me he convertido en La Muerte, Destructora de Mundos”.

El “Proyecto Manhattan” tenía como fin la creación de armas nucleares antes de que Alemania las fabricara.

La prueba de fuego se realizó en 1945, cuando se llevó a cabo la detonación de la primera arma nuclear en el desierto de Nuevo México. Un grupo de científicos y militares fueron testigos de la escena y presenciaron cómo una enorme bola de fuego se elevaba sobre el horizonte. Ese día comenzó lo que se conoce como era atómica.

Se dijo que la explosión liberó una energía equivalente a cerca de 20 kilotones de TNT, creó un cráter de tres metros de profundidad y 330 metros de anchura, generó una onda de choque que pudo sentirse a una distancia de 160 kilómetros y una nube en forma de hongo de 12 kilómetros.

Desde entonces, diversos países como Estados Unidos, Pakistán y Corea del Norte han detonado gran cantidad de armas nucleares alrededor del mundo.

--


--

--