Trova y algo más...

sábado, 13 de octubre de 2012

Orgullosamente universitarias...

 
En el 62 aniversario de la institución se reconoció el papel de sus personajes, sobre todo aquellos maestros y maestras que durante años han influido con sus ideas y sus conocimientos, en el destino de generaciones de estudiantes.
 
Sin pretender convertirlos en héroes de bronce, el Museo Regional busca recordarlos como una forma de construir y difundir el papel que juegan en la memoria colectiva e histórica de la Universidad de Sonora.  Se presenta de ellas, acaso alguna anécdota de su vida para que se les recuerde también en  esa faceta, quizás olvidada: la de seres humanos.
 
Planta de profesores de las primeras generaciones de la Universidad de Sonora.
Foto tomada en la parte frontal de la Escuela Secundaria. 1942.
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Maestras de la primera planta docente de la Universidad de Sonora: Rosario Paliza de Carpio, Luz Martinón Pujol y María Calderón de Peterson
 
Durante los inicios de la Universidad de Sonora, en los años cuarentas, las mujeres también abrían sus propios espacios; así, en la primera planta de docentes se hace notar la presencia de tres mujeres que también estuvieron al frente de los grupos de estudiantes de aquellas primeras generaciones.
 
Ellas fueron la química farmacéutica y profesora Rosario Paliza de Carpio, quien desde antes había impartido clases en la Escuela Normal, así como las profesoras Luz Martinón Pujol, maestra de la materia Economía Doméstica, y María Calderón de Peterson, quien enseñó Costura y Urbanidad, cursos que en ese tiempo formaban parte de los planes de estudio de aquella sociedad que daba valor curricular no sólo al tipo de materias que formaban profesionistas para cumplir con las necesidades que la sociedad sonorense requería entonces, sino también a aquéllas que daban a la propia mujer herramientas para mejor desempeñar la labor que por mucho tiempo se le ha asignado: la de servir de guía en el hogar y en la familia.
 
A partir de ahí, las universitarias han continuado ocupando espacios cada vez más importantes en la docencia, en la investigación, en el arte y en la administración,  ámbitos fundamentales en una institución de educación superior como la nuestra.
 
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Ciencia para la vida… en sus propias palabras
 
Mérida Sotelo Lerma
 
“Nací en la H. Caborca, Sonora, el 9 de marzo de 1959, en el seno de una familia un tanto bohemia y con mucho gusto por maravillarse de los pequeños grandes detalles, así que puedo decir, sin temor a equivocarme. Ya entrados en la materia, les diré también, que antes de conocer la palabra “química” ya la amaba y le he sido fiel hasta la fecha.”
 
Así que no fue raro al ir a la Universidad de Sonora,  que entrara a la carrera de Química. Fue el 11 de mayo de 1984 (justo 8 años antes de que naciera mi precioso hijo) cuando me convertí en Química-Bióloga (opción Clínicos) y tres días después partí a Tokio, Japón.
 
Fui a realizar un curso de entrenamiento en Ciencias de Polímeros en la Universidad de Tokio;  iba por un año y me quedé casi dos. Logré publicar mi primer artículo, que versa sobre la obtención de materiales  para su uso, como en venas artificiales.
 
¡Vaya! Estaba en lo mío, empezaba a lograr uno de mis más preciados sueños: la obtención de nuevos materiales.
 
Regresando a México, me inscribí en la Maestría en Ciencias de Materiales de la Universidad de Sonora; además, empecé orgullosamente a trabajar en ella. Terminé los créditos de la maestría, pero realicé otra maestría en Instituto de Investigaciones en Materiales de la UNAM, y me titulé en diciembre de 1993.
 
Cuando regresé de nuevo a la Universidad de Sonora, al Departamento de Investigación en Polímeros y Materiales, me inicié en el estudio de materiales semiconductores inorgánicos, ya antes de ir a la UNAM había trabajado con semiconductores orgánicos, y ahora tenía la curiosidad de seguir conociéndolos, debido a que sus propiedades son muy útiles en esta época que nos está tocando vivir… más cómoda que la de nuestros abuelos (había escrito que más fácil, pero pensándola bien decidí escribir esta otra palabra). Saber obtenerlos en el laboratorio en forma de películas delgadas (grosores medidos en nanómetros, 10-9 m) y también en forma de nanocristales dentro de las zeolitas (uno de los materiales más versátiles, baratos y abundantes en Sonora), me mantuvo tan entretenida que cuando menos lo pensé había obtenido mi grado de Doctora en Ciencias  en el CICESE-CECIMAC-UNAM, y… hasta una invitación por el Profesor R. A Zingaro experto en estos materiales, que me invitó por un año, pero como era mi costumbre me quedé otro más… ¡y ahí dio otro giro mi gusto por la Química!
 
 
 
Reyna Luz Vidal Quintanar
 
En San Felipe de Jesús Sonora, el 5 de enero de 1957, nací como primogénita del matrimonio de Don Manuel Vidal Robles y Doña Rosa María Quintanar de Vidal. Mi padre, con la ayuda de mi tía abuela Doña Chu Ochoa, me dieron el nombre de Reyna Luz Vidal Quintanar.
No tardaron en seguirme mis hermanos Dora Alicia, Oscar Isidro y María Ivone. Obtuve el titulo de Químico Biólogo en 1981 al defender una tesis de microbiología titulada “Incidencia de Coliformes en Tacos de Carne Asada en Hermosillo”.  El trabajo fue muy bueno, de relevancia social, así que, todavía como estudiante, el Dr. Manuel Sánchez Lucero, director del Centro de Investigación en Alimentos, me llamó a una entrevista para ofrecerme trabajo como investigadora en alimentos.
 Ahí nació mi desempeño como investigador, en mayo 15 de 1980.  Sin embargo, para ese entonces ya había trabajado durante los veranos como químico del Laboratorio de Nutrición de Mezquital del Oro, de analista de suelos y aguas en el Laboratorio del Químico Adolfo Reyna. 
Además, durante mi formación en Ciencias Químicas participaba (1976 a 1980) como profesor de Ciencias Naturales y Sociales de la Secundaria de la Iglesia de Fátima.
 A lo largo de mis 21 años de carrera (al 2004) como Profesor Investigador de la Universidad de Sonora, he realizado un total de 12 proyectos financiados por SEP, CONACYT, convenios de intercambio con Arizona, la industria de granos de Estados Unidos, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y los proyectos internos de la UNISON. 
Además, he recibido algunos reconocimientos y premios a mi labor.  Ellos son de carácter nacional e internacional:
(1) Premio Nacional de Ciencia y Tecnología en 1981. 
(2) Primer Egresado de la Maestría en Ciencias Especialidad Almacenamiento y Procesamiento de Granos 1987. 
(3) Ingreso al Sistema Nacional de Investigadores en 1987 a la fecha. 
(4) Reconocimiento al mejor trabajo categoría estudiantil graduados por la Asociación Americana de Químicos Cerealeros (AACC) en 1993. 
(5) Premio Anual del Investigador Distinguido en la Universidad de Sonora, 1997. 
(6) Profesor con perfil PROMEP desde 1997. 
(7) Premio en salud con la Medalla “Dr. Gastón Madrid Sánchez” otorgada por el Gobierno del Estado de Sonora, SSA, ISSSTESON e ISSSTE en 1998.
(8) Premio Anual del Investigador Distinguido de la Universidad de Sonora, 1999. 
(9) Primera Patente fue otorgada a la Universidad de Sonora, por Instituto Mexicano de Protección Industrial en septiembre de 2001, con liberación de título en marzo del 2002.
 
El ser investigador requiere de difundir los productos de investigación logrados, en forma de artículos científicos, y yo he publicado en las siguientes revistas de difusión nacional e internacionales: American Journal of Clinical Nutrition, Journal of Food Processing and Preservation, Faseb Journal,  British Journal of Nutrition, Food Science Technology Internacional, Journal of Nutritional Biochemistry, National Notes Cereal Technology, Ciencias Alimentarias, Cereal of  Food World en 1990 y uno en 1993; dos artículos en el Food Technology 1983, uno en 1986 y uno en 1993; un artículo en la Web http: /www.scisoc.org/AACC/funcFoods en 1999; dos artículos en BioCiencia uno en 1999 y uno en el 2000; un artículo en la Revista Universidad en 1999, y un artículo en la Revista de Divulgación Científica del Noroeste ANUIES en 1999.
 
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Fuente:
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