Trova y algo más...

jueves, 24 de marzo de 2011

Dios, en su inmensa bondad...

Les voy a compartir esta nota, nomás no le digan a mi mamá, quien de por sí ya me trae de la cola porque dice que soy un ateo malagradecido...

“Gracias a dios”, le respondo yo cada vez que me lo dice...

El caso es que un estudio que utiliza datos de censos de nueve países muestra que la religión está por extinguirse en esas naciones.

Y ya ven cómo son las modas: nomás falta que alguien haga algo para que después todo mundo lo imite... ¡uyyyy!

El caso es que la investigación encontró un aumento constante en el número de personas que afirman no tener fe alguna.

El modelo matemático utilizado por los científicos tuvo en cuenta la relación entre la cifra de entrevistados que eran religiosos y las motivaciones sociales que estos tenían.

El resultado, difundido durante la reunión de la American Physical Society (Sociedad Estadounidense de Física) en Dallas, Tejas, en Estados Unidos, indica que la religión va a morir por completo en esos países. (Y de seguro que después le darán cristiana sepultura, je).

Para la investigación se recurrió a la dinámica no lineal, que se usa para explicar una amplia gama de fenómenos físicos en los que se interconectan una serie de factores (o sea, más clara no podría ser esta explicación).

El estudio tomó datos de censos que se remontan hasta un siglo en los países en los que el censo consulta la afiliación religiosa: Australia, Austria, Canadá, la República Checa, Finlandia, Irlanda, Países Bajos, Nueva Zelanda y Suiza.

"En un gran número de democracias seculares modernas hay una tendencia popular a identificarse como no afiliados a ninguna fe. En los Países Bajos, el número fue de 40%, y la más alta que vimos fue en la República Checa, donde fue de 60%", explica Wiener.

El equipo de investigadores entonces aplicó el modelo de dinámica no lineal, ajustando los parámetros de los méritos sociales y utilitarios de los miembros de la categoría de los "no religiosos".

Descubrieron que los parámetros eran similares en todos los países estudiados, lo que sugiere —a través de la matemática— que el comportamiento era similar en todo ellos.

Y en todos los países, las indicaciones fueron que la religión se encaminaba a la extinción.

"Creo que es un resultado sugerente", dijo “El Polacas”©, miembro del equipo científico.

Y agregó, con una caguama en la mano, y abrazando a Porfirio “La Jacaranda” Jiménez, presidenta de su club de fanas: "Es interesante que un modelo bastante simple captura los datos, y si esas ideas simples son correctas, arroja resultados de lo que podría estar pasando".

"Obviamente, cualquier individuo atraviesa situaciones más complejas, pero todo eso se promedia”, puntualizó el investigador hermosillense, antes de irse a lo oscurito con "La Jacaranda", quién sabe a qué... pero de seguro que no iban a rezarle a dios... no, señor...

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Nalgas vemos, corazones no sabemos...

La nalga más famosa del tenis no es Ana Kournikova, la novia de Quique “El hígado” Iglesias, aunque podría serlo, sino Fiona Walker, pero...

Aunque tiene uno de los traseros más vistos de Reino Unido, pocas personas fuera de su círculo y trasero íntimo reconocerían el rostro de Fiona Walker. El descarado movimiento del vestido de tenis de esta británica quedó inmortalizado en el famoso póster.

La imagen se convirtió en una de las más vendidas de la tienda de pósters y almanaques Athena. Sin embargo, hay muchas sorpresas detrás de la historia.

Por ejemplo, Walker confiesa que el tenis nunca le interesó mucho y que las pelotas que se ven en la cancha en realidad las usaba ​​para tirárselas a su perro.

De todas formas, la imagen será la principal atracción de una exposición sobre el tenis como forma de arte, que tendrá lugar en la ciudad de Birmingham.

Walker, hoy de 52 años, trabaja como ilustradora freelance y tiene tres hijos.

En 1976, a los 18 años, su novio de entonces, el fotógrafo Martin Elliot, la convenció de tomarle la foto subiéndose el vestido y mostrando su trasero desnudo.

El escenario de la foto era una pista de tenis universitario en Edgbaston, Birmingham, la zona donde nació el tenis como se conoce hoy, en 1859.

Elliot le vendió la imagen del cartel a la cadena Athena y se vendieron más de dos millones de copias en todo el mundo.

Walker admite: "Creo que mis hijos le cuentan a la gente que la de la foto soy yo, pero la mayoría no les cree".

"Yo era muy ingenua, no me pagaron nada, y creo que es el póster más vendido de la historia".

Sin embargo, dice que no se arrepiente de haberlo hecho.

"Cada vez que lo veo me sonrío. Lo veo en lugares muy extraños", dice Walker.

A partir de mayo, la fotografía formará parte de una exposición en el Instituto Barber de Birmingham, cuyos organizadores afirman que será la primera exposición que abordará el tenis sobre césped desde un punto de vista artístico.

La curadora, Anne Sumner, asegura que la "Chica Tenis" es la imagen "que más se asocia con el tenis en Reino Unido".

En la exposición también se incluirán obras de los artistas LS Lowry y Stanley Spencer.

Walker cree que fue la iluminación de la fotografía lo que le dio su magia.

Además, asegura que no tenía idea en aquel momento de lo popular que llegaría a ser.

"Mi madre tiene una copia muy desgastada en lo que solía ser el estudio de mi padre y yo sólo la tengo en una postal muy pequeña".

Ella no jugaba con regularidad y tuvo que pedir prestado el vestido de tenis de un "amigo de un amigo", que luce en la foto junto con unas zapatillas de su padre y las pelotas de tenis de su perro.

"La foto tiene un lugar en la historia del tenis. Creo que Martin Elliott estaría muy orgulloso de que su foto esté en la exposición", añade.

Eso nunca lo sabremos: Elliot murió en marzo del año pasado, a los 63 años.

Lo que sí sabemos es que la foto ha inspirado a otros artistas y deportistas a retratarse de manera similar, como Pat Cash, quien dejó al aire su nalga australiana:

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miércoles, 23 de marzo de 2011

Si Colosio no hubiera muerto, ¿todavía viviría...

Yo no soy colosista. Nunca lo fui y no tengo porqué serlo ahora que la sola palabra Colosio se ha vuelto un lugar común poco afortunado que los medios de información quieren equiparar a toda costa con «honradez, justicia y honestidad», a 17 años de su violento homicidio.

Ignoro –y le otorgo el beneficio de la duda– si la palabra «Colosio» sea lo mismo que «honradez, justicia y honestidad».

El sentido común me indica que para llegar a cierta altura política –sobre todo política–, los funcionarios o candidatos encumbrados, sobre alguien deben estar parados. En tal caso, ¿eso es honradez, justicia y honestidad?

Yo no lo sé, sé –por contra– que los medios de información –la prensa– han encontrado una mina de oro en el tema «Colosio»: lo han manipulado sin pudor alguno, han jugado con el sentir del lector, lo han azuzado, utilizado en beneficio propio de la manera más burda, la del lucro particular. De ahí que vemos que sobre Colosio, se han publicado reflexiones, poemas, cartas y hasta libros absurdos de quienes ni siquiera tuvieron el humano gusto de conocer a ese hombre llamado Luis Donaldo Colosio, no al político, al orador, al aspirante a la Presidencia.

La sola palabra «Colosio» significa para la prensa la venta segura del tiraje del día.

La sola palabra significa ganancias. Ganancias que nada tienen qué ver con el valor moral de un hombre arteramente asesinado por el sistema.

Y no sólo para la prensa: también para cualquiera que aspira escalar puestos públicos que con su solo esfuerzo y capacidad jamás lograría. En fin...

Yo no soy colosista; me duele, sí, su muerte como ser humano, pero no me duele más que los cientos de chiapanecos muertos a manos del ejército o los miles de niños que cada año mueren de hambre en nuestro país o las mujeres de Juárez o loas insoportables ejecuciones del narco o las decenas de hombres anónimos que son arrollados en las calles de la patria por autos veloces y por prepotencias de quienes son elegidos precisamente para hacer valer la justicia, los derechos humanos.

Como presidente, Luis Donaldo estaría a una altura inalcanzable para cualquier mexicano común, pues sus nexos con el partido oficial y sus compromisos con hombres de empresa, particularmente las familias de «millonarios Forbes» que viven en México, poco tiempo le dejaría para atender asuntos de campesinos desposeídos, de indígenas hambrientos, iniciativas personales de artistas sin nombre, de ancianos jubilados con pensiones criminales de ciento cincuenta pesos mensuales, de cuarenta millones de mexicanos sumidos en la miseria...

Como presidente, Luis Donaldo atendería los asuntos de Televisa, que tanto apoyo le brindó a su campaña, incluso cuando sobre la plancha gélida de un hospital de Tijuana yacía sin vida, ensangrentado, inerme como un dios fatigado ante el alud de discursos, monumentos y furia manipulada que los arribistas de siempre le endilgarían como prendedor en la solapa de la historia: «Oh, Luis Donaldo, el héroe de Magdalena...»

(Los héroes, por cierto, son las personas más olvidadas, quizá las más solitarias, recurridas sólo en actos oficiales y acaso por los nomenclátores de los ayuntamientos de la nostalgia).

Como presidente, Luis Donaldo atendería a los viejos dirigentes sindicales enlamados en sus puestos vitalicios, iría a Europa, asistiría a los eventos de etiqueta, recibiría mandatarios, firmaría acuerdos en nombre de todos los mexicanos, y nosotros, «todos los mexicanos», incluyendo a sus lejanos maestros de primaria, de secundaria, de preparatoria, lo veríamos tal vez en la pantalla polvorienta de un televisor en un rincón remoto y perdido, quizá sin nombre, de esta nación que nunca duerme...

Así están dispuestas las cosas: hay ciertos asuntos, ciertas historias personales, ciertos lugares de la infancia y la adolescencia que no importan cuando se es presidente.

Y nadie duda que Luis Donaldo Colosio Murrieta hubiera sido presidente...

Cierto, nadie duda que Luis Donaldo hubiera sido presidente de México, pero a nadie –o a casi nadie– se le ha ocurrido pensar que Luis Donaldo tendría que enfrentar el caso del Cardenal Posadas, el levantamiento de Chiapas, el asesinato de Ruiz Massieu –que, de acuerdo a lo que ahora se nos informa, sería ejecutado de todas maneras–, la muerte de Diana Laura –que igual se iba a morir–, la devaluación de diciembre –que inevitablemente tendría que suceder–, el crédito de miles de millones de dólares de los Estados Unidos, el escarnio de las garantías que se exigen, la tempestad de rumores, la persecución y encarcelamiento de compañeros de partido, los golpes bajos de políticos insaciables... y que acaso no saldría bien librado.

¿Qué haría entonces para enderezar su imagen?

¿Crear la expectativa perruna contra los zapatistas? ¿«Desenmascarar» a miles de Marcos a lo largo de la República? ¿Utilizar el ejército contra sus propios conciudadanos? ¿Encarcelar a partidarios y opositores para calmar la sed de sangre de la mayoría miserable que somos...?

Nadie lo sabe, nadie lo sabrá ya más...

Me duele la muerte de Colosio como ser humano, como hombre de política que buscaba la Presidencia, como hombre común, falible, insignificante frente a las mujeres y hombres que han cambiado el curso de la historia de la humanidad, no de un país o de una región.

¿Qué es un hombre en la playa de los tiempos? Acaso un grano de arena hecho de otros granos de arena, y que en su individualidad conjunta nada son.

Su valor, su importancia la adquieren en el interactuar constante, en el deshacerse paso a paso, en el transcurrir del tiempo sembrando inteligencias, no monumentos; dejando ciudades habitables con servicios que funcionen, no calles con su nombre; empujando a las escuelas anónimas a los cientos de niños que se arriesgan a que en los cruceros de la muerte algún tipo los arrolle impunemente.

Ahí radica la importancia, el valor de los hombres, de la humanidad simple que somos, del género humano que se marchita por nuestra propia estupidez, esa especie indefensa ante la fuerza irascible de la naturaleza, esa gente que se acaba en soledad, como Luis Donaldo Colosio, un hombre simple y mortal, pequeño en sus cuarenta y cuatro años, de ahí que su muerte no fuera un «magnicidio». ¿Por qué magnicidio?

Tal vez es sólo un tecnicismo mal empleado por los aduladores de la mentira, los manipuladores de las conciencias, los voceros de la permanencia política, pero como término mal empleado es no verdadero, y no se puede buscar, exigir la «verdad» basándose en no verdades.

«Se recupera la confianza», dicen los empresarios, los dirigentes sindicales, los hombres y mujeres que tienen sus muchos intereses fincados en la banca nacional e internacional, «ya están cayendo los autores intelectuales de los crímenes de Ruiz Massieu, falta resolver el de Posadas y el de Colosio...»

Y quienes no tenemos nada, ni siquiera confianza qué recuperar, nos preguntamos «¿y los culpables de la miseria del país, de la explotación de los indígenas de Chiapas y Chihuahua, y los industriales que contaminan ríos y aire de todos, y los empresarios que envilecen sus vidas con aumentos de precios a los productos básicos, y los dirigentes parásitos y los políticos que se enriquecen a costa del sistema, esos cuándo caerán?»

Porque no se trata de encontrar un culpable para cada crimen y declarar que estamos satisfechos con la actuación del Presidente, y que recuperamos la confianza y que ahora sí le creemos, sino precisamente evitar los crímenes: no se vale transitar por la vida eliminando contrincantes para luego encontrar culpables que respondan por toda esa carga de siglos de pobreza y desesperanza que nos han marcado las facciones del alma con una resignación que poco tiene que ver con la pompa y el boato de los monumentos y las ceremonias de bautizo de calles y escuelas con el nombre de LDC.

Yo no soy colosista. No tengo por qué serlo. Entre Colosio y yo –un ser humano simple, anónimo, pobre, lleno de esperanzas, como el 95% de los mexicanos– existía un universo de distancia, que una presidencia iba a acrecentar más: así de sencillo.

Pero yo también, en esas noches tibias de este Hermosillo cada día más polvoriento, escuchando el rítmico respirar del sueño de mis hijos –a quienes nadie jamás les creará un Fideicomiso–, extrañando a mi mujer con su enorme vientre de ilusiones, sacando cuentas donde ya no bajemos ceros para que sí toque, pendiente de los ruidos de la muerte que se escurren sigilosos por la calles llenas de patrullas último modelo, esquivando los mordiscos de esos grupos de impunidad tan publicitados con perros y tanquetas; yo también veo la luz parpadeante de un México que se levanta de sus ruinas como un ave fénix iracunda y salvadora.

Yo también creo en mis hermanos y vecinos, en los habitantes de otras ciudades de mi patria que sueñan lo mismo que yo, lo mismo que leyó Colosio ante cientos de micrófonos, el mismo mensaje que tomó de Martin Luther King, la misma idea que cantó con pasión adolorida Alfredo Zitarrosa: Dice mi padre que ya llegará desde el fondo del tiempo otro tiempo y me dice que el sol brillará sobre un pueblo que él sueña labrando su verde solar..

Por eso me, aunque yo no sea colosista, aunque nunca lo haya sido, aunque nunca lo seré, me queda la duda –honesta, dentro de lo que cabe–: ¿si Colosio no hubiera muerto, todavía viviría...?

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Es hora de superar la soberbia y el centralismo...

En estos meses de intensos recorridos por todo el país, de visita a muchas comunidades, de contacto y diálogo con mi Partido y con la ciudadanía entera, me he encontrado con el México de los justos reclamos, de los antiguos agravios y de las nuevas demandas; el México de las esperanzas, el que exige respuestas, el que ya no puede esperar.

Ese es el México que nos convoca hoy; ese es el México que convoca a mi conciencia; ese es el México al que habremos de darle seguridad, al que habremos de darle rumbo en la nueva etapa del cambio.

Yo veo un México de comunidades indígenas, que no pueden esperar más a las exigencias de justicia, de dignidad y de progreso; de comunidades indígenas que tienen la gran fortaleza de su cohesión, de su cultura y de que están dispuestas a creer, a participar, a construir nuevos horizontes.

Yo veo un México de campesinos que aún no tienen las respuestas que merecen. He visto un campo empobrecido, endeudado, pero también he visto un campo con capacidad de reaccionar, de rendir frutos si se establecen y se arraigan los incentivos adecuados.

Veo un cambio en el campo; un campo con una gran vocación productiva; un campo que está llamado a jugar un papel decisivo en la nueva etapa de progreso para nuestro país.

Yo veo un México de trabajadores que no encuentran los empleos ni los salarios que demandan; pero también veo un México de trabajadores que se han sumado decididamente al esfuerzo productivo, y a los que hay que responderles con puestos de trabajo, con adiestramiento, con capacitación y con mejores salarios.

Yo veo un México de jóvenes que enfrentan todos los días la difícil realidad de la falta de empleo, que no siempre tienen a su alcance las oportunidades de educación y de preparación. Jóvenes que muchas veces se ven orillados a la delincuencia, a la drogadicción; pero también veo jóvenes que cuando cuentan con los apoyos, que cuando cuentan con las oportunidades que demandan, participan con su energía de manera decisiva en el progreso de la Nación.

Yo veo un México de mujeres que aún no cuentan con las oportunidades que les pertenecen; mujeres con una gran capacidad, una gran capacidad para enriquecer nuestra vida económica, política y social. Mujeres en suma que reclaman una participación más plena, más justa, en el México de nuestros días.

Yo veo un México de empresarios, de la pequeña y la mediana empresa, a veces desalentados por el burocratismo, por el mar de trámites, por la discrecionalidad en las autoridades. Son gente creativa y entregada, dispuesta al trabajo, dispuesta a arriesgar, que quieren oportunidades y que demandan una economía que les ofrezca condiciones más favorables.

Yo veo un México de profesionistas que no encuentran los empleos que los ayuden a desarrollar sus aptitudes y sus destrezas.

Un México de maestras y de maestros, de universitarios, de investigadores, que piden reconocimiento a su vida profesional, que piden la elevación de sus ingresos y condiciones más favorables para el rendimiento de sus frutos académicos; técnicos que buscan las oportunidades para aportar su mejor esfuerzo.

Todos ellos son las mujeres y los hombres que mucho han contribuido a la construcción del país en que vivimos y a quienes habremos de responderles.

Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales.

Veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan. Ciudadanos que aún no tienen fincada en el futuro la derrota; son ciudadanos que tienen esperanza y que están dispuestos a sumar su esfuerzo para alcanzar el progreso.

Yo veo un México convencido de que ésta es la hora de las respuestas; un México que exige soluciones. Los problemas que enfrentamos los podemos superar.

La tarea del crecimiento con estabilidad será de todos los mexicanos.

Es la hora de la confianza para todos, la de traducir las buenas finanzas nacionales, en buenas finanzas familiares.

Es la hora de convertir la estabilidad económica en mejores ingresos para el obrero, en mejores ingresos para el campesino, para el ganadero o para el comerciante, para el empleado o para el oficinista, para el artesano o el profesionista, para el intelectual y para las maestras y los maestros de México.

Es la hora de los apoyos efectivos y del impulso al esfuerzo que realizan las mujeres y los hombres al frente de micro, pequeñas y medianas empresas. Que se les lleve a superar sus dificultades, que se les apoye a ampliar sus negocios con mejores tecnologías para que sean más competitivos en los mercados.

Es la hora del gran combate a la desigualdad, es la hora de la superación de la pobreza extrema, es la hora de la garantía para todos de educación, de salud, de vivienda digna.

Es la hora de hacer justicia a nuestros indígenas, de superar sus rezagos y sus carencias; de respetar su dignidad.

Es la hora de nuevas oportunidades para el campo de México.

Es la hora de enfrentar con decisión y con firmeza la pobreza, y mejorar los niveles de vida de los campesinos.

Es la hora de que el Artículo 27 de la Constitución se exprese en bienestar, en justicia, en libertad para los hombres del campo.

Y es la hora de acabar para siempre con todo vestigio de latifundio.

Es la hora de dar certidumbre al ejido, a las tierras comunales y a la pequeña propiedad.

Es la hora de impulsar la reforma agraria para nuestro tiempo.

Es la hora de promover más y mejor inversión en el campo; de alentar de manera mejor y más eficaz, con libertad, la participación de los campesinos.

Es la hora de dar solución a los problemas de la cartera vencida en el campo, del crédito escaso y caro.

Es la hora de asociar los esfuerzos de los productores; es la hora de constituir más cajas de ahorro, más uniones de crédito y de poner en marcha nuevos mecanismos de comercialización.

Es la hora de las regiones de México, para aprovechar mejor los recursos, para aprovechar mejor la capacidad y el talento de cada una de las comunidades del país, de cada ciudad de nuestro país, de cada estado de la República.

Un desarrollo regional que abra las esperanzas de cada rincón de México, que canalice recursos para mantener la infraestructura carretera, ferroviaria, portuaria, hidráulica y energética.

Es la hora de superar la soberbia del centralismo.

Es la hora de una educación nacionalista y de calidad; es la hora de una educación para la competencia; es la hora de nuestras escuelas, de nuestros tecnológicos; es la hora de la universidad pública en México; es la hora de la gran infraestructura para la capacitación de todos los mexicanos que quieran progresar.

La educación es nuestra más grande batalla para el futuro. A ella destinaremos mayores recursos.

Es la hora de reformar el poder, de construir un nuevo equilibrio en la vida de la República; es la hora del poder del ciudadano. Es la hora de la democracia en México; es la hora de hacer de la buena aplicación de la justicia el gran instrumento para combatir el cacicazgo, para combatir los templos de poder y el abandono de nuestras comunidades.

¡Es la hora de cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción y a la impunidad!

Es la hora de la Nación. Es la hora de ser fuertes todos haciendo fuerte a México. Es la hora de reafirmar valores que nos unen. Es la hora del cambio con rumbo seguro para garantizar paz y tranquilidad a nuestros hijos.

Hay sitio para todos en el México por el que luchamos afanosamente...

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Fragmento del discurso pronunciado por Luis Donaldo Colosio Murrieta durante el acto conmemorativo del LXV Aniversario del PRI en el Monumento a la Revolución. Marzo 6, 1994.

17 días después sería asesinado en Lomas Taurinas, Tijuana.

Y hasta ahí se acabó la visión de Colosio y empezó la rapiña partidista basada en este discurso…

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martes, 22 de marzo de 2011

Día Mundial (de la escasez) del Agua...

Hoy es el Día Mundial (de la escasez) del Agua... ¿y qué le vamos a hacer?

Yo hubiera preferido hablar en esta entrega sobre el osezno Knut, de su muerte tan "moreirosa" (¿ya se fijaron que el capo del cartel del PRI, Humberto Moreira, está siempre al borde del derrame digamos que cerebral —para darle el beneficio de la duda, sobre todo ahora que se está juntando con el tal Juanito, un pedazo de imbécil, como diría el Sergio Rascón, a quien López Obrador infló tanto que tocó el cielo de los dioses de la burocracia con salario integrado de miles de pesos, para después tener una caída más espectacular que la del presidente egipcio Hosni Mubarak, redes sociales incluidas—)… pero no, del osito ya hablaremos después, sobre todo ahora que se está tejiendo la teoría de la conspiración en torno de tan sufrido fallecimiento: ¿mentes perversas envenenarían al peludo animal? ¿El mismo oso se haría el hara-kiri con un pescado en descomposición? ¿Un comando gringo le lanzaría misiles inteligentes en forma de surimi (Ninel Conde dixit) contaminado por radiación proveniente de la central nuclear Fukushima, doblando a la izquierda, ya que está a disposición de todo el mundo? Misssssterio, guys an’ gays…

O sea, mejor toquemos el tema hídrico, ya que somos en gran medida agua, en menor medida aceitito, y en medida nula, carne, huesos y ropajes más ridículos que los que viste Lady Gaga…

Hoy —como dice Pablo Benavides en Suelto (inspiración para el cambio)—, 22 de marzo, es el Día Mundial del Agua, y más que un día de celebración es para la toma de conciencia sobre este recurso maravilloso como es el agua.

El Pablo añade que la vida se originó en el agua, y que la tierra y nuestro cuerpo son, en enormes proporciones, agua. Somos y necesitamos al agua. Todavía queda agua natural, pura y cristalina en nuestra tierra.

Pues sí, agua somos y en agua nos convertiremos, diría el potatoe Ratzinger (o sea, la rata cantante)…

Aunque un informe realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que 884 millones de personas alrededor del mundo no tienen acceso a agua potable y más de 2,600 millones de ciudadanos –un 39% de la población mundial- no tienen un buen servicio de saneamiento de agua.

Las cifras fueron reveladas a propósito de la celebración del Día Mundial del Agua por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), organismo que también manifestó que “el agua contaminada, el saneamiento inadecuado y las condiciones de higiene deficientes causan la muerte de 1.5 millones de niños menores de cinco año cada año debido a enfermedades diarreicas”.

Además, Unicef manifestó su descontento con el hecho de que la mitad de la población no tenga acceso a abastecimiento de agua y saneamiento, e indicó que esto perjudica el aprendizaje, desarrollo y calidad de vida de los niños… y también de los ancianos y de los enfermos…

Así que nos conviene cuidar el agua y literalmente canalizarla de mejor manera.

Y, por lo pronto, les comparto la letra de “El hombre y el agua”, de Joan Manuel Serrat. Si pueden, escuchen la canción, es un canto hermoso, como casi todo lo que hace El Nano, el primo de Sabina por parte de pianista, creo…

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Si el hombre es un gesto el agua es la historia.

Si el hombre es un sueño el agua es el rumbo.

Si el hombre es un pueblo el agua es el mundo.

Si el hombre es recuerdo el agua es memoria.

Si el hombre está vivo el agua es la vida.

Si el hombre es un niño el agua es París.

Si el hombre la pisa el agua salpica.

Cuídala como cuida ella de ti.

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Brinca, moja, vuela, lava, agua que vienes y vas.

Río, espuma, lluvia, niebla, nube, fuente, hielo, mar.

-o-

Agua, barro en el camino,

agua que esculpes paisajes,

agua que mueves molinos.

¡Ay agua!, que me da sed nombrarte,

agua que le puedes al fuego,

agua que agujereas la piedra,

agua que estás en los cielos

como en la tierra.

-o-

Brinca, moja, vuela, lava,

agua que vienes y vas.

Río, espuma, lluvia, niebla,

nube, fuente, hielo, mar...

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lunes, 21 de marzo de 2011

Trapecio, jardín, urinario...

Oye, wey —me dijo el Polacas© la otra vez en lugar de darme los buenos días—, cómo la ves: ¿tú crees que los poetas son seres superiores, inferiores o iguales?”

“Depende”, le respondí con un cierto dejo de web@.

“¿Depende de qué, cochito?”, me motejó el Polacas© de marras.

“Depende qué poeta y depende de con quién quieras compararlo”. O sea, quedamos empatados, y tierrita volada.

Si bien el Polacas© se fue al peor estilo de Mauricio Babilonia: con una nube de moscas revoloteando a su alrededor, yo me quedé como pensando, haciendo un cigarro de hoja, si en verdad los poetas son seres superiores, inferiores o simple raíz cuadrada de un híbrido entre gato de Venus y coyote naranjero.

Debo confesar que conozco muchos poetas, la enorme mayoría son muy buenos, pero eso no los hace seres especiales, sino individuos (“y individuas”, diría Chentefox) que han desarrollado una habilidad que se basa en sensaciones y sentimientos, manifestaciones objetivas y subjetivas del cerebro, respectivamente, diría el Dr. Drucker.

No sé tú, cantaría Luis Miguel, pero yo no les he encontrado mayor mérito a los poetas que ser simplemente los modernos cantares de gestas personales, igual que El Coyote y su Banda o Chalino Sánchez, guardando las debidas proporciones... siempre a favor de los cantantes.

En una suerte de morralla del reconocimiento, a veces a los poetas les piden el nombre de pila para ponérselo a una calle, a una plaza, a un teatro o a un centro cultural, igual que a los beisbolistas o a los políticos y a los ricachones del pueblo, que no tienen otro mérito que tzingarse a la ciudadanía a través de sus comercios o sus triquiñuelas, o robarle su fortuna a los chinos en aquella época de la xenofobia sonorense que tantos millonarios generó y que todavía siguen arrastrando su apellido de oropel por las calles de mi pueblo, pero ya sin tanta alcurnia frente a la violenta aparición de las fortunas desproporcionadas de los narcos y sus sicarios persignándose ante la figura de Jesús Malverde, el santo patrono del gallo, el perico y demás zoología fastuosa de la lotería mexicana versión posmoderna.

En fin, dicen que los poetas no son más que seres humanos que observan, callan y escriben, no necesariamente en ese orden, pero de ahí en más, no sirven para maldita cosa que seguir viviendo y trabajando en oficinas, cantinas y negocios, haciendo del cuerpo igual que todos, y despellejando el alma, igual que unos cuantos, para seguir viviendo a como dios nos da a entender a todos: tirios y troyanos, feos y guapos, dientones y molachos, abstemios y borrachos, negros y blancos, cortos y largos, obscenos y santos, dandis y desharrapados, felices y frustrados, amables y amargados... más los que se acumulen en la semana...

No: un poeta, como todos, llega, se asoma, recoge lo que dejan los demás y luego se va a donde se van todos los poetas a moldear con sus manos una realidad alterna que sirve de trapecio a algunos, de jardín a muchos y de urinario a otros.

¿Y qué más?

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Bueno, sí, soy poeta. Pero me enfermo, sano,

paso necesidades, y duermo, y desayuno;

reclamo mis derechos en el tiempo oportuno;

cumplo con mis deberes como buen ciudadano.

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Siento frío en invierno y calor en verano;

tengo un amor, amigos y parientes –cada uno

en su lugar–, intento no fallarle a ninguno,

y doy la mano a todos los que me dan la mano.

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Trabajo, río, lloro, lucho, padezco, canto,

añoro, dudo, creo, me irrito, y a mi modo

amo y vivo mi vida con algunos esfuerzos.

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¿Por qué, entonces, temernos o despreciarnos tanto?

Ser poeta, señora, es servir para todo

lo que cualquier otro hombre, y además, hacer versos.

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Roberto Cabral del Hoyo (poeta y hombre, pues...)

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Entre los individuos como entre las naciones...

Este día conmemoramos en México el natalicio de Benito Juárez, el Benemérito de las Américas, como también le han motejado.

El caso es que Don Benemérito dijo una vez: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, entre otro montón de cosas que de seguro ha de haber dicho a lo largo, ancho y alto de su vida.

Bueno. Como decía el Darío Galaviz: "Tienes 10, Benito".

Pero no todo es hojuel sobre mielas, porque a como están las cosas ahora mismo, todo mundo se está pasando la susodicha frase por el arco del triunfo, de ida y de venida, como deben de pasarse las cosas por el arco de marras.

Por ejemplo, los gringos dicen que Muamar el Gadafi no hace valer la sentencia entre los individuos de su propia nación.

Y Gadafi dice que los gringos, como ha sido la tradición desde que se inauguró como imperio a lo bestia, no hacen valer la sentencia entre las naciones.

Así que en este teatrito que están montando los gringos y la coalición de países que son simples parásitos de los intereses estadounidenses —Inglaterra, Francia, la ONU y demás títeres con bandera—, no hay buenos y malos.

Aquí el mundo no se divide así, de manera tan simple: hay países con recursos naturales y países sin recursos naturales.

Y ahora mismo, a los gringos les interesa el petróleo y el gas de Libia, como antes les interesó meter las manos en Irak, Afganistán y todo el catálogo de naciones que subutilizan sus recursos en asuntos que tienen que ver con la educación y la cultura, y no en fincar poderíos militares.

Esa es la base moral de la invasión y el bombardeo.

Así que si escucha por ahí a los medios vendidos de aquí y de allá tirarle boñiga a Gadafi y defender a Obama, pues usted sabrá si les cree o no.

Me parece que la historia ya nos ha enseñado mucho que los gringos no son hermanitas de la Caridad que le hacen favores al universo mientras dios se va de vacaciones...

Y como Obama necesita su guerra para reelegirse, pues ya sabrán de a cómo se van a poner las peras y las manzanas...

Así nomás...

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