Trova y algo más...

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Así empiezan los pleitos matrimoniales...

Lourdes Miranda, mi "hermana" de Navojoa, me ha enviado estos textos breves que, nomás porque sí, he decidido compartir con quienes quieran leerlos.

Y si están casados, pues ya sabrán lo que ahí se dice:

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Mi mujer se sentó a mi lado en el sofá mientras yo pasaba de canal en canal.

Ella preguntó: "¿Qué hay en la tele?"

Yo respondí: "Polvo".

Y, entonces, la pelea comenzó....

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Cuando llegué a casa, ayer por la noche, mi mujer exigió que la llevase a un sitio caro. Entonces la llevé a una gasolinera.

Y, entonces, la pelea comenzó...

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Mi mujer y yo estábamos sentados en la mesa de un boliche, yo me estaba fijando en una chica borracha que estaba sola en una mesa próxima, y que balanceaba su copa.

Mi mujer preguntó: "¿La conoces?"

"Sí," dije yo. "Ella es una antigua novia mía... Sé que empezó a beber después de separarnos, hace ya bastantes años y, por lo que sé, nunca más ha vuelto a estar sobria.

"¡Dios mío!", dijo mi mujer, "nunca pensé que alguien pudiese celebrar algo durante tanto tiempo?"

Y, entonces, la riña comenzó...

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Me jubilé y fui a recibir la carta de jubilación. La mujer que me atendió solicitó mi carnet de identidad para verificar mi edad, el cual había dejado olvidado en casa.

La funcionaria, compadeciéndose, me dijo: "Desabótonese la camisa"

Así lo hice, dejando expuestos mis cabellos pectorales, crespos y plateados.

Ella me dijo: "Eso es prueba suficiente para mí", y procesó mi jubilación.

Cuando llegué a casa, conté a mi mujer, entusiasmado lo que me ocurrió.

Ella me dijo: "¡Vaya! ¿y por qué no te bajaste los pantalones? Podrías haber conseguido una invalidez permanente... "

Y, entonces, la riña comenzó...

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La mujer está desnuda, mirándose en el espejo de la habitación.

No está feliz con lo que ve y dice al marido:

"Me siento horrible; parezco vieja, gorda y fea... Mi amor; realmente preciso de un elogio tuyo.”

"Puesss... de la vista estás perfecta!!!".

Y, entonces, la riña comenzó...

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Llevé a mi mujer al restaurante. El camarero anotó primero mi pedido:

"Quiero un churrasco bien jugoso, por favor."

El camarero pregunta: "¿Disculpe: ¿El Señor tiene contemplado lo de la vaca loca?"

"No, no; que ella misma pida lo que quiera!!!!" .

Y entonces, la riña comenzó...

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El marido vuelve del médico, y la mujer, toda preocupada, le pregunta:

"Y, entonces, ¿qué te dijo el médico?".

"A partir de hoy, no haremos más el amor; me ha prohibido las cosas grasosas."

Y, entonces, la riña comenzó...

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Hoy ganan los Yankees, dicen...

Dicen que hoy van a ganar los Yankees y con eso se acabará todo el show...

Yo digo que desde hace algunos años, los yankees han ganado todo lo que han peleado, y cuando no han ganado, pues han arrebatado, que para eso son los policías del planeta... mejor dicho, del universo...

A mí, que me da más por los versos que por el beisbol, para definir a los yankees prefiero aquello que escribiera en 1898 el nicaragüense Rubén Darío que los que en toda la serie mundial nos han recetado los comentaristas deportivos, que a fuer de ser rigorista podríamos bautizar como "las viudas de Babe Ruth". Mjú.

Pero... ¿qué es aquello que escribió Darío, el poeta modernista? Pues acá les encargo las líneas (de hit, je):

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"El triunfo de Calibán" (1898)

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No, no puedo, no quiero estar de parte de esos búfalos de dientes de plata. Son enemigos míos, son los aborrecedores de la sangre latina, son los Bárbaros. Así se estremece hoy todo noble corazón, así protesta todo digno hombre que algo conserve de la leche de la Loba.

Y los he visto a esos yankees, en sus abrumadoras ciudades de hierro y piedra y lashoras que entre ellos he vivido las he pasado con una vaga angustia. Parecíame sentir la opresión de una montaña, sentía respirar en un país de cíclopes, comedores de carne cruda, herreros bestiales, habitadores de casas de mastodontes. Colorados, pesados, groseros, van por sus calles empujándose y rozándose animalmente, a la caza del dollar. El ideal de esos calibanes está circunscrito a la bolsa y a la fábrica.

Comen, comen, calculan, beben whisky y hacen millones. Cantan ¡Home, sweet home! y su hogar es una cuenta corriente, un banjo, un negro y una pipa. Enemigos de toda idealidad, son en su progreso apoplético, perpetuos espejos de aumento; pero su Emerson bien calificado está como luna de Carlyle; su Whitman con sus versículos a hacha, es un profeta demócrata, al uso del Tío Sam; y su Poe, su gran Poe, pobre cisne borracho de pena y de alcohol, fue el mártir de su sueño en un país en donde jamás será comprendido. En cuanto a Lanier, se salva de ser un poeta para pastores protestantes y para bucaneros y cowboys, por la gota latina que brilla en su nombre.

"¡Tenemos --dicen-- todas las cosas más grandes del mundo!" En efecto, estamos allí en el país de Brobdingnag: tienen el Niágara, el puente de Brooklyn, la estatua de la Libertad, los cubos de veinte pisos, el cañón de dinamita, Vanderbilt, Gould, sus diarios y sus patas. Nos miran, desde la torre de sus hombros, a los que no nos ingurgitamos de bifes y no decimos all right, como a seres inferiores.

París es el guignol de esos enormes niños salvajes. Allá van a divertirse y a dejar los cheques; pues entre ellos, la alegría misma es dura y la hembra, aunque bellísima, de goma elástica.

Miman al inglés --but English you know?-- como el parvenu al caballero de distinción gentilicia.

Tienen templos para todos los dioses y no creen en ninguno; sus grandes hombres como no ser Edison, se llaman Lynch, Monroe, y ese Grant cuya figura podéis confrontar en Hugo, en El año terrible. En el arte, en la ciencia, todo lo imitan y lo contrahacen, los estupendos gorilas colorados. Mas todas las rachas de los siglos no podrán pulir la enorme Bestia.

No, no puedo estar de parte de ellos, no puedo estar por el triunfo de Calibán.

¿No veis como el inglés se regocija con el triunfo del norteamericano, guardando en la caja del Banco de Inglaterra, los antiguos rencores, el recuerdo de las bregas pasadas?

¿No veis como el yankee, demócrata y plebeyo, lanza sus tres ¡hurras¡ y canta el God save the Queen, cuando pasa cercano un barco que lleve al viento la bandera del inglés? Y piensan juntos: "El día llegará en que, los Estados Unidos e Inglaterra sean dueños del mundo."

De tal manera la raza nuestra debiera unirse, como se une en alma y corazón, en instantes atribulados; somos la raza sentimental, pero hemos sido también dueños de la fuerza. El sol no nos ha abandonado y el renacimiento es propio de nuestro árbol secular.

Desde Méjico hasta la Tierra del Fuego hay un inmenso continente en donde la antigua semilla se fecunda, y prepara en la savia vital, la futura grandeza de nuestra raza; de Europa, del universo, nos llega un vasto soplo cosmopolita que ayudará a vigorizar la selva propia. Mas he ahí que del Norte, parten tentáculos de ferrocarriles, brazos de hierro, bocas absorbentes.

Esas pobres repúblicas de la América Central ya no será con el bucanero Walker con quien tendrán que luchar, sino con los canalizadores yankees de Nicaragua; Méjico está ojo atento, y siente todavía el dolor de la mutilación; Colombia tiene su istmo trufado de hulla y fierro norteamericano; Venezuela se deja fascinar por la doctrina de Monroe y lo sucedido en la pasada emergencia con Inglaterra, sin fijarse en que con doctrina de Monroe y todo, los yankees permitieron que los soldados de la reina Victoria ocupasen el puerto nicaragüense de Corinto; en el Perú hay manifestaciones simpáticas por el triunfo de los Estados Unidos; y el Brasil, penoso es observarlo, ha demostrado más que visible interés en juegos de daca y toma con el Uncle Sam.

Cuando lo porvenir peligroso es indicado por pensadores dirigentes, y cuando a la vista está la gula del Norte, no queda sino preparar la defensa.

Pero hay quienes me digan: "¿No ve usted que son los más fuertes? ¿No sabe usted que por ley fatal hemos de perecer tragados o aplastados por el coloso? ¿No reconoce usted su superioridad?" Sí, ¿cómo no voy a ver el monte que forma el lomo del mamut?

Pero ante Darwin y Spencer no voy a poner la cabeza sobre la piedra para que me aplaste el cráneo la gran Bestia.

Behemot es gigantesco; pero no he de sacrificarme por mi propia voluntad bajo sus patas, y si me logra atrapar, al menos mi lengua ha de concluir de dar su maldición última, con el último aliento de vida. Y yo que he sido partidario de Cuba libre, siquier fuese por acompañar en su sueño a tanto soñador y en su heroísmo a tanto mártir, soy amigo de España en el instante en que la miro agredida por un enemigo brutal, que lleva como enseña la violencia, la fuerza y la injusticia.

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martes, 3 de noviembre de 2009

Descanse en paz Daniel Villegas Megías...

Héctor Acosta escribió en el Buen Búho (universidaddesonora.blogspot.com) lo siguiente, y lo retomo porque sus palabras dicen mucho más de lo que yo podría decir:
A los que conocieron al pianista veracruzano (adoptado sonorense) Daniel Villegas seguramente esta noticia los ha dejado consternados.
Daniel trabajó en la Universidad de Sonora por casi una década como pianista repertorista en la Licenciatura en Artes, Opción Canto, y en el 2007 se trasladó a Mazatlán para trabajar para el Instituto de Cultura como maestro de Piano, director coral y maestro de canto.
Aquí en Sonora, Daniel ayudó en la formación de generaciones de cantantes y siempre se preocupó por traer masterclasses y maestros invitados para que contribuyeran en la formación de los jóvenes estudiantes, siempre se preocupó por subir el nivel y luchaba en contra de las actitudes conformistas de sus colegas y estudiantes.
Daniel estuvo a cargo de una infinidad de recitales de canto en nuestro estado desde su llegada en 1999, lo cual es una gran contribución al desarrollo cultural de Sonora.
Fue el amigo de todos y, aunque rezongara de la mala organización de algunos eventos o de la falta de disciplina de algunos estudiantes, siempre terminaba por comprometerse y ayudar.
Aunque ya hacía tiempo que se había ido de Sonora, nos ha dejado un gran vacío: justo hace apenas un mes vino a visitarnos y tuve el placer de tenerlo como invitado en mi clase Optativa de Repertorio Vocal, en donde trabajó con dos de mis alumnos a manera de masterclass.
Siempre decía que quería volver a Sonora, ya que se sentía como en su casa.
Recuerdo haber coincidido con el maestro Villegas en el "Amalfi Coast Music Festival", en Italia, en el 2006, y siempre nos mantuvimos en contacto a pesar de que nunca residimos en la misma ciudad, ya que mientras el maestro trabajaba en Hermosillo, yo residía en Tucson.
Sus pláticas preferidas iban siempre encaminadas a cómo subir el nivel de las artes en Sonora, y principalmente cómo subir el nivel de la escuela de canto de la Universidad de Sonora; de hecho, recientemente estaba trabajando en un proyecto de conciertos didácticos para nuestro estado.
Desgraciadamente, el viernes 30 de octubre fue encontrado sin vida, en su departamento situado en el centro histórico de Mazatlán.
Según el diario “El Sol de Mazatlán” del día 31, su muerte fue provocada por un asesino serial que ya lleva varias víctimas.
(Según trascendió en notas de otros medios, el maestro Daniel Villegas fue degollado).
El gremio musical de Sonora está de luto: nos es muy difícil pensar que una persona talentosa, dedicada, trabajadora y de un gran corazón haya sido víctima de este terrible crimen.
Maestro, gracias por tu gran contribución al desarrollo cultural de Sonora, gracias por tu generosidad, tu sencillez y tu profesionalismo, gracias por haberle abierto tu corazón a los sonorenses... ten por seguro que te llevaremos en nuestro corazón y en nuestros recuerdos, siempre te recordaremos ,maestro y amigo, apodado por todos “El Flaco”: Daniel Villegas Megías (1972-2009).
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lunes, 2 de noviembre de 2009

¿Y esos quiénes son...

Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte, contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando, decía Xorge Manrique en sus “Coplas por la muerte de mi padre”, que este apaciguado cronista en stand by leyera en su cada vez más lejana infancia por el mero gusto de leer, y porque nomás nunca la hice en los deportes callejeros, así que mientras que mis hermanos y demás palomilla obtusa se enfrascaban en partidos peloterísticos, mi alma se fue atemperando en los caminos solitarios de los poemas que me ofreció siempre El Tesoro de la Juventud. ¡O tempora, o mores!
Y es que dicen los expertos que la poesía nació con el hombre mismo, que se fue haciendo una herramienta básica en la expresión de la voz interior de los seres y que ha llenado, incluso hoy, el espacio que las máquinas, la computadora y la Internet no han podido ni llegarán jamás a llenar porque está hecha, de ese barro simple e intangible que son los sentimientos: El amor —y sus patrañas, dirá alguien por ahí—, el odio, el deseo, los sueños, los dolores, las pasiones, el hambre y la sed de mujeres por hombres y viceversa. Y también al revés.
Como práctica social, la poesía es uno de los registros de la memoria que construye el imaginario colectivo; es decir, es una pieza importante en el rescate y preservación de cada uno de los episodios que van conformando la vida, ya sea de lo particular a lo general, o al revés. Por ello, la poesía no es un proceso aislado, sino que se va nutriendo de las vivencias del poeta, que sentado debajo de una piocha griega en la antigüedad clásica, o metido en el rincón más oscuro y callado de una posmoderna cantina, se sumerge en la realidad, toma trozos de ella y la recrea sobre el papel para deleite y/o angustia de sus presentes o futuros lectores.
Si tuviésemos el don de regresar el tiempo e instalarnos en algún peñasco de la Grecia de hace unos 3,000 años, por ahí veríamos vagar a un anciano barbado, corpulento y ciego que responde al nombre de Homero. Si nos fijamos bien, notaremos su andar pausado y su mascullar de palabras griegas, jónicas y eólicas, que nos describen batallas sucedidas doscientos años atrás: La Guerra de Troya.
Homero es reconocido como el más antiguo poeta épico de Occidente, y nos dejó para deleite de filósofos, letrados, comunicadores, historiadores, entre otras muchas inclinaciones profesionales, y lectores en general sus dos más grandes obras: La Iliada y La Odisea, textos fundamentales para deshilar la historia de la antigüedad. La Iliada —como todos sabemos— nos narra episodios relativos a un período inferior a dos meses, entre los héroes aqueos Menelao, Aquiles, Agamenón y Ulises, y los troyanos Héctor, Paris, Polidano y Eneas, entre otros tantos personajes.
La Odisea, por su parte, relata las aventuras de Ulises (u Odiseo), superviviente de las guerras helénicas, en su largo y fortuito camino de retorno a Ítaca, donde lo espera su hermosa Penélope, quien no lo reconoce después de 20 años de ausencia (bueno: a veces a uno ni siquiera lo reconocen por las tardes, cuando regresa del trabajo), pero sí su hijo Telémaco y su padre, Laertes, quienes juegan el papel de celestinos para que la pareja separada por la guerra vuelva a reunirse, no sin antes desatarse una hollywoodesca orgía de sangre entre Ulises y los pretendientes de Penélope, que no eran pocos.
Y luego la prensa está muele y muele con eso de que los mexicanos no leemos libros, y que mucho menos leemos poesía, pues resulta casi vergonzoso no conocer ni siquiera de lejecitos las historias que Homero nos dejó para gusto y placer, y también para compartir con los compadres la tarde de los sábados etílicos que acostumbramos en esta ciudad politizada: “Oiga, compadre, ¿ya se sabe la historia de Aquiles y Patroclo…?” “¿Y esos caones quiénes son, compadre… juegan con los naranjeros?” (¡Plop!).
El caso es que somos más mexicanos cada año, pero no crece el número de lectores. Y es que si el estudiante no lee, es porque la familia no lee y porque el profesor no lee; y los pretextos reales o inventados son múltiples, pero no resuelven el problema de la mediocridad del mexicano: Por la pobreza en el uso de la lengua, la leve presencia del humanismo y del gusto por vivir, la dificultad para descubrir lo que es y lo que siente, la ignorancia de los nombres de los seres y algunos sinsentidos de la vida.
Pero es bien sabido que si el ser humano no lee poesía, no le pasa nada, pero algo puede sucederle si la lee y la gusta. La poesía tiene una función, es parte del registro de nuestra memoria social: Recordemos que los escritores nos abren la posibilidad de entender mejor los fenómenos que vivimos y que nos han hecho seres sensibles, pensantes y propositivos; en una palabra, inteligentes.
Los escritores han hecho de la literatura un decodificador de la realidad. Les ha costado tiempo y esfuerzo sobreponerse a la angustia que implica el trabajo en soledad sin la menor seguridad de difusión, de reconocimiento, de premio. Saben que no es posible reemplazar la vida —que nos hace felices o nos agobia, según el caso— por la ficción literaria, por ello son cuidadosos con sus historias. Y saben también que el libro es una herramienta fundamental para comprender los fenómenos que conforman esa realidad ineludible que nos mantiene aquí y ahora: la vida misma, redonda y entera.
Además, ahí está el esfuerzo cotidiano de nuestros escritores, quienes siguen ofreciéndonos interpretaciones de la vida que nos enriquecen la capacidad de discernir entre las diferentes opciones de la esperanza. Así, una cultura poética puede engendrar un mayor amor por el ser humano, por la naturaleza y por los objetos, un gusto por el presente, que simbiotiza la memoria histórica con los diseños del futuro.
La poesía, pues, sigue siendo un recurso elemental para las batallas del amor, pues de entre las diversas maneras de conquistar a una dama, ¿no es acaso la más efectiva, por decirlo en términos rupestres? Por encima de todo, y en lo más profundo del alma del ser, existe la herramienta más eficaz (y más barata, si se quiere) que es un buen poema leído en el momento oportuno, con la voz sutil y los ojos en pleno naufragio apasionado, porque al fin los designios del lector son imprevisibles.
A veces dios, esa fuerza misteriosa, profunda y omnipotente que mantiene en equilibrio al universo y sus alrededores, si juega a los dados con el corazón, y es cuando el silbido del viento, el caer de la lluvia y los registros de la naturaleza más sencilla que es la esencia humana, nos rebasan y en ese momento los seres vegetales e inanimados se vuelven seres de signos que el poeta percibe, y al romper la distancia entre la rosa y el objeto, adviene la palabra: La distancia entre la rosa y la palabra se quiebra; el poema es ya la rosa, la rosa es el poema.
Y el poeta entonces lo mismo puede comunicarnos su llamarada de ternura por los recuerdos de la infancia, los compañeros de la juventud, la amada huidiza, o su nostalgia por los caserones del pueblo natal, derruidos ante el embate del neoliberalismo.
La tecnología globalizada se ha empeñado en querer demostrarnos que la realidad está en otro lado, que siempre ha estado en otro lugar y que nosotros sólo damos fe notarial, desde nuestro limbo particular y futbolero, de lo que le sucede a los que en verdad alcanzan la felicidad con jabones, compresas, lociones, autos, cuentas bancarias, partidos políticos y demás chucherías fuera de nuestro irreal alcance.
Ante ello, es necesario leer a nuestros poetas, que haya un mayor número de lectores que los escasos que existen, porque sin ellos podemos entrar en el olvido de los presentes, de la sensibilidad, del habla, y se nos va a deteriorar la vida, aunque la poesía sea sólo una de las formas de la cultura con que le cantamos a la vida o nos lamentamos de ella... o nos la mentamos… Mjú.
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5,800 millones de razones para odiarte…

Tantos gritos que echó y tantos brincos que dio el Felipe Calderón diciendo que todos deben pagar sus impuestos y demás obligaciones fiscales, especialmente las grandes empresas, para que los pobres más pobres de México no resulten, como siempre, los que carguen con el muertito posmoderno que es el país, y ahora resulta que dijo mi mamá que siempre no, que los que nunca han pagado seguirán sin pagar para que los que siempre han pagado siguen en la religiosa costumbre de seguir siendo carne de cañón.
Y el que vino a jalarle la cobija al Felipe fue su propio correligionario, el diputado federal panista, Javier Corral Jurado, quien afirmó que el PAN y el PRI renegociaron para otorgar privilegios a las empresas que participen en la licitación por el uso de banda ancha en el espectro radioeléctrico para telefonía celular, en especial a Televisa.
Señaló que su partido y el PRI acordaron volver a incluir el transitorio del artículo 244-E de la Ley Federal de Derechos, para exentar a las empresas concesionarias de esa banda del pago por el uso del espectro.
El también presidente de la Comisión de Gobernación sostuvo que los diputados se doblegaron ante el poder de la televisión, específicamente de Televisa, para favorecerla y que no pague 5 mil 800 millones de pesos por el aprovechamiento de un bien público.
“Los poderes fácticos son especialistas en blandir la amenaza de que el que se mete a legislar, a regular o a tratar de oponerse a sus intereses no sale en la televisión. Y el que no sale ahí no existe en política. Y esa lógica de chantaje ha llevado a una dinámica de cesión extraordinaria en detrimento de la política”, acusó el diputado federal chihuahuense.
Ante las críticas, el diputado priista Jorge Alberto Cano Vélez terminó por reconocer que él es el autor del transitorio, pero más rápido que inmediatamente el legislador petista Jaime Cárdenas dijo: “Cano Vélez es el prestanombres de Manlio Fabio Beltrones, que es el impulsor de esta iniciativa, mientras que el autor intelectual es Televisa…”
Y así seguimos navegando entre el pantanal de las promesas incumplidas y los encobijados legislativos que quieren seguir siendo una estrella más del canal de las estrellas…
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domingo, 1 de noviembre de 2009

Nuestro escaso gusto por la lectura...

Dicen que cada mil años nace un gran lector, que es aquel que se acerca, se nutre y descifra la cábala. Según los estudiosos, Cervantes fue el último gran lector, y estamos en espera del siguiente gran lector, que todavía no nace —según mencionan los expertos, así que ni Usted ni yo ni, por supuesto, los cien millones de mexicanos somos ese gran lector. O sea… ya nos fregamos y ni pa’ dónde hacerse: ni siquiera a ese lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…
Por cierto, hace un par de días apareció esa nota cíclica que los medios toman y retoman cuando no tienen nada más inteligente que difundir: “Los mexicanos no leemos”, y luego se avientan una gran retahíla de presuntas causas y azares que todas coinciden en un punto oscuro y truculento: Nosotros, los mexicanos, esas terceras personas anónimas e infelices, tenemos la culpa de no leer. Punto. Como si fuera tan fácil vivir la vida sin leer, resignado a ser un ignorante, una mula de trabajo sin esperanza mayor que llegar vivo a la quincena.
El caso es que el desarrollo de la industria editorial en México, trátese de libros o publicaciones periódicas, está íntimamente relacionado con la realidad económica, política, cultural y social del país. No sólo refleja el nivel educativo y la producción de obras intelectuales, artísticas, científicas; es decir, la lectoescritura, sino además, la importancia que tiene como negocio, como empresa.
Ni qué decir de la industria editorial como tradición en la libre difusión de las ideas y en el debate inteligente y creativo, en las publicaciones como obras de arte. Dicho sector también responde a la conformación geopolítica de la nación, el centralismo y la ausencia de polos que compitan y estimulen el crecimiento en calidad y cantidad de casas editoras, imprentas, librerías, bibliotecas y puntos de exposición y venta que despierten el apetito y la necesidad de la lectura y, por consecuencia, de la escritura.
A contracorriente de las declaraciones gubernamentales en el sentido de que una de las prioridades de sus gestiones es y será siempre el fomento de la lectura y la escritura entre la población escolar y entre la sociedad en general, estudios realizados por varias asociaciones especialistas en el tema editorial reportan estimaciones globales en las que la tendencia de dicha actividad es menguante y no a la inversa. Habría que tener en cuenta además el reconocimiento oficial de la existencia de más de cuarenta millones de mexicanos prácticamente analfabetos y de otros veinte semianalfabetos.
Pero aquello no ha sido gratuito: Hasta 1996, el número de publicaciones periódicas se incrementó hasta en un 40.5 por ciento, en comparación a 1995, cuando la actividad cayó hasta en un 33 por ciento. Por publicaciones periódicas entendemos revistas, boletines e historietas. En cuanto a los libros, hubo una disminución de un 4.43 por ciento en 1995 y de un 2.9 por ciento en 1996. Sin embargo, el número de ejemplares publicados en 1996 con respecto a 1995 se redujo en un 34 por ciento en el área de las ediciones periódicas. En cuanto a los libros, el número de ejemplares impresos se redujo un 5 por ciento. En total, entre ambas ramas editoriales, sumaron un 45 por ciento menos del número de ejemplares producidos en 1994.
Es ésta una época difícil para los productores y vendedores de publicaciones, quienes presentaron una iniciativa de Ley General del Libro ante el Congreso de la Unión, cuyos objetivos son fomentar la lectura y la cultura del libro en el país, pues argumentan que en los años cincuenta se hacía un tiro promedio de 3 mil ejemplares de libros de autores mexicanos para una población de 30 millones de habitantes, y hoy se hacen tiros de 2 mil para una población de más de cien millones de mexicanos. De esos cien millones de personas, sólo 15 millones son lectores potenciales, con un promedio de lectura de 1.8 libros al año. El resto no lee.
Como todo bien de consumo, el libro padece las alzas en los precios y el consecuente distanciamiento de las posibilidades de compra de los mexicanos. Gran parte de los estímulos que demanda la mencionada Ley son de carácter fiscal. Por ello, los libreros no saben cómo hacer para que en México el libro sobreviva, pues teniendo una masa poblacional como la nuestra, la industria editorial se encuentra estacionada y muchas veces abatida, no obstante realizar esfuerzos por competir y destacarse en la escena mundial, tal como lo demuestran la calidad y los alcances de las ferias internacionales del libro, como la de Minería y la de Guadalajara.
Por supuesto, en todo ello se encuentra como causal determinante la desastrosa economía del país, devaluaciones, inflaciones, los pocos estímulos fiscales, el bajo poder adquisitivo, la centralización y demás aspectos que no podemos echarnos en el lomo los mexicanos.
Si nos vamos al terreno de las comparaciones, veremos que a pesar de que España tiene un índice bajo de lectura con respecto al resto de Europa, es mucho más alto que el nuestro, tiene mayor poder adquisitivo y tiene un número más elevado de editores. Sobre todo posee, a nivel productivo, el libro de texto, que representa la base editorial; es decir, el 70 o el 80 por ciento del negocio editorial.
En México el libro de texto de primaria se encuentra en manos del Estado y eso es una gran desventaja. Incluso hay quienes afirman que si se liberara el libro de texto, México sería la industria editorial más fuerte de habla española. Pero el asunto no es tan simple, pues los españoles tienen una tradición más añeja que la nuestra y eso significa una ventaja enorme. De cualquier modo, la industria editorial mexicana compite en condiciones de desigualdad con los europeos, al no contar con una infraestructura de comunicaciones adecuada, al padecer crisis sexenales de consecuencias dramáticas. Así, ¿qué sistema productivo puede planear a largo plazo su desarrollo?
Por otro lado, la industria editorial de otros países de Europa, o en Estados Unidos, ha crecido proporcionalmente con el desarrollo de la escolaridad. En México en otros momentos, en 1959, el Estado se vio obligado a crear la Comisión Nacional del Libro de Texto, en donde quedó al frente Martín Luis Guzmán, pues vio que el esfuerzo educativo no estaba siendo acompañado del desarrollo de la industria editorial. Pero de cuarenta años a la fecha la industria editorial ha cambiado sustancialmente y ya podría establecerse una relación más equilibrada entre el sistema educativo y el sector editorial de la iniciativa privada, dando paso a mejores productos, mejores ofertas, mejores estudiantes y mejor enseñanza. Pero no ha sido así, y no es por culpa de los potenciales lectores, ciertamente.
Observemos, por ejemplo, que la base editorial del país se encuentra en la capital de México. Esto hace muy difícil que se pueda pensar en un desarrollo nacional integral, pues entre un 50 o 60 por ciento de la concentración editorial en la Ciudad de México, lo cual, aunque es enorme, no es tan aplastante como ocurre con el sector productivo. En gran medida responde al hecho de que, por sus dimensiones, la megalópolis ofrece un mayor número de puntos de venta. Si a ello se le suma la concentración del sector educativo, de las instituciones culturales, de la investigación, pues los resultados son hasta cierto punto obvios. Y si a eso le sumamos que la capacidad comercializadora de las editoriales universitarias o de los grandes centros educativos es sumamente ineficiente, pues veremos que el campo editorial está plenamente cubierto.
En este caso, una de las sugerencias que se han puesto en marcha es la de hacer coediciones entre los centros educativos y la iniciativa privada, buscando con ello una alianza entre el sector público y los sectores descentralizados, y poner en circulación los libros académicos, de arte, literarios, de divulgación de la ciencia y la tecnología. Con todo, es una lástima que ediciones de calidad se queden embodegadas y se inmovilicen y a la larga se desperdicie una cantidad fuerte de recursos económicos.
Además, las políticas de reconocimiento del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y de los sistemas internos de las universidades que exigen publicaciones a los académicos toman más en cuenta la cantidad que la calidad. No basta con hacer un libro, debe exigirse calidad del documento para convertirse en un buen libro.
Encima, México es el país de habla española con el peor índice de librerías por habitante; si no está por debajo de Haití, creo que apenas estará a su nivel. Por otro lado, debemos reconocer que las personas con capacidad de consumo en México no son lectores, sino, en el mejor de los casos, individuos que leen un par de libros al año. Esos son los que van en busca de un regalo para alguien y, metidos en aprietos, le dicen al acompañante: “Oye, ¿qué le obsequio al Francisco?”, y el otro le sugiere un libro. Entonces el primero le aclara: “No, eso no, el Pancho ya tiene uno…”
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Le va a quedar la nalguita parada...

La cantante Alejandra Guzmán se hizo una lipoextracción aprovechando la reciente cirugía a la que fue sometida para extraerle una sustancia dañina que se había inyectado como parte de un tratamiento estético en las nalgas...
En declaraciones ofrecidas al programa televisivo “Hoy”, la conductora Shanik Berman detalló el procedimiento al que se sometió Guzmán, en medio del episodio que sufrió debido a complicaciones por las inyecciones que recibió en abril pasado:
Le sacaron el bulto, la tortota esa que tenía, la mugre, pero se la sacaron con la grasa que estaba alrededor de eso, pues estaba alojada en la grasa, dijo.
Berman también señaló que gracias a la lipoextracción, Guzmán mostrará una figura más delgada:
Le van a quedar como tres o cuatro pulgadas menos de cintura, ahora le va a quedar una cinturita de avispa, como antes de tener a Frida. Como se le hizo una operación tipo de mariposa, además le va a quedar la nalguita parada, afirmó.
Respecto a la cicatriz, Berman dijo que el doctor Raúl López Infante, el doctor House chilango, quien la atendió en los días pasados, le dejó apenas una rayitita donde se parte la columna, por lo que no se le verá. O sea que la patria ya se salvó...
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¡Gadamadre! Habiendo tantos temas que comentar (el deschongue de los senadores a la hora de jalarse la cobija para echarse la culpa de los nuevos impuestos y el boleto seguro hacia la xodidez que nos tienen prometida, entre otros asuntos más que importantes para la nación y el pueblo), acá nos enredamos en el berenjenal absurdo de las peripecias que ha pasado una mujer que quiso tener las nalgas de oro... y se ha quedado en pura pájara con lana, mucha lana, y el montaje de un circo absurdo llevado al extremo de lo ridículo... y todo para vender más discos y presentaciones...
Sí, así está el mundo, decía muchos años ha Pedro Cevcec... así de fregado está el mundo...
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