Trova y algo más...

miércoles, 16 de junio de 2010

Ahora no es así, ahora es asá…

Pablo Hiriart dice en Larazón.com que Felipe Calderón argumenta que no hay una guerra contra el narco, sino por la seguridad pública. O sea, ahora ya no es así, es asá…

Hiriart asegura que se trata, sin duda, de un cambio de enfoque.

Ya días atrás, Calderón ya había admitido que el narcotráfico es una actividad que nunca se va a acabar mientras existan consumidores. Ahora pone límites a esa lucha y la sitúa como la obligación del Estado de garantizar seguridad a la población.

Tiene razón cuando afirma que quienes proponen la retirada del gobierno parten de la falsa premisa de que los criminales por sí solos abandonarán sus actividades violentas y delictivas. Hay que combatirlos, en efecto, con toda la fuerza del Estado. Y ahí está el problema.

La fuerza del Estado ha sido ineficaz para realizar esa lucha que primero se planteó como guerra contra el narcotráfico, y por su propia dinámica derivó en una crisis de seguridad pública en el país.

Los 19 muchachos fusilados en un centro de rehabilitación en Chihuahua no pueden ser ubicados en la estadística de los malos que se pelean entre sí.

Los 70 ejecutados el viernes son mexicanos que murieron asesinados en territorio nacional. ¿Dónde están los homicidas? Quién sabe.

Y así por el estilo por dondequiera que se mire la geografía nacional.

Tenemos un Estado que no es capaz de dar seguridad a la población. Y el autor de todo esto que aquí se comenta es el Jefe del Estado.

Dice Calderón que al asumir el gobierno encontró una situación caótica, por lo que “había que actuar y actuar rápido. Ante esa situación era indispensable contener la expansión de las actividades criminales”. Dice la verdad. Él encontró una situación así de crítica. Nada más que él luchó a brazo partido por hacerse cargo de la situación. Es decir, por ganar la Presidencia.

Primero le ganó a Vicente Fox y luego a López Obrador. En lo electoral, aprobado. Manchándose las manos, pero aprobado. Pero ¿tenemos hoy un país más seguro que antes de su toma de posesión? La respuesta es no.

Cuando se aplica una solución a un problema y éste en lugar de reducirse se agranda, quiere decir que algo anda mal.

Hay que seguir en el combate contra el crimen, y hay que hacerlo con más fuerza todavía. Pero es preciso corregir errores. Y el Felipe ya reconoció el primero —y no es poca cosa—, pues dijo que la lucha no es una “guerra contra el narco”, sino por la seguridad pública.

Se trata de una corrección de fondo, y no un juego de palabras. A ver si así. Tenemos que preguntarnos cómo fue que, según Felipe Calderón, se salió de madre la criminalidad a partir de 1995. Y también ahí corregir… si todavía se puede.

Yo, en cambio, soy de los que opina que esta situación no necesariamente debe facturársele a Calderón, su ineptitud y el partido del que emergió, que ya no se le ve tan sólido.

Yo creo que, en gran medida, toda esta violencia desembocada que sobrevivimos a diario también debe cargársele a quienes quieren estar en Los Pinos el 2012.

Ellos se frotan las manos con el conteo de sangre derramada en las calles del país: es el mejor argumento que esgrimen como plataforma política, como bandera de campaña.

Ya han dicho y repetido hasta la saciedad algo que es una verdad relativa, como todas las verdades: “El PAN no sabe gobernar”. Sin embargo, en este país hemos visto que ningún partido sabe gobernar. Nos guste o no.

Así que es esta sangrienta cotidianidad, todos los partidos políticos, todas las autoridades de todos los colores y todos los tamaños tienen un poco de culpa. Nadie se salva. Nadie.

Pues sí. Ahora la lucha no es así, ahora es asá, como diría el Marro Almada en una de sus sabias intervenciones frente al maestro de matemáticas en aquellas viejas clases secundarianas, tratando de que las respuestas del examen parecieran correctas: “Ya no es así, ahora es asá…” Aunque en el fondo, las respuestas seguían siendo incorrectas. O sea, nada cambia.

En frase de película gringa, bien podría decirse: “Tomeiro… tomato…”

Es decir, lo mismo.

O como dijera mi abuela: "La misma gata, nomás que revolcada..."

O como lo cantaría el Silvio Rodríguez: “No es lo mismo, pero es igual…”

Ahora viene Calderón a decirnos que la lucha es de todos.

La lucha contra el narco o contra la delincuencia organizada o contra todo aquello que no esté de acuerdo con el gobierno.

Anoche nos hizo llegar un mensaje de ésos que la ciudadanía toma medio en serio medio en broma, porque al final de cuentas el sustrato semántico se redujo a esto: “las cosas ya no son así, ahora son asá”, simple y sencillamente.

El caso es que el Felipe Calderón aseguró noche que la lucha de su gobierno no es exclusiva en contra del narcotráfico, sino de toda forma de crimen organizado, por lo que insistió en que la ayuda de todos los mexicanos se necesita para superarla. Así me lo contaron, porque entre mirar el anuncio o el capítulo de Alf en Nick@nite, preferí al melmaquiano, que es por mucho más divertido que el chapito de Michoacán, matria de mi padre, por cierto.

Me dijeron que en un mensaje en cadena nacional por radio y televisión, el Calderón explicó su estrategia de seguridad y aseguró que se trata de “una lucha de todos los mexicanos, no sólo del Presidente, una lucha que vale la pena luchar”.

Según esto, Calderón reconoció que recuperar la seguridad "no será tarea fácil ni rápida, pero vale la pena seguir adelante para construir un país libre y seguro", pues señaló que lo que está en riesgo es el futuro de los mexicanos. Incluso reiteró que la lucha "costará tiempo, recursos económicos y, por desgracia, también vidas humanas" pero no por ello se dejará de lado. O sea, más pan con lo mismo.

"No es momento de bajar la guardia o claudicar. Debemos combatir sin tregua al crimen", dijo.

El Felipe de Jesús señaló que México una vez más "está a prueba", aunque no se supo si s refería al partido contra Francia, y aseguró que se podrá vencer al crimen organizado.

Sobre la muerte de inocentes a causa de esta lucha, el michoacano señaló que “no escatimaremos esfuerzos” para evitarlas.

Y a mí, que tengo ya muy gastadona la materia gris, pero en cambio el sentido del humor se me ha afinado tanto que me pica como si tuviera pulgas ahí donde ustedes se imaginan, ex timados y cochambrosos lectores, me llaman la atención dos cosas dos de este llamado calderoniano, a saber:

1. Que lo haya hecho aquí, en México, no en Sudáfrica ni en España ni en Alemania ni en Estados Unidos, y 2. Que no se haya dado cuenta en estos tres años que lleva en Los Pinos que casi 100 millones de mexicanos luchamos todos los días contra la delincuencia, que la sufrimos, que la vivimos a diario, que la hemos hecho parte de nuestra vida, cotidiana y que nuestra principal lucha no es por ese incierto y generalizado y politizado “futuro de los mexicanos”, sino por este presente que a pesar de que nos come toda esperanza, no nos ha hecho bajar la guardia ni nos ha hecho claudicar, como facilonamente lo cree este individuo para hacernos creer que gracias a él podemos salir adelante en una lucha contra todo lo que carcome nuestras vida política y social (incluído el mismo Felipe) y que nunca hemos dejado de lado porque nuestros hijos son el motor que nos mueve, no el sueño guajiro de llegar a Los Pinos, haiga sido como haiga sido…

Pues sí, a la mejor y tiene razón este tipo: las cosas ya no son así, son asá, y por eso mismo nuestra visión común, simple y ciudadana también tendría que cambiar para exigirle respuestas a quien debería de dárnoslas (también las respuestas, claro)…

--

--

martes, 15 de junio de 2010

Y sin embargo se mueve…

Galileo explicando cómo está el movimiento con el movimiento.
(Foto: Cruzteros)

Yo de esto no sé mucho, pero los que saben me han dicho que el movimiento es resultado de todo tipo de cambio o variación. De acuerdo con este criterio, el movimiento puede ser social, económico, biológico, físico, más los que se acumulen en la semana.
Por cierto, el movimiento mecánico es el tipo más elemental de movimiento: es el chaka-chaka de la lavadora o de dos cuerpos que se intorducen uno en otro de manera digamos que asquerosita...
Se dice también que el movimiento es un fenómeno físico que se define como todo cambio de posición que experimentan los cuerpos de un sistema en el espacio. Todo cuerpo en movimiento describe una trayectoria. Eso dicen los expertos.
También los expertos señalan que la parte de la física que se encarga del estudio del movimiento sin estudiar sus causas es la cinemática, en tanto que la parte de la física que se encarga del estudio de las causas del movimiento es la dinámica, lo cual, al embrujo de una noche de luna de esas redondotas y más amarillas que mis dientes, y que cuelgan de los cielos de octubre, debe ser apasionante.

Por cierto que desde antiguo se han hecho públicos varios conceptos de movimiento. Por ejemplo, Anaximandro pensaba que la naturaleza procedía de la separación, por medio de un eterno movimiento, de los elementos opuestos (por ejemplo, frío-calor), que estaban encerrados en algo llamado materia primordial, y Demócrito decía que la naturaleza está formada por piezas indivisibles de materia llamadas átomos, y que el movimiento era la principal característica de éstos, siendo el movimiento un cambio de lugar en el espacio.

Según Aristóteles, el movimiento natural se opone al movimiento violento o contranatura: el movimiento natural lo ejerce el ser natural de forma espontánea y fluye con relativa facilidad y libertad; sin embargo, cuando queremos que un objeto realice un movimiento violento o antinatural, tenemos que violentar su naturaleza y forzar dicho objeto para que esa entidad no manifieste espontáneamente aquello a lo que aspira. El movimiento violento es siempre un cierto ejercicio de violencia, como cuando tiramos una piedra hacia arriba, o impedimos el crecimiento de un árbol.

Los filósofos naturales griegos no pretendían dar una explicación detallada de los mecanismos que rigen el comportamiento de la naturaleza, y mucho menos aspiraban a lograr predicciones cuantitativas de resultados experimentales. Por contrario, buscaban analogías de los fenómenos naturales en términos más familiares, para lo que usaban frecuentemente el cuerpo del hombre, las relaciones humanas, los conflictos sociales y demás porquerías tomadas de la naturaleza.

Así, por ejemplo, el magnetismo se podía describir como similar a la atracción que determinadas personas son capaces de ejercer sobre otras en virtud de una simpatía innata y que no todos poseen.

Los conceptos de atracción y repulsión eran centrales en la ciencia prearistotélica, al ser tomados como agentes fundamentales de cambios en la Naturaleza. La distinción entre materia, sujeto paciente de los cambios, y fuerzas, agentes de los mismos, ya es un hecho en la antigua ciencia griega hacia el siglo V a.C. Se establecían cuatro tipos de causas de cambios, de las cuales, la causa eficiente se tomaba como fuente primaria de todo cambio y representaba lo más parecido a lo que hoy llamamos acción o fuerza en un movimiento.

La Física de Newton, por su parte, tomaba como punto de partida un universo constituido por corpúsculos extensos y por espacio vacío. Cada uno de ellos con la propiedad de actuar a distancia; es decir, de ejercer fuerzas directa e instantáneamente sobre los demás. Con este esquema básico, Newton desarrolló sus conocidas teorías sobre el movimiento y sobre la gravitación, publicadas en 1686.

La Mecánica de Newton describe cómo las fuerzas producen movimiento la proporcionalidad entre la intensidad de la fuerza y la aceleración (segunda ley), la ley de Inercia (primera ley), por la cual un cuerpo se mantiene en su estado de movimiento si no actúan fuerzas sobre el mismo; el principio de acción y reacción (tercera ley), por el que la fuerza que ejerce un cuerpo sobre un segundo cuerpo es igual y de sentido contrario al que ejerce el segundo sobre el primero.

La teoría de la gravitación estudia la naturaleza de las fuerzas asociadas con los corpúsculos, son fuerzas atractivas y centrales; es decir, actúan según la recta que determinan sus respectivos centros. Newton estableció la variación cuantitativa de esta fuerza en un diagrama que resultaba ser directamente proporcional al producto de sus masas, e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que separa los centros de los cuerpos. Fácil, ¿no?

Y aplicando esta ley, pudo calcular el movimiento de los planetas con gran aproximación y, también, deducir correctamente las leyes descubiertas por Kepler y Galileo (que luego se las explico, porque tampoco es cuestión de dejarlos así nomás, eh).

Y luego, la ley fundamental del sistema de Descartes es la conservación del movimiento. Según descartes, Dios infundió al Universo cierta cantidad de movimiento, que continua inalterado. Para Descartes «movimiento» es momento, prescindiendo del carácter direccional de la velocidad. Puede haber transferencia de movimiento entre partículas que chocan, pero nunca puede ser creado ni destruido.

La causalidad física se reduce a un principio puramente mecánico: todo cambio es movimiento y toda alteración del movimiento se debe al contacto entre los cuerpos. Para Descartes la cuestión clave de la Física, que nunca se había planteado hasta entonces, estribaba en las leyes de los choques entre los cuerpos, que él mismo formuló.

Pero este día no es para la academia (cuesta subir la cuesta). Nada de eso. Sólo he querido intentar una aproximación al concepto que manejan los políticos mexicanos sobre el movimiento.

Los mexicanos hemos sido testigos de cómo los precandidatos priistas se las ingeniaron para decir que eran los meros meros (como la afición naranjera, según aquel viejo anuncio) para mover a México.

No hace mucho, un par de priistas ilustres creyeron que México, nuestro país de todos (es decir: tuyo, mío, de él y ella, de ellos y de nosotros: o sea, de todos… pero mucho más de Carlos Slim: ¡gásumadre!), estaba parado, o mejor dicho, detenido, y que había que moverlo. ¿No les digo? Apenas a los políticos (y del tipo dinosáurico) se les ocurre que un país se detenga nomás para hacerlo parte de eslóganes más cursis que el anuncio del vasco Aguirre y su “Ya se pudo”.

Sí, se los juro: tanto Arturo “El Rey Salomón” Montiel como Roberto “Bob Esponja” Madrazo, priistas ambos y con una cola más larga que su propia lengua, que no es poco decir, pensaron aquella vez que quisieron ser candidatos a la presidencia de la República, que México era sólo un bulto tirado en el suelo al que “había que mover”.

Así nomás, como si el país no fuera ahora mismo objeto de estudio de la cinemática y la dinámica; es decir, como si este país no se moviera. Y si esa era entonces, como de seguro lo sigue siendo ahora, su visión del país, pues qué fregados (e inanimados) estaríamos los mexicanos si le ofrecemos nuestro voto el 2012 al Gelboy Peñanieto o cualquier otro priista que sueña con volver a dirigir los controles de un país que los necesita para que se mueva, según juran y perjuran ellos mismos.

No, señor: el país ni está detenido ni está parado. El país es el reflejo de tanta ciudadanía que todos los días se levanta de un sueño para meterse a una pesadilla: se baña (si hay agua: ya saben… el tandeo, pues), se cambia (si ya les llegó el uniforme), desayuna (si les alcanzó el salario) y sale a la calle a reconstruir lo que los políticos y los muchos funcionarios de todos los niveles de gobierno destruyen con un esmero propio de científico de la NASA.

No se engañen: México, a pesar de sus seleccionados futboleros, es un país que se mueve todos los días, porque este país, como dijera Galileo, es verdad que tiene a Calderón presuntamente en la Presidencia… “y sin embargo se mueve”... o mejor dicho: “E pur si muove…”

En serio, aunque no parezca, ca'ones...

--

--

lunes, 14 de junio de 2010

La gloria a pedacitos...

Los mexicanos estamos jodidos si seguimos pensando como los entrenadores de futbol y sus corifeos de los medios: “la selección debe jugar como los primeros 15 minutos ante Inglaterra, como los segundos 10 minutos ante Holanda, como los últimos 30 minutos ante Italia, como los primeros 18 minutos ante Sudáfrica...” y así, a pedacitos... como si la historia se escribiera así, a cachitos... y así nos la regalaran en la puerta de la casa…

Pero ¿no es que la historia nacional se ha escrito así siempre?: si no fuera así, ¿por qué entonces estamos celebrando un bicentenario y un centenario de un país que ha sufrido y gozado a lo largo de todos sus años, desde el registro inicial como raíz humana de una nación que le ha dado tanto al mundo y ha recibido tan poco porque no sabemos reclamarle a los demás lo que nos merecemos como nación, como cultura, como origen y razón de ser?

No sé si en todo Hermosillo, pero por el lado de la casa, allá rumbo a la Cruz del Norte, se la llevaron repartiendo gratuitamente un fascículo titulado “Viaje por la historia de México” —basado en el “Álbum de la historia de México”, del michoacano Luis González y González—, obra que rescata trozos de la vida nacional y los presenta como imágenes de personajes que vivieron e hicieron diversas épocas del país.

En la introducción de la publicación, firmada por Felipe Calderón, entre otros cuestionamientos, se pregunta ¿Cuál es el sentido de nuestra historia?, y más adelante señala que “el pequeño libro es, en efecto, un paseo por la historia”, en un afán de legitimar los 25 millones de ejemplares que se imprimirán para que las familias mexicanas disfruten este paseo por el pasado y encuentren hospitalaria su visión generosa, plural, abierta y constructiva.

Sin embargo, en la presentación original, González y González —un hombre generoso, afable y sencillo, un profesor sabio y sutil, un investigador incansable y un sabroso estilista del idioma— subraya que lo que menos pretende esta obra es ser un texto oficial o una guía de nuestro nacionalismo. Y nos lleva a recoger los pedacitos de gloria de un México construido así: a pedacitos de inmediatez.

¿Por qué tenemos que aceptar las verdades a medias que nos ofrecen las firmas cerveceras a través de las empresas televisivas? ¿Por qué aceptar que venga un puñado de privilegiados que ya tienen su vida asegurada a decirnos que haciendo sándwich tendremos asegurado no sólo un presente exitoso, sino un futuro sin mayores preocupaciones que seguir haciendo sándwich mañana, tarde y noche, mientras ellos, los panboleros, se llenan los bolsillos con esa obscenidad propia de los países tercermundistas?

¿Por qué no rescatar aquellos primeros intentos de luchas independientes en México, los héroes anónimos que dieron los primeros pasos y hablaron las primeras voces independentistas antes de aquel 1810? ¿Por qué no enaltecer las batallas de 1814 o las de 1916? Porque al parecer ésas no existen en la memoria colectiva. Y es que tampoco existen en la memoria de los funcionarios que manejan los hilos de la intelectualidad en México y sus manifestaciones culturales, tan pobres y mediocres como sus propios discursos. Parece que ya han olvidado lo que los libros de primaria —como haciendo honor a Luis González y González— señalan puntualmente: "El 27 de septiembre de 1821, fecha en la que el ejército Trigarante entró a la ciudad de México, marcando así el fin de una lucha de once años".

Luego entonces, no es en 1810, sino en 1821 cuando la Independencia triunfó, si se le puede decir así, y a partir de ese año somos una país independiente, no antes, si también se le puede decir independiente a un país colonizado por todas las franquicias extranjeras que en el mundo han sido, incluyendo a un tipo libanés que se ostenta como mexicano, por todas las facilidades que aquí se le han otorgado, y que de paso es etiquetado como el hombre más rico del mundo, un contrasentido de la realidad más real que padecemos en este país que Calderón ha puesto casi al mismo nivel de fantasías que Disneylandia.

Y es caso de la Revolución es otro asunto por el estilo: hay fechas protocolarias que manejan las instituciones “para crear nacionalismo” —como dijo el titular de la SEC, Óscar Ochoa Patrón, al autorizar que en las escuelas se pudieran llevar o utilizar los televisores de los planteles (¿es válido eso, apá? ¿Es legal, está dentro de la normatividad?) para que los niños vean y festejen los partidos de la selección de futbol: ¿Seguimos haciendo sándwich…?—: hay quienes señalan que la Revolución, de hecho, no lo fue, pues no cambió las estructuras sociales del país, lo cual es la esencia de una revolución; lo que hubo en México —dicen— fue un movimiento armado que culminó con el constituyente de Querétaro en 1917, aunque luego de eso empezaron las venganzas y traiciones, en una eliminación sistemática de cabecillas… en una suerte de premonición sangrienta de estos días y estos años…

No olvidemos que José López Portillo se autoproclamó como “el último presidente de la Revolución”, por lo que se supondría que con él terminó la época del estado proteccionista de bienestar e inició la época del neoliberalismo, que ha llevado al capitalismo salvaje o capitalismo de cuates que vivimos hasta la actualidad, una época donde el Estado parece buscar todo, menos el bienestar de toda la sociedad.

Sin embargo, aun cuando presidentes alejados en lo absoluto de la redención social han salido de sus filas (Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo), el PRI se ha considerado incluso hasta nuestros días como perpetuador de la gesta revolucionaria, en búsqueda incansable de la redención social y del cumplimiento de las metas planteadas por los antiguos revolucionarios. Según esto, siendo el PRI el representante de la gesta revolucionaria, y aunque su salida del poder marcó el fin de la Revolución en el poder, según los discursos de Beatriz paredes, la Revolución en México no ha terminado, sino que va a continuar con nuevos bríos cuando el PRI vuelva al poder… y según ella será el 2012… en fin…

Bien dijo el llamado Vasco Aguirre que cuando se dirigía a sus jugadores en la concentración de 60 días, los dos meses previos al mundial (¡60 días! dios mío, como si la realidad no existiera), le repetía una y otra vez que el del 11 de junio iba a ser el partido de su vida, pues iban a ser seguidos por miles de millones de personas, y sí: millones de personas vieron la poca puntería que mostraron los muchachos de las televisoras mexicanas. No sólo vieron los primeros 15 minutos del partido ni los primeros 30 de la segunda mitad: lo vieron todo, porque —aunque no nos guste— la realidad a veces no se construye con pedacitos tomados de aquí y de allá, como si fueran remiendos de una cobija.

Lo malo para la Federación Mexicana de Futbol (FMF) —tan corrupta como cínica— de que la televisión transmita los juegos de la selección es que, como bien mencionan, una imagen dice más que mil palabras, y las fallas de los futbolistas ante el arco rival quedaron ahí, grabadas en la memoria colectiva de fanáticos y futboleros de ocasión. No hay manera de hacer ni siquiera una tímida defensa inmediata ante esos errores.

Lo bueno para la FMF es que los mexicanos tenemos una muy corta memoria, que nos conformamos con lo que sea, que cualquier declaración del Vasco o de cualquiera de sus divas, medianamente congruente con su calidad de humanos —ergo: falibles—, es tomada como palabra divina, son los golpes de pecho que necesitamos cada día para soltar desde nuestro ronco pecho aquello de "¡Sí se puede!" o el automático grito de impotencia cuando el portero del equipo contrario despeja el balón: "¡Puutooooooo!", como si con eso estableciéramos nuestra superioridad indefinible...

Ni modo: como dijera Aguirre en su tristemente célebre anuncio: “Hemos dejando de ser un país del sí se puede (ganar) para convertirnos en el país del ya se pudo (empatar)”: ésos también son pedacitos de gloria que nos tenemos que comer con nuestro pan, literalmente…

Y otro pedacito de gloria: la integridad de Mandela quedó más que demostrada en la inauguración del mundial de futbol, cuando a unas horas del fallecimiento de uno de sus familiares más pequeños, decidió no asistir al encuentro futbolístico, porque desde luego hay cuestiones más importantes que la inauguración del mundial. En cambio, Felipe Calderón dejó atrás el recuerdo de los 49 niños fallecidos a causa del incendio de la guardería ABC, y todos los problemas que han surgido en el país los últimos meses, y se fue a disfrutar de un miserable partido, en un viaje disfrazado como compromiso de trabajo, y que quedará en la historia reciente del país como un trocito no de gloria, sino de amargura más… y de esos pedacitos está llena la historia nacional…

--

--

viernes, 11 de junio de 2010

Como reencarnar en ornitorrinco…

Si dios no estuviera tan ocupado provocando desastres naturales a diestra y siniestra, y tratando torpemente de arreglarlos, como si fuera ex precandidato priista a la presidencia de la República —o priista acelerado, encopetado y cilindreado a más no poder y también en busca de ese sueño ya ni tan guajiro, según las cuentas de doña Biatriz y sus chichincles—, de seguro que estaría sentado a nuestro lado, leyendo estas líneas hiperbólicas, con sus lentes de fondo de botella, acaso tomándose un café y tosiendo a cada rato, pues como ustedes saben, el cambio de clima —el paraíso: un frío de la tzingada; Hermosillo: un calor de lo mismo, nomás que al revés— le provoca a nuestro personaje flemas necias que acusáis la edad física de las personas y hasta de los dioses. Y es que las flemas son así, ni para qué buscarle más al asunto.

Decía que si dios estuviera aquí junto a nosotros bien valdría la pena hacer un ejercicio de reflexión, una dinámica de grupo para saber los alcances del Señor y nuestras propias y humanas limitaciones, y de paso una que otra curiosidad que nos señala lastimosamente, como esa de que un preso rumano, no hace mucho, demandó a dios.

El asunto fue que un prisionero rumano inició una demanda judicial contra Dios por haberlo dejado en manos del Diablo. En su demanda, el reo sostiene: "Yo, Pavel Miacovski, actualmente encarcelado en la Penitenciaría Timisoara, cumpliendo una condena de 20 años por homicidio, solicito acciones legales contra Dios, residente en el Cielo, representado aquí por la Iglesia Ortodoxa Romana, por cometer los siguientes crímenes: estafas, ocultamiento, abuso contra los intereses de la gente, aceptar sobornos y tráfico de influencias".

O sea, como funcionario del IMSS y de los gobiernos estatal y municipal pasados, vista la tragedia de la guardería ABC.

El preso, según me dijo un amigo polaco que vive en Varsovia, argumenta que su bautismo fue un contrato entre él y Dios, quien se suponía debía mantenerlo alejado del Diablo y de problemas. "Dios, inclusive, reclamó y recibió varios bienes y oraciones a cambio de perdón y de la promesa de que me mantendría alejado de los problemas y tendría una vida mejor. Sin embargo, me dejó en manos del Diablo", explicó Pavel. La demanda fue enviada a la Corte de Justicia de Timisoara y de allí a la Oficina del Fiscal General aunque, según informaron, sería desestimada ya que no podrían citar a declarar al acusado, pues resulta técnicamente imposible encontrarlo, pues el cielo es inmenso.

Es decir: igual que lo que sucedió contra los presuntos culpables del siniestro de la guardería de marras: el cielo de la impunidad es inmenso y está plagado de amiguismos, compadrazgos y contubernios mil. Punto y se sella el expediente, señor secretario.

Pero dios no está. Tal vez ahora mismo asesora a Calderón allá en Sudáfrica. Sí. Sabemos que dios no está muerto, ni anda de parranda, en realidad ha sido suplantado y enviado al exilio. El que hoy ocupa su lugar se llama Dinero, y ya desde el siglo XIX esos híbridos sociales entre el avaro tradicional y el especulador contemporáneo, llamados burgueses en la Francia de la época, lo habían expresado en palabras esdrújulas: "El único Dios moderno en el que se tiene fe es el Dinero Omnipotente".

Bueno, eso dicen los radicales. Incluso López Obrador, radical sin calorías, ya dijo que él no está peleado con los ricos, nomás con el innombrable, que es como dios, nomás que pelón y con orejas grandes.

Dios no está en esta columna ni en el café que bebo ni en las líneas del destino que cruzan mis manos. Pero si estuviera, si se diera tiempo de tocar la puerta y esperar a que le abran para entrar como, por supuesto, dios manda, entonces sí podríamos reinventar realidades para pasarla verdaderamente bien unos y otros, que de todo hay en el reino del Señor, dicen los que saben del asunto.

Me encantaría que dios estuviera aquí para ofrecerle algunas ideas de cómo dirigir sus empresas divinas. Digo, algo ha aprendido uno en el trajín cotidiano de casi el jubileo de vida. Pero también para que él me ilustrara sobre algunos asuntos sobre los cuales me declaro incompetente. Preguntarle o mejor decirle, por ejemplo, que nos identificara como animales, con el perdón de ellos, para saber a qué le tiramos en nuestra próxima reencarnación azteca.

Yo ya tengo reservado mi animal: un ornitorrinco sería, por lo complicado, extraño y acomodaticio a los diferentes medios en los que vive. Esto lo digo para gusto y placer de todos aquellos que gustan de los ornitorrincos, no de mí, que por fuera soy más bien como un erizo cruzado con paquidermo, lo que me asegura una soledad creativa y el disfrute pleno de mis propios ruidos.

Como sea, los demás animales se los dejo de tarea. Tal vez, si ustedes tienen línea directa con dios, pudieran aclarar más rápido las dudas. Por mi parte, yo prefiero ir poco a poco adivinando (mejor dicho: esperando a que los propios protagonistas de nuestra vapuleada realidad se ventaneen poco a poco, sobre todo en estos días criminales en los que se empieza a descorrer el velo de lo que pretenden hacer de sus vidas los próximos tres años: ya ven, no dejamos de ser unos verdaderos animales. Políticos, pero animales al fin).

Y ahora he leído por ahí que dios anda por ahí, entre tanto diputado y senador como en este país tenemos por obra y gracia de la madre de todas las democracias que padecemos: la nuestra, pues. Dicen que avanza el cabildeo de la jerarquía católica en los pasillos del Senado y de la Cámara de Diputados para convencer a los legisladores de todos los partidos de otorgarles un mayor margen de maniobra en el ámbito de lo público, pero también en otras áreas.

El Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Diego Valadés, ha seguido el tema de cerca, y ha dicho que la estrategia eclesiástica lleva dos vías: modificar el contenido del artículo 40 de la Carta Magna, que en febrero pasado, con el voto de mayoría de los diputados, elevó a rango constitucional el carácter laico del Estado mexicano, y, por otro lado, los cambios al artículo 24 constitucional, que buscan introducir la educación religiosa a las escuelas públicas, así como acceder a medios de comunicación propios.

Entre los propósitos de la jerarquía católica, por mandato del Vaticano, es que la Constitución establezca la obligatoriedad de profesar una religión.

"Pues querría decir que sería la mexicana, la primera constitución del mundo que estaría introduciendo como norma obligatoria el concepto de laicidad positiva, o sea, que hay que tener por fuerza una religión", señala Valadés.

Esta iniciativa ya fue aprobada por diputados y enviada al Senado, donde no ha pasado.

El que fuera también titular de la PGR refiere que los cambios al artículo 24, que buscan ampliar la actividad pública religiosa, gozan del aval de diputados de todos los partidos. La iniciativa está en vías de convertirse en dictamen para su aprobación en San Lázaro.

Y los abogados de la Curia, han hecho un trabajo muy fino, reconoce el jurista.

Aquí una muestra:

"Lo que se quiere interpretar con la visión en el artículo 24 en cuanto a que haya educación religiosa en los planteles escolares, no contraría directamente al 3° porque lo que se dice es: está bien, la educación religiosa no debe formar parte del currículum de la educación que el Estado imparte, pero una cosa es la educación que el Estado imparte y otra cosa es la educación que se imparta en los planteles del Estado".

El avance del poder episcopal es evidente, alerta Diego Valadés, ahí están los 18 estados donde se castiga con cárcel a quien se practique un aborto, por homicidio calificado y, por otro lado, el incumplimiento del Estado para respetar los cambios del Congreso a la Ley General de Salud, de enero del 2009, que permite las llamadas declaraciones anticipadas de los pacientes terminales para negarse a recibir determinados tratamientos.

"Hay una circular de las autoridades del Seguro Social diciendo que por ningún motivo se acepten esas declaraciones y que por ningún motivo se dé cumplimiento a lo que pidan los pacientes en ese sentido", agrega.

Así, lo religioso ha invadido hoy el ámbito de lo político: "Que el Estado no asuma como propia ninguna doctrina religiosa porque lo que tenemos en este momento y esa es la parte más negativa, es que el Estado mexicano y me refiero al estado federal y a una pluralidad de entidades en el país, por lo menos 18, han asumido como criterios rectores a la determinación de sus políticas, criterios religiosos".

Los clérigos han logrado, concluye Diego Valadés, no sólo el apoyo mayoritario del PAN a sus propuestas, también del PRI, del PRD, del PT, de Convergencia, por igual. Y aquí se transparenta una alianza que inclusive es más antinatural que las que ahora mismo están en juego electoral en cerca de una decena de entidades. Y dios, quitado de la pena, allá en Sudáfrica, festejando el resultado de la selección de panboleros de Aguirre­ —¡Haz chángüich!— contra los bafana bafana.

Ya casi puedo ver a dios abrazado de Calderón y del Vasco bailando a ritmo tropical aquello de ¿Para que ganar si podemos perder… o empatar...? ¡Ufff!

--

--

jueves, 10 de junio de 2010

¿Qué culpa tenemos…?

Digamos que en Hermosillo vivimos 900,000 personas, incluyendo al Polacas, a mi primo el Chato Peralta y a mí... bilivitornó... casi un millón de habitantes que a diario nos levantamos con la esperanza nuevecita, como recién sacada del corazón, y nos echamos a andar por esas calles semaforizadas de dios a recoger los pedacitos de ciudad que nos van dejando los políticos y los vivales, los rateros cotidianos y los pitufos uniformados que en todo están, sobre todo en misa, menos en los asaltos y los múltiples crímenes que a diario suceden.

Digamos que en esta ciudad hemos nacido y crecido aún en contra de los planes municipales, y hemos sobrellevado la angustia y la incertidumbre como un apellido más en nuestro nombre de pila: hemos transitado por los años esquivando las declaraciones de nuestros folklóricos representantes populares (muchas veces ni siquiera elegidos por el pueblo), los abanderados de las ONG y del arzobispo emérito de Hermosillo. En esta ciudad hemos vivido y acaso en esta ciudad vayamos a morir atragantados de tristeza por el gris y paupérrimo jirón de mundo que les vamos a heredar a nuestros hijos.

Hemos tolerado a alcaldes corruptos y a choferes de camiones urbanos que se visten de asesinos bajo el manto de la impunidad. Y hemos aprendido las lecciones sociales, civiles y políticas de la peor manera: sufriéndolas en carne propia, descifrando los códigos de la tristemente célebre "Operación Manitas", de aquel domingo rojo que indignó a todos y que soltó al culpable, del incendio de una ABC que indignó a todo el abecedario de la esperanza sin una mínima luz de justicia, y de toda la sangre que a diario brota de las arterias de inocentes que se cruzan en el camino de la delincuencia organizada y solapada por las autoridades que deberían de velar por la seguridad de los ciudadanos.

Somos, en una palabra, un puñado de humanidad que ya no se cuece al primer hervor, que cuestiona a diario (y ahí está el reflejo en los programas de radio), que sabe leer entre líneas los discursos oficiales, que ya no se cree los informes de gobierno, que se ajusta el cinturón de los sueños para que los niños tengan un regalo en su día, para que crezcan a su debido tiempo, para que hagan su vida de adentro hacia afuera.

Hemos sobrevivido entre miseria y miserables, y hemos aprendido a detectar el olor a materia fecal que la mayoría de nuestros políticos emanan gracias a la enorme cola de erratas de la inteligencia que defienden de manera partidista aún en contra de su propio origen, de su bandera de campaña, de su instinto (para no comprometerlos con la inteligencia). La experiencia nos ha enseñado que entre PRI, PAN, PRD y demás simulacros de partidos políticos no existe diferencia alguna al momento de defender sus curules en las cámaras: vivimos una época de defensa de posiciones no de ideologías, de números en la lista de representantes que de compromisos reales con ese masacote de rostros, nombres y esperanzas que los sociólogos denominan colectivos.

Y fatalmente seguimos siendo nosotros, quienes menos culpa deberíamos de tener en toda esta tragedia política nacional, los que palomeamos al giro o al colorado. Seguimos siendo nosotros quienes con nuestra insignificante vida pero ansiado voto llevamos a las cámaras a los dinosaurios y a los vivales, a los vividores sexenales y a los payasos de la tribuna, a los advenedizos y, acaso, a un mínimo número de bien intencionados que a la vuelta de un par de meses se alinean a la derecha de la corrupción, como debe de ser y como dios manda.

Seguimos siendo nosotros lo que nunca le hemos ido ni le iremos jamás al PRI, y que tenemos que sufrir las grandes mantas de la ignominia con el rostro conocido de un par de fósiles tricolores que se despedazan bajo la mesa en un juego de absurdos repetido hasta el cansancio. ¿Qué culpa tenemos los no priístas de que una rechoncha mujer quiera seguir asida a las ubres del sistema después de hacerlo durante casi cuatro décadas para bien de unos cuantos y para mal de cientos de miles?

¿Qué culpa tenemos los trasterrados de la política de que un individuo más cercano al horror que al encanto quiera tomar, fraude de por medio para seguir la vieja usanza, las riendas de un PRI venido a menos desde el momento mismo en que dio muestras de su incapacidad para gobernar con nobleza, equidad y honradez, y que por el contrario, generó cientos de millonarios al vapor, miles que se hicieron de nombre y fortuna de un día para otro al amparo del tráfico de influencias, de las corruptelas en todos los niveles y de la impunidad rampante, galopante y cabalgante?

¿Qué culpa tenemos de la farsa legislativa de cada día, de los teatros montados donde nadie pone pero todos ganan, de esas comedias cuyo guión se conoce de antemano, en dramas mil veces vividos y que los políticos llaman "democracia" con una desfachatez soberbia, un estado de gracia en el que nos obligan a soportar grandes lonas en los cruceros, con lemas absurdos de tan gastados, lugares comunes propios de telenovelas cursis, y rostros que son la indignidad misma y la soberbia?

¿Qué culpa tenemos de que a esos tipos encopetados y envaselinados se les haya metido en la cabeza que son los candidatos ideales para dirigir a un país desde el pedestal infame de su propio partido, un gremio de saltimbanquis del poder que ahora están mañana ya no, según el favor del viento?

¿Qué culpa tenemos de que quieran embriagarse de poder, un poder mínimo, exiguo, nimio, contaminado de todo lo malo que pueda tener haberse creído invencible, arrollador, todopoderoso, como un dios inflexible y priísta en su tiempo que a todos nos condenó a vivir en el infierno: las crisis interminables, la corrupción, la impunidad y el terror diario que nos tenían prometido...?

¿Qué culpa tenemos de la prensa sometida a los poderes, que manipulan la realidad para vendérnosla envuelta en el oropel de las obras inconclusas, de los discursos retóricos, del maquillaje insolente de una miseria nacional que se entrampó en la inmediatez fáctica de una espada y una cruz blandidas por la misma mano y la misma visión de futuro: la del conquistador obsceno que llegó a estas tierras para hacer su nombre con la sangre de los demás?

Los jilgueros y tinterillos oficiales sostienen que los políticos en el poder no se equivocan nunca. Malhaya quien afirme lo contrario, babean con cinismo. Y cómo no: está en juego la chamba. Y todo lo que ella significa dentro del sistema de prebendas del que son beneficiarios. La defensa de la dignidad es otra cosa. Los portavoces de la demagogia simplemente cierran los ojos para hacer el trabajo sucio. Aunque ese trabajo sucio signifique, casualmente, decir las mentiras que aquellos que les pagan no dicen oficialmente.

Pero los demás sabemos que los políticos sí se equivocan. Que en una entrevista de banqueta pueden hacer pasar como verdades versiones que no son ciertas. Que el vaso medio lleno lo toman como acierto. Que niegan la existencia del vaso medio vacío. Que quieren vendernos la idea de que no existe más realidad que la que ellos observan desde una confortable oficina.

Nosotros, desde nuestra pequeñez cultural, económica, social, entendemos que las verdades políticas son aquellas que nos benefician a todos. Que lo que no nos ayuda simplemente no existe. Y por lo tanto, ni siquiera es motivo de discusión. Y somos capaces de disculpar equivocaciones en un marco de cordialidad, de participación y beneficio común. Pero en la virtualidad de las verdades a medias no hay cómo disculpar a nadie porque simplemente las verdades a medias construyen mentiras a medias. Y sucede que las verdades a medias benefician siempre a esas alianzas fraudulentas que enriquecen más a los ricos. Y las mentiras a medias perjudican siempre a esa mayoría de bajo perfil social que se empobrece cada día más en esa tiranía del engaño que no nos permite crecer.

Algunos medios se empeñan en presentarnos a los políticos como semidioses omnipotentes, omnipresentes, omniscientes. Nada más falso: son seres de carne y hueso. Falibles. Que pueden, como Usted y como yo, estimado lector, cometer yerros. Y los cometen.

Sabemos que los políticos sí se equivocan. Y que también mienten. Esa es una prerrogativa del puesto que ocupan transitoriamente. Y no es a la sociedad, a la ciudadanía sin rostro y sin nombre a quien le deben la elemental, fundamental práctica de hablar con la verdad. Ni siquiera a los grupos de poder económico que los mantiene en el poder. Es, ante todo, a su propia calidad humana. A su ética. A su responsabilidad histórica.

Y en eso no caben los falsos festejos nacionales, ésos de los que tampoco tenemos la culpa…

--

--

miércoles, 9 de junio de 2010

Mi imagen por un balón...

Lipe Balón ya está listo para ir a la inauguración del Mundial aunque en Ciudad Juárez un adolescente haya sido asesinado por guardias fronterizos estadunidenses y en San Juan Copala los paramilitares propriístas hayan impedido a una caravana de paz llevar alimentos y medicina a una población sitiada.

Ansias viajeras, gusto por el festín y cálculos de ganancia mediática en caso de triunfo del aguirrismo balompédico, mientras Cananea y Pasta de Conchos viven los extremos del dolor social: irritación activa en la plaza sonorense que no se rinde, a pesar de la amenaza policial multiplicada; silencio y retraimiento en la mina coahuilense que ya ha vivido mil ofensas parecidas.

Pero Felipe piensa en futbol, sueña en futbol y gobierna en sintonía instrumental con las extremidades usadas para el deporte más popular del mundo.

Ya una encuesta tramposa sostenida durante apenas unas horas en la página de Los Pinos le concedió permiso para salir a Sudáfrica, así es que no queda sino cumplir la orden popular marca 0.56 por ciento.

Balas gringas que cruzan la frontera para matar a un mexicano en su propia tierra, sin que el calderonismo pueda hacer más que el juego de las protestas protocolarias y el inicio de investigaciones sabidamente manipulables.

Lipe Balón no quiere problemas que lo lleven a deshacer equipaje, así es que ya antes había concedido agachón beneficio de la duda ante el asesinato de Anastasio Hernández, el migrante golpeado y torturado al que en todo caso el Primer Futbolero del País prefiere entender como víctima de excesos en el cumplimiento de tareas de vigilancia y control de personal indocumentado que se resiste a tratamientos de rutina.

Y ahora nomás falta que antes de subir a la escalerilla del avión rumbo al Mundial, el aficionado Calderón anuncie que Sergio Adrián Hernández es un simple daño colateral, un sicario infantil que se pasó mentalmente el retén de los gringos y trató de agredirlos con un cuerno de chivo disparador de piedras.

Por lo pronto, el gobierno de Obama lamenta los hechos pero tiende una cortina de protección al decir que los agentes estadunidenses fueron atacados por un número indeterminado de mexicanos (¿no irían allí Jacinta y las demás mujeres queretanas acusadas de secuestrar a una bola de afis ellas solitas?) que amenazaron con líticas armas a los robots fronterizos de tecnología apabullante.

Legítima defensa internacional, podría alegar Washington: guerra preventiva contra potenciales espaldas mojadas que de cruzar el río podrían derribar torres gemelas a pedradas.

En el imperio de la impunidad que tiene a Ulises Ruiz como comandante en jefe no fue posible romper el mandato de una facción aliada al priísmo en celo mapache que decidió impedir que llegaran al emblemático San Juan Copala centenares de personas, entre ellas algunos diputados federales de entre los que destacó Alejandro Encinas por su colocación en el organigrama de San Lázaro.

Si alguien tiene dudas de corte académico sobre la condición fallida del Estado mexicano puede resolverlas de manera drástica viendo lo que sucede en esa porción triqui sustraída a cualquier forma de convivencia civilizada, estado de derecho o entretenimiento intelectual parecido.

Allí rige la ley de las armas y la palabra del cacique, Rufino Juárez, que organizó bloqueo con piedras sobre la vía de acceso a Copala y presencia de mujeres y niños para impedir el paso de la caravana mencionada.

Además, por si esos recursos sencillos fracasaran, había francotiradores y grupos armados listos para reproducir, con las variantes locales del caso, los mecanismos de obstrucción y disuasión que Israel ha aplicado contra ciudadanos pacifistas y solidarios que en barco pretendieron llegar a Gaza.

El rechazo de la caravana a Copala ayuda a Ulises Ruiz a dejar claramente establecido el mensaje de que en Oaxaca se puede hacer lo que sea sin que haya castigo (incluso, tranquilamente las policías estatal y federal dejaron ayer a su suerte a los que se encaminaban al poblado triqui).

Matar a decenas durante la revuelta social encabezada por la APPO en 2006, sostener brigadas de la muerte para secuestrar, torturar, desaparecer y asesinar (e incluso luego dar tratamiento parecido a los propios ejecutores caídos en desgracia, jefes policiacos después acribillados sin explicación) y, desde luego, robar elecciones mediante procedimientos tan simples como los que se pueden dar con toda tranquilidad en la región triqui, donde los caciques habrán de manejar a su absoluta conveniencia el proceso electoral en puerta, donde el futbolero Felipe ha apostado su resto local en favor de Gabino Cué, quien suma tantas boletas de apoyo que a la hora de pagar dividendos políticos tendría que acabar convirtiéndose en una versión clásica de los gobernantes oaxaqueños que han sido gananciosos operadores de grupos de poder o dictadorzuelos folclóricos.

Felipe el Viajero tampoco tendrá mucho tiempo para precisar los alcances delictivos del nuevo fraude escandaloso, el de los funcionarios de Ferrocarriles Nacionales de México que, a imagen y semejanza de los lidercillos corruptísimos, como el diputado Víctor Flores, y de otros ejecutivos empresariales y políticos, se tomaron la libertad de aprovechar los bienes colectivos y convertirlos en inversión en chequera particular.

Uno de los crímenes políticos y económicos cometidos por Ernesto Zedillo contra la nación fue el remate de las líneas ferroviarias, aunque el último de los presidentes priístas de la República no se fue a ver juegos de futbol sino a incorporarse a los directorios corporativos de grandísimas trasnacionales, algunas de ellas beneficiadas desde esos Pinos comercializados.

Y, mientras continúa el show de la Iniciativa México, tratando de convencer a los mexicanos que los mismos responsables de la crisis nacional pueden poner sus frecuencias y recursos al servicio de recomposiciones de palabra...

--

Julio Hernández. La Jornada.

--

--

martes, 8 de junio de 2010

Yo los condeno a quedarse…

“Así pasa cuando sucede”, dijo una vez la Paty Chapoy no sé porqué cuestión fincada en la frívola cuestión vital de parejas célebres de televisión y que en la vida real no pasaban de ser individuos (“y individuas”, hubiera dicho Fox si le hubiesen prestado el micrófono) despistados que iban por los días como si no hubiera nada más en el mundo que ellos mismos y sus problemas. Sí, así pasa cuando sucede que lo que importa es lo que nos sucede a nosotros, y las tragedias de los demás ni siquiera existen. Y entonces, de repente, me acordé de Diógenes, que es como mi primo el Chato Peralta, nomás que en muy antiguo, pero igual de cínico.

Según la charla que una tarde sabatina nos ofreciera el licenciado Óscar Holguín, el Polacas©, en la mesa seis del Pluma Blanca, Diógenes fue el sabio cínico más cautivante, al punto que su figura se ha convertido en una leyenda. “Vivía en un tonel —dijo el licenciado Holguín salivando como perro pavloviano—, su aspecto era descuidado y su estilo burlón”, agregó como si se estuviera viendo en un espejo. Y antes de empinarse el vasito con los remanentes de cheve y algo así como trocitos gelatinosos de medusas transparentes, añadió: “Era en extremo trasgresor, inclusive Platón llegó a decir de él que era un Sócrates que se había vuelto loco... ustedes saben a lo que me refiero, ¿no”, subrayó guiñándole el ojo a Porfirio “La Jacaranda” Jiménez, presidenta de su club de fans, biógrafa y mucama del “señor Óscar”, como le llama en público al susodicho personaje.

De acuerdo a lo dicho por el Polacas© aquella ocasión, Diógenes nació en Sínope (no Sinoquipe, como algunos historiadores regionales han dado a decir para acomodarlo en los festejos del Bicentenario y Centenario de sabrá dios qué maquillada historia), en la actual Turquía, en el año 413 antes de Cristo, y por cuestiones económicas fue desterrado de su ciudad natal, hecho que tomó con cierta ironía: “Ellos me condenan a irme y yo los condeno a quedarse”, dijo el Holguín, “así como yo los condeno a pagar las cahuamas que me bebo”, pronunció provocando la risa festiva en el público cautivo, hasta que en verdad nos tocó pagar las cervezas que el licenciado se había tomado con una sed propia de náufrago en busca de su isla.

El caso es que el Polacas© describió el periplo obligado, y a pie, de Diógenes: Esparta, Corinto y Atenas. “Fue en esta última ciudad, frecuentando el gimnasio Cinosargo, donde se topó con el Jesús Alberto Rubio (quien lo viera, eh) y se hizo discípulo de Antístenes —manifestó el Óscar—, y a partir de entonces adoptó la indumentaria, las ideas y el estilo de vida de los cínicos”.

Diógenes vivió en la más absoluta austeridad y criticó sin piedad las instituciones sociales, como es común entre los poetas malditos. Su comida era sencilla (¿a quién le gusta comer light?, dicen que preguntaba constantemente). Sólo admitía tener lo indispensable. Dormía en la calle o bajo algún pórtico. Mostraba su desprecio por las normas sociales comiendo carne cruda, haciendo sus necesidades fisiológicas frente a todos, manteniendo relaciones sexuales en la vía pública y escribiendo a favor del incesto y el canibalismo, como si fuera predecesor de Marcial Maciel.

“N’ombre —subrayó el Polacas© aquel sábado sabatino—, el inchi Diógenes se burlaba de los hombres cultos —que leían los sufrimientos de Ulises en la Odisea mientras desatendían los propios— y de los sofistas y los teóricos —que se ocupaban de hacer valer la verdad y no de practicarla, como si fueran funcionarios del gobierno federal—. También menospreciaba las Ciencias (la Geometría, la Astronomía y la Música) que no conducían a la verdadera felicidad, a la autosuficiencia, sino a los cuatros o cincos que a veces aparecen en la boleta, provocando que nos quiten el domingo. ¡Mtamá!”, señaló y luego se empinó el vaso cada vez más vacío.

Y luego de limpiarse los labios con el dorso de la mano derecha, el licenciado Holguín, a quien por fin hoy le practicarán la tan postergada cesárea, siguió la charla: “Como vivía en la vía pública, algunos jóvenes solían acercársele para molestarlo. En más de una oportunidad tuvieron que alejarse corriendo porque Diógenes los atacaba a mordiscones, como López Porillo aquella vez que juró defender el peso... aunque fueron puras promesas, como buen priista mentiroso si no hubiera de otros”, aclaró el hombre.

Al igual que su maestro Antístenes, Diógenes reconocía que era necesario entrenarse para adquirir la virtud, la impasibilidad y la autarquía. Y, como su maestro, tomaba como modelo a Hércules, quien vivió según sus propios valores. Se consideraba ciudadano del mundo y sostenía que un cínico se encuentra en cualquier parte como en casa. Véanme a mí, si no. Murió en Corinto en el año 327 antes de Cristo. Algunos afirman que se suicidó conteniendo el aliento… como si fuera tan fácil; otros, que falleció por las mordeduras de un perro, y otros, que murió como consecuencia de una intoxicación por comer carne de pulpo cruda en conocido restaurante de mariscos ubicado sobre el periférico poniente.

Fuera de lo que el Polacas© nos contara aquella plumablanquesca vez, Diógenes por su modo de vida austero y la renuncia a todo tipo de comodidades fue un tipo que también nos legó un concepto psicológico poco estudiado en nuestro entorno: “Síndrome de Diógenes”, que se refiere al aislamiento social, reclusión en el propio hogar y abandono de la higiene como principales pautas de conducta. Las personas que lo sufren, usualmente ancianos, pueden llegar a acumular grandes cantidades de basura en sus domicilios y vivir voluntariamente en condiciones de pobreza extrema.

El anciano que padece el Síndrome de Diógenes suele mostrar una absoluta negligencia en su autocuidado y en la limpieza del hogar. Suelen reunir grandes cantidades de dinero en su casa o en el banco sin tener conciencia de lo que poseen; por el contrario, piensan que su situación es de pobreza extrema, lo que les induce a ahorrar y guardar artículos sin ninguna utilidad. Es frecuente que almacenen cantidades grandísimas de basura y desperdicios sin ninguna utilidad. Incluso, se han visto casos de personas que atesoraban billetes antiguos sin curso legal, bombonas de butano o latas de pintura vacías; es decir, acumulan cosas inútiles, generalmente sin valor práctico. Algo así como si fueran poetas bucólicos guardando sus sonetos a la patria a su sobrina porque cumplió quince años…

Como sea, al fin uno descubre a cierta edad que la vida es algo así como un síndrome de Diógenes muy particular, en el que va acumulando recuerdos y sentimientos que al final de poco o nada sirven en la vida cotidiana, pues siempre habrá personas soberbias, incultas y arrogantes que creen que el poder lo es todo, pues su bagaje de conocimientos se ha anquilosado en las viejas teorías medievales que no aceptan la existencia de segundas y terceras personas que piensan de manera diferente a la suya, aún sabiendo (o ignorando, que para el caso es lo mismo) que existe una línea de respeto elemental que no debemos transgredir en ningún sentido: ni de allá para acá ni de aquí para allá.

Todos estamos social, moral y éticamente obligados a respetar a los demás para obtener el respeto que solicitamos. De otra manera, de nada sirve acumular información que presuntamente nos vuelve inteligentes. Sabemos que el conocimiento es la comprensión de la información que se tiene acumulada en el cerebro; sin embargo, acumular información es simplemente saber algo, y si no se comprende dicha información entonces no se conoce realmente.

En el proceso evolutivo del ser humano, a partir de la información acumulada en su memoria y de su análisis, se originó la capacidad de sintetizar la información pronosticada, que asegura reacciones anticipadas adecuadas. En el nivel social de evolución de la materia, esta propiedad se constituyó en una de las características fundamentales de la vía troncal de la evolución de la vida.

Desde esta visión, se puede considerar que la esencia de todo el proceso troncal de la evolución es manifestar y realizar la función constitutiva de la información tanto en el universo como en nuestro pequeño, mínimo e íntimo entorno, y saber que finalmente somos lo que fuimos: “Origen es destino”, dicen los historiadores, y quien cuestionó el status quo en su juventud, lo cuestionará toda la vida; quien fue manipulador, será manipulador toda la vida, y quien se pasó por el arco del triunfo a los demás desde su más tierna infancia, seguirá haciéndolo toda la vida.

A menos, claro, que tome clases con Antístenes y se vuelva un cínico contra sí mismo, pero… el poder es canijo, aunque sea transitorio…

--

--